Tripulante denuncia que el Polar Mist no estaba en condiciones de navegar

El timonel Enrique Hollub sostiene que la nave presentaba falencias en las escotillas y el ancla, lo que, sumado al intenso temporal que enfrentaron, precipitó la tragedia.

El timonel Enrique Hollub sostiene que la nave presentaba falencias en las escotillas y el ancla, lo que, sumado al intenso temporal que enfrentaron, precipitó la tragedia.

PUNTA ARENAS.- "El Polar Mist (Niebla Polar) no estaba en condiciones de navegar. Nunca debió haber zarpado de Punta Arenas" con destino a Argentina para recoger la carga, acusa Enrique Hollub. Él es uno de los tripulantes chilenos que salvaron del naufragio en el Atlántico Sur, en enero pasado, cuando la nave -también chilena- navegaba entre Punta Quilla (Argentina) y Punta Arenas, con un valioso cargamento de oro y plata.

El tripulante, quien ahora trabaja en una barcaza de la Enap, sostiene que en Punta Arenas se les hicieron objeciones a las escotillas y al ancla del Polar Mist, pero igual zarpó a Argentina.

El accidente se ha prestado para múltiples interpretaciones; por ejemplo, que fue accidental para que otros se robaran el oro hundido. Pero Hollub sostiene que la tozudez del capitán para salir a navegar pese al mal tiempo provocó el desastre.

En las bodegas del Polar Mist hay 600 lingotes de oro, avaluados en US$ 20 millones, cuyo destino final era Suiza.

La semana pasada, un robot del buque C-Sailor confirmó la ubicación del Polar Mist y constató que la carga está en sus bodegas.

Noche fatídica
Hollub cuenta que zarparon el 15 de enero desde Punta Quilla con el cargamento y debían llegar el 16 en la noche a Punta Arenas. Pudieron y debieron quedarse en el puerto argentino de la provincia de Santa Cruz, porque las condiciones climáticas serían adversas, pero el capitán del buque, el chileno Patricio Olivares, optó por zarpar. "El cable del ancla era insuficiente para mantenerse fondeado en el puerto. El ancla nunca agarró y el capitán pensó navegar cerca de la costa, pese al fuerte temporal", recuerda Hollub.

Llegó la noche y la situación era caótica. Sólo tenían un foco halógeno sobre el puente de mando para alumbrar hacia proa y ver hacia delante para esquivar las olas de 8 a 10 metros de altura. "Queríamos llegar a Punta Delgada (Estrecho de Magallanes), pero a la velocidad que íbamos nos quedaban cuatro horas de navegación y como a las dos de la mañana cambiaba la corriente y debíamos enfrentarla en contra".

A las seis de la mañana hallaron una pequeña bahía para capear el temporal, pero "el capitán volvió a salir. A las 8 de la mañana la situación fue insostenible y se pidió ayuda". Minutos después, el agua entró por la popa y reventó las escotillas. El buque se inundó y debieron activar las bombas para "achicar" (sacar el agua). "Estuvimos 20 minutos en el agua, hasta que apareció un helicóptero argentino para rescatarnos. Fue peligroso, porque el motor de la nave seguía funcionando y nos pudo succionar", recuerda Hollub.

Un "lobo de mar" con 13 años de experiencia
Enrique Hollub tiene trece años de experiencia como timonel y conoce a la perfección el riesgo de navegar por los mares australes. Por ello, prefiere no especular sobre las sospechas que generó el hundimiento del Polar Mist con su valiosa carga dorada.

En Punta Arenas fue contratado en enero para el segundo viaje del buque. Ya en diciembre, el Polar Mist había realizado un periplo transportando oro desde Punta Quilla. Al regresar a Punta Arenas fue revisado por la Armada y se pidió cambiar escotillas, ancla y mejorar las escaleras.

El gobernador marítimo de Punta Arenas, capitán de navío Erwin Miranda, sostiene que el buque estaba en condiciones de navegar, porque de lo contrario no habría salido de Punta Arenas ni menos la autoridad argentina habría dado el pase desde Punta Quilla.

Sí advierte que hay una investigación sumaria en curso. Pese a que la nave se hundió en aguas argentinas, es un buque chileno y por tanto hay que establecer qué ocurrió.

Francisco Ayarza, experimentado buzo profesional de Magallanes, dice que es factible recuperar la carga y para ello será propicio recurrir al mismo buque C-Sailor para que apoye el trabajo de los buzos, quienes tienen el desafío de trabajar en las gélidas aguas del Atlántico y a 80 metros de profundidad.
ROLANDO MARTÍNEZ

30/06/09
EL MERCURIO – CHILE

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