Las provincias de Santa Cruz y Chubut, en el marco del Acuerdo de Administración Conjunta del Golfo San Jorge, acordaron abrir la temporada de langostino.

Las provincias de Santa Cruz y Chubut, en el marco del Acuerdo de Administración Conjunta del Golfo San Jorge, acordaron abrir la temporada de langostino.

Con buenos informes científicos que sustentan la decisión la medida augura un buen año en cuanto a la generación de riqueza y la consecuente renta social que la existencia del preciado crustáceo representa. Una situación similar se espera de otra de las más importantes pesquerías de nuestro país: el calamar. Sin embargo, nadie está del todo seguro de ello.

Días antes de la apertura la incertidumbre se expandió entre todos los actores, empresarios, trabajadores, los proveedores de la industria y las autoridades provinciales debido a que el Sindicato Obreros Marítimos Unidos (SOMU) advirtió a todos sus afiliados que no saldrían a navegar hasta tanto se firmaran los convenios colectivos de trabajo. La estrategia sindical es conocida, siempre hubo empresas que se allanaron a firmar determinadas condiciones salariales porque el conflicto que tenían en puerta les representaba un costo mayor que firmar el acuerdo.

Reiterar esa estrategia podría ser exitoso siempre que se presentara un escenario igual al del pasado, en el que aún se reflejaban en las estructuras de costos empresarias los beneficios de la devaluación, con salarios aún retrasados, donde los precios de los insumos aún no habían sufrido los efectos de la etapa inflacionaria en la que nos encontramos y donde los precios internacionales de estas especies estaban muy altos debido a la existencia de una demanda insatisfecha por los bajas capturas. Reiterar esa estrategia hoy, se parece más a escribir el epitafio del fracaso. Tanto empresarios y trabajadores tienen corresponsabilidad en no haber firmado a tiempo los convenios colectivos.

Sin duda, ambas partes hicieron especulaciones interesadas que terminan siendo como un búmeran que regresa haciendo daño en los días previos al inicio de cada temporada de pesca. Amenazar con la no salida de los buques por la falta de firma de un convenio colectivo, mientras que los sueldos del sector pesquero se encuentran entre los dos mejor remunerados del país, es temerario. Avenirse a firmar cualquier aumento para destrabar el conflicto y hacerse de caja rápida, también lo es.

Ambas visiones son cortoplacistas y responden a un mal, se podría decir congénito, de los argentinos, la incapacidad de generar y sostener el crecimiento. La negociación de los convenios colectivos que regulen las relaciones laborales entre empresarios y trabajadores debe tener dos actores interesados y no solo uno. En estos días en la Patagonia se percibe que el interés de una de las partes está más enfocado en consolidar posiciones políticas que en reclamar mejoras salariales que ya obtuvieron en el 2006.

Frente a ello y ante la posibilidad que los empresarios terminen arrastrados de las narices, es lógico que intenten resistirla en cuanto sea posible. Encaminar el proceso negociador de manera racional y amplia, requerirá abandonar posiciones hostiles, restablecer los equilibrios y discutir números en mano cuál es el convenio que asegure las fuentes de trabajo genuino, una retribución justa y también la rentabilidad y productividad de las empresas.

26/02/07
PESCA & PUERTOS

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