Hicieron falta varias jornadas de largas y arduas negociaciones entre los representantes de las principales cámaras empresarias y el Sindicato de Obreros Marítimos (SOMU) para que finalmente el 1º de marzo se firmara un acta acuerdo que permitió la salida de los buques tangoneros a la pesca del langostino patagónico.
Hicieron falta varias jornadas de largas y arduas negociaciones entre los representantes de las principales cámaras empresarias y el Sindicato de Obreros Marítimos (SOMU) para que finalmente el 1º de marzo se firmara un acta acuerdo que permitió la salida de los buques tangoneros a la pesca del langostino patagónico.
La cuerda entre las partes se tensó muchas veces. La distancia entre los reclamos gremiales y la oferta de los empresarios pesqueros parecía demasiada como para que alguien se atreviera a vaticinar que llegaría a tiempo un acuerdo satisfactorio. Con el transcurrir de las horas, se profundizaba la incertidumbre, crecía la tensión y hasta los funcionarios responsables de acercar las posiciones de las partes no encontraban un punto a partir del cual intermediar. Sin embargo, el acuerdo llegó. Vale la pena analizar la conducta seguida por los negociadores que deja algunas enseñanzas hacia el futuro.
Por una parte, los empresarios unidos monolíticamente y dispuestos a mostrar sus ecuaciones económicas destruyeron fantasías respecto a supuestas ganancias y rentabilidades. Por otra, la representación sindical, que en ningún momento cedió en sus legítimos reclamos, pero que mostró inteligencia para no poner en peligro la continuidad de las fuentes de trabajo ni matar la posibilidad de excelentes remuneraciones que permite la pesca del langostino.
En las páginas de esta edición de P&P se muestra el perfil del titular del SOMU. Conocer en profundidad el pensamiento de Omar Suárez y su visión permite entender el por qué de su actual liderazgo.
Omar Suárez es el dirigente sindical que cargó sobre sus hombros la responsabilidad de la reciente negociación y el que continuará negociando, con igual empeño, hasta la firma del convenio colectivo. Seguramente él como otros dirigentes del sindicalismo argentino saben que la genuina representación no se obtiene claudicando, ni mucho menos con exigencias desmedidas que cortan de cuajo la posibilidad de negociar.
Los hombres de mar que representa confían en él, y esa confianza lo enorgullece y alienta. Los empresarios saben que se enfrentan a un contendiente duro y hábil que podrá decir que no conoce de complejos cálculos económicos, porque en realidad son conocimientos que por su dilatada experiencia no necesita para saber hasta donde puede exigir y hasta que llegue ese punto su firma no se estampará en ningún papel.
El Secretario General del SOMU sabe que consolidar el poder sindical es un trabajo diario junto a los afiliados y que reivindicar la dignidad del trabajador es mucho más que un reclamo salarial. Es mejorar la capacitación de los marineros, es construir una nueva sede sindical, es mejorar las instalaciones de las existentes, es asegurarles la salud y los beneficios de la seguridad social. Sabe también que tiene que conducir un sindicato moderno que responda a las necesidades de los trabajadores de hoy. Esa representatividad y el respeto que se ha ganado son factores que también coadyuvaron para proyectar su figura en el ámbito del sindicalismo internacional.
Devolver la dignidad de los trabajadores, como suele decir Suárez, es hacer irrenunciable su lucha por erradicar el trabajo en negro, objetivo que lo ha llevado a denunciar a las empresas marplatenses nucleadas en CEPA.
Sin duda, Suárez no es un hueso fácil de roer. Sin embargo, para los trabajadores es el dirigente sindical que hizo posible que, en un ambiente de respeto mutuo, empresarios y trabajadores llegaran a acuerdos que en el 2006 llevaron los salarios de la pesca al tope de la lista de los sectores que más aumentos obtuvieron.
Solo los ingenuos o los que pretenden un sindicalismo moldeado a gusto de los empresarios pueden soñar con la construcción de una relación apacible entre capital y trabajo, ajena al conflicto. No es esa la historia de las conquistas obreras. Tampoco es la irracionalidad de los reclamos el camino que llevará a consolidar una actividad que beneficie con su renta a los trabajadores. Una y otra posición retrasan los avances sociales y laborales que, tarde o temprano, inevitablemente llegan. La unidad de los empresarios y la genuina representación de los intereses de los trabajadores mostraron el 1º de marzo que primó la sensatez, para beneficio de todos.
12/03/07
PESCA & PUERTOS
