Travesía platense con un velero desde Europa

Agustín Loza y Mariano Aguilar cruzaron el Atlántico junto a tres españoles.

Agustín Loza y Mariano Aguilar cruzaron el Atlántico junto a tres españoles.

Cuando en el año 2004 Agustín Loza decidió irse de La Plata y voló a España en busca de un horizonte laboral ni siquiera sospechó que algún día una travesía de casi dos meses lo regresaría navegando en un velero junto a otro platense, Mariano Aguilar y tres españoles; una aventura que comenzó en Palma de Mallorca, los detuvo en pequeños pueblos africanos y, con la mente puesta en la Argentina, los hizo cruzar el Atlántico.

Agustín y Mariano tienen 25 años, nacieron en La Plata, pero se conocieron en el principado de Andorra, lugar en el que esbozaron los trazos de esta aventura: "Trabajábamos y alquilábamos una casa juntos hasta que nos robaron, entonces nos dimos cuenta de que un barco podía ser una forma económica de tener un lugar dónde vivir. Buscamos hasta que dimos con este barco y Javier, una de las personas que nos asesoró, sumó su capital para comprar este velero de 40 pies y 12 metros de largo", explicó Agustín.

Mariano estudió capitanía de barco y esos conocimientos le dieron elementos para soñar con volver a La Plata navegando en el velero. A ese proyecto se sumaron además de Agustín, los españoles Javier, Xavi y Marcel. "Los cinco apuntamos a lo mismo y programamos paso a paso el itinerario que salió de Palma de Mallorca y siguió por Ibiza, Tenerife, cruzó el Mediterráneo, continuó por Cabo Verde y de allí atravesó el Atlántico hasta llegar a la isla reserva natural Fernando de Noroña en Brasil", reseñó el joven.

En dos meses de navegación se sucedieron todo tipo de acontecimientos, desde pasar 12 días navegando sin tocar tierra, tener que soportar tormentas o largas noches de guardia en la que el único sonido que rompió el silencio fue el golpe del viento sobre las velas. "En el mar hay que mirar todo el tiempo, de noche y de día, porque uno se cruza con muchas embarcaciones y una se te puede venir encima; de todas maneras nosotros somos muy organizados y nos alternamos muy bien en las tareas", contó Agustín.

Para una travesía tan larga la organización es tan importante como lo es el dinero en el turismo convencional. "Este viaje salió mucho menos que pagar un pasaje aéreo de España a la Argentina. Los principales recaudos fueron tener siempre dos tanques de agua y armar un almacén en uno de los baños que clausuramos para ese fin. Las líneas de pesca siempre están tendidas y así pescamos desde peces espada hasta atunes que con sal gruesa secamos al sol".

"PASAR LAS FIESTAS EN LA PLATA"

Los miembros de la tripulación se mantuvieron en contacto con su familia mediante un teléfono celular satelital, "uno de los chicos se comunicaba con su padre y éste a su vez se contactaba con los otros para que todos estuvieran tranquilos. Uno siempre piensa en la familia por eso pese a que los españoles se maravillaron con Brasil y se querían quedar, yo hice todo lo posible por llegar rápido a La Plata para pasar las fiestas acá", afirmó Agustín.

La palabra rutina no existe en el diccionario de este platense que antes de emigrar trabajó como portero del Liceo Víctor Mercante y alternó los veranos y los inviernos desarrollando distintos oficios en Pinamar y San Martín de los Andes.

"En el invierno trabajo en Andorra donde son más flexibles con el tema de los papeles y en el verano en Palma, paradójicamente antes de venir me ofrecieron legalizarme si renunciaba al viaje; pero pesaron más los afectos y decidí volver, aunque cuando regrese a Europa tenga que empezar de nuevo", concluyó Agustín que ya programa junto a sus amigos su próximo viaje en el que el destino será Grecia.

04/01/08
EL DIA

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