NOTA DE LA REDACCION DE NUESTROMAR: El artículo que se transcribe a continuación publicado en “El Periódico Austral”, si bien no tiene indicación de FUENTE, es copia textual de la primera parte del originalmente publicado por Pesca & Puertos, el 18 de junio del corriente con el título “Apuesta a la Acuicultura” y como tal reproducido en NUESTROMAR
NOTA DE LA REDACCION DE NUESTROMAR: El artículo que se transcribe a continuación publicado en “El Periódico Austral”, si bien no tiene indicación de FUENTE, es copia textual de la primera parte del originalmente publicado por Pesca & Puertos, el 18 de junio del corriente con el título “Apuesta a la Acuicultura” y como tal reproducido en NUESTROMAR
La acuicultura en la Argentina es una práctica antigua que se inicia a principios del siglo XX cuando se introdujeron varias especies de salmónidos, con el objeto de poblar los espejos de agua patagónicos con fines de pesca deportiva.
En el año 1904 en la provincia de Buenos Aires se obtuvieron las primeras reproducciones artificiales del pejerrey y a partir de 1940 se inició la siembra anual en numerosas lagunas de todo el país.
Sin embargo puede decirse que la actividad de la acuicultura recién comienza a desarrollarse. En la actualidad existen variadas especies en cultivo en diferentes volúmenes y en el año 2006 se alcanzó una producción de 2.556 toneladas.
El esquema de desarrollo de la acuicultura nacional incluye tres tipos de actividades diferenciadas. Por un lado existen empresas dedicadas al cultivo de truchas en sistemas intensivos en estructuras flotantes denominadas jaulas y estanques (cerca de 1.760 ton/2006), por otro se desarrolla la acuicultura rural o agraria, especialmente basada en el cultivo de peces como el pacú (más de 500 toneladas para ese año) y de langostas de agua dulce y la tercera, que se inició hace pocos años, se dedica al cultivo de moluscos bivalvos, ostras y mejillones, sobre el litoral marítimo, desde la provincia de Buenos Aires hasta Tierra del Fuego.
La acuicultura, como otras actividades productivas, sufrió las consecuencias de las reiteradas crisis económicas y de la falta de políticas claras que le dieran un horizonte de crecimiento. Así mientras en el mundo se avanzó hacia un crecimiento sostenido de la actividad acuícola, en nuestro país quedó prácticamente estancada por años y si logró sobrevivir fue por el esfuerzo individual y solitario de productores y de algunas autoridades que no bajaron los brazos. El cambio de las condiciones económicas que ofrecen mejores posibilidades para la exportación y una paulatina jerarquización de la actividad desde el Estado hicieron posible que en los últimos cinco años se avanzara a un ritmo de crecimiento del 17,5 por ciento.
Sin embargo aún subsisten barreras que se deben superar para que la acuicultura se desarrolle como un actor significativo en la economía nacional y acompañe el ritmo de crecimiento que alcanzó en otras latitudes donde representa, según datos de la FAO, el 50 por ciento de los productos pesqueros destinados a la alimentación.
La amplitud y variedad de nuestra geografía y la diversidad de climas son características favorables para que los beneficios del desarrollo de la acuicultura mejoren las economías regionales y se convierta en una alternativa productiva interesante tanto de cara a la exportación como para abastecimiento del mercado interno y también para el fomento de la pesca deportiva.
24/06/07
EL PERIODICO AUSTRAL
