Un relato de inconsistencias

Un relato de inconsistencias

La historia del proyecto de los patrulleros de alta mar, luego renombrados como “patrulleros oceánicos multipropósito”, un tipo de buques conocidos internacionalmente como OPV (Off Shore Patrol Vessel) es una indubitable muestra de la inconsistencia de la política de defensa en la última década.

La historia del proyecto de los patrulleros de alta mar, luego renombrados como “patrulleros oceánicos multipropósito”, un tipo de buques conocidos internacionalmente como OPV (Off Shore Patrol Vessel) es una indubitable muestra de la inconsistencia de la política de defensa en la última década.

El llamado “Proyecto PAM” remonta sus comienzos a fines de los noventa, cuando la Armada Argentina empieza a considerar el recambio de las tres corbetas, con casi cuarenta años de vida, asignadas a la División de Patrullado Marítimo por buques más modernos y más económicos de operar. Por entonces, hubo varias propuestas por parte de diferentes países y astilleros. Entre estas, la del consorcio Ferrostal-Fassmer apareció como la más coherente con una armada que tiene casi todo su inventario de superficie basado en la ingeniería alemana.

En 2004 y a fin de profundizar la creciente relación con la Armada de Chile, la Argentina propuso que ambas armadas consolidaran un proyecto único de patrullero de altamar basado en el prototipo alemán mencionado. El proyecto era que ambos países construyeran en sus astilleros buques similares partiendo de la adquisición de la ingeniería, si bien cada uno cerraría a su modo el acuerdo comercial. Innumerables reuniones se sucedieron en ambos países para consolidar ese proyecto común.

Chile comenzó el proceso en forma consistente y, para 2007, ya había iniciado la construcción de su primer patrullero en los astilleros ASMAR de la Armada. La Argentina, que había propuesto dicho programa, no había aún tomado decisión alguna. Finalmente, en diciembre de 2007, la entonces Ministra de Defensa ordena a la Armada adquirir a Ferrostal-Fassmer la ingeniería de proyecto a un costo del orden de los cinco millones de dólares. Desde entonces hasta hoy nada se ha hecho al respecto. Mientras tanto, la Armada de Chile ha construido tres unidades e inició la construcción del cuarto patrullero.

En estos días nos enteramos por los medios periodísticos que en el marco Memorándum de Entendimiento entre los Ministerios de Defensa de la República Argentina y de la República Popular China, se habría ofrecido la denominada Corbeta P18, de origen chino, en la idea de que las dos o tres primeras se construyan en astilleros de ese país  y,  de ampliarse el programa, el resto se construya en la Argentina, probablemente con un alto componente de mano de obra de ese origen.

Lo llamativo del caso es que las corbetas P18 están propulsadas por motores alemanes y con muchos otros componentes de ese origen, pero más llamativo aún es que su precio sería muy superior al del proyecto Fassmer (USD 25 M contra USD 42 M por unidad) sin mencionar que una rápida comparación entre ambas naves permite percibir el mejor rendimiento como patrullero del diseño de Fassmer, del cual se resalta su autonomía de navegación y el menor costo de operación del buque, en personal y combustible. A estas ventajas, debe agregarse que el proyecto Fassmer fue pensado para dar trabajo a los astilleros nacionales, priorizando la mano de mano de obra y partes nacionales e importando lo estrictamente necesario; tal como lo hizo la Armada de Chile.

La Argentina, con todo este proceso que probablemente termine en nada, sólo logra poner al descubierto su inconsistencia en el planeamiento estratégico, proponiendo proyectos a otros  países que luego abandona o no concreta, gasta recursos de la defensa en adquirir ingeniería que luego no utiliza y termina adquiriendo material más caro, sin transferencia de tecnología y sin aportar trabajo a nuestros astilleros.

Esta situación sólo puede entenderse en el marco de una política exterior y de defensa errática que únicamente logra confundir y donde las consideraciones profesionales y económicas son avasalladas por la improvisación y los beneficios de ocasión. Asimismo, no se ajusta al modus operandi del resto de la región  y será muy difícil relacionarse seriamente con ésta si persistimos en vivir como si estuviésemos en otra. (Boletín CEDEF Nº4. MAR 2015)

23/03/15

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio