(NM) Hace unos meses, en diciembre último, tuve la suerte de compartir varios momentos de recuerdos y sorpresas en unas interesantes charlas que mantuve con el Doctor Luis Capurro, durante las VI Jornadas Nacionales de Ciencias del Mar que se desarrollaron en Puerto Madryn.
(NM) Hace unos meses, en diciembre último, tuve la suerte de compartir varios momentos de recuerdos y sorpresas en unas interesantes charlas que mantuve con el Doctor Luis Capurro, durante las VI Jornadas Nacionales de Ciencias del Mar que se desarrollaron en Puerto Madryn.
(NM) La importancia de la etapa de la que fue protagonista nuestro querido Don Luis, y la calidez con que me narró esos hechos fueron tales, que me sentí tentado de compartirlos y resumirlos para todos ustedes. Así es que:
“Había una vez”… allá por 1946, cuatro jóvenes oficiales de nuestra Marina que fueron seleccionados para ir a estudiar una nueva ciencia que acababa de demostrar su utilidad nada menos que durante la entonces recientemente finalizada Segunda Guerra Mundial.
El desembarco de Normandía, la guerra en el Pacífico, el desarrollo del arma submarina fundaban este nuevo interés que iluminado circunstancialmente por la magnitud y gravedad de los hechos vinculados a los temas militares, se sumaba a una creciente conciencia y valoración de los temas del mar. Ya en el hemisferio norte esta preocupación era compartida por universidades e instituciones de ciencia.
Uno de estos Institutos, enclavado sobre una hermosa vista panorámica de las costas de California, fue el destino de estos jóvenes. Scripps Institution of Oceanography (de la Universidad de San Diego), era su nombre, y allí se reunieron jóvenes marinos locales y algunos europeos, junto a nuestros “adelantados” para conformar lo que sería una de las primeras promociones de estudiantes de Oceanografía.
En 1949, el joven Capurro regresó cargado de entusiasmo y ansias por aplicar sus nuevos conocimientos, y fue destinado a un remolcador de mar, el ARA Chiriguano. El interés de nuestra Armada por este nuevo desafío, se tradujo en la adquisición de un guinche oceánico para ese buque, que permitió hacer la primera campaña en el Golfo San Jorge. Triste y abruptamente interrumpida por el sorpresivo hundimiento del ARA Fournier.
El mar comenzó a mojar y ablandar la rigidez del estudio de las ciencias en nuestro país: en 1950 comenzaron los cursos de ciencias marinas en el Museo Bernardino Rivadavia; un activo General de apellido Pujato propuso incentivar las actividades antárticas asociándolas con el Año Geofísico Internacional de 1957/8, y de ese modo el recientemente incorporado rompehielos ARA “San Martín” llevó la actividad oceanográfica al fondo del Weddell.
Las ganas por hacer lo llevaron a Don Luís, no solo a endurecer sus manos con cables y botellas que bajaban y subían del fondo del mar, sino también a mantener vivo su vínculo epistolar y de viajes periódicos a los EEUU. Allí pudo contactar al Profesor William Maurice Ewing del ya por entonces renombrado Lamont Doherty Geological Observatory, quien tenía interés por traer una expedición al sur para explorar cuencas y sedimentos marinos más allá de las 20 brazas, con una embarcación llamada “Vema” (muy parecida al “Atlantis”, que luego llegaría a nuestro país como el “Austral”, y actualmente “Bernardo Houssay”).

Los proyectos comenzaron florecer y nuestra Armada ofreció alguno de sus medios para que continuaran siendo probados en su aptitud para explorar el mar. El ARA “Cánepa” fue así otro hito en las vivencias que Don Luis cuando repitió la famosa pierna de mediciones que había realizado el histórico “Meteor”, allá por el año 25’.
Ya en 1958 y en el marco de cooperación del citado Año Geofísico Internacional nace el Comité Científico para la Investigación Oceánica (Scientific Committee on Oceanic Research – SCOR), órgano en el que nuestro país tuvo como delegado al entonces ya experimentado Capitán Capurro. Esa explosión de optimismo comunitario por el conocimiento del mar se tradujo en el nacimiento de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI), que desde París empieza a desarrollar y fomentar los primeros programas a escala regional y global. Aparecen expediciones al Índico y – más cercanas – un conjunto de campañas destinadas “al mejor conocimiento del Atlántico tropical en sus aspectos químico, físico, geológico, biológico y geofísico”. La participación de nuestro país en este proyecto, denominado “EQUALANT”, demandó la transformación y alistamiento de una fragata en un nuevo barco de investigación: el ARA “Comodoro Lasserre”.

Al poco tiempo nace el ITBA (Instituto Tecnológico Buenos Aires). Desde el CONICET el Dr. Bernardo Houssay apoya una iniciativa que había nacido durante una de aquellas reuniones parisinas, consistente en recibir a través de una venta simbólica, el buque de investigaciones “Atlantis” del Instituto oceanográfico Woods Hole, incorporado como fuera dicho, con el nombre de “Austral”.
Nuevos nombres se empiezan a inscribir entre los entusiastas por el conocimiento del mar. Los Doctores Popovichi, Vila, Baglietto, hacen sus importantes contribuciones.
Tiempos de posgrado llevan al Capitán Capurro a Texas AMN y allí participa en la creación del primer centro de datos oceanográficos. También allí se le abre la posibilidad de probar un nuevo derrotero. En 1965 se retira de la Armada y comienza a vivir los dramáticos cambios en el sistema de ciencias norteamericano que se materializan a inicios de los 70’ con la Ley de Costas que motiva el nacimiento de la Agencia Nacional del Océano y la Atmósfera (NOAA) dependiente de la Secretaría de Comercio.
Desde entonces su vida ha sido un ramillete de participación y compromiso con la creación de instituciones y el desarrollo de nuevas vocaciones y pasiones por el mar.
México es su nueva casa y desde allá donde nos visita periódicamente alumbrando y enseñando, a quienes tenemos la suerte de escucharlo, que “querer es poder”.
Cuando la magnitud del problema nos supera, cuando son pocos los que nos acompañan en la idea, cuando fuera de nuestra comunidad nos comprenden más y mejor que desde dentro, cuando la importancia del problema no encuentra el financiamiento apropiado, cuando creemos que todo es complicado… tenemos que mirar a nuestro derredor y seguramente encontraremos historias como la del Dr. Luis Capurro, el Capitán Capurro o simplemente Don Luis y de muchos otros que anónimamente luchan y perseveran detrás de un proyecto.
Fue para mí un verdadero privilegio, recibir de un Capitán Capurro de sonrisa iluminada al narrar sus historias, este “cuento feliz” que no dudo, merece ser compartido.
Javier Armando Valladares
Oceanógrafo
Especial para NUESTROMAR
Nota de la Redacción de NUESTROMAR: El Licenciado Javier Valladares es Capitán de Navío retirado de la Armada Argentina. Desde hace tres años, se desempeña como Vicepresidente de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental, y es el primer argentino en ocupar un cargo de tal significación en dicho foro, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
18/05/07
NUESTROMAR


Estoy gratamente sorprendido
Estoy gratamente sorprendido por este artículo pues “Don” Luis Capurro es uno de los científicos más destacado de la oceanografía mundial. Junto con el Contraalmirante Panzarini fue uno de los padres de la oceanografía Argentina. Todos aquellos que fuimos tocados por sus consejos quedamos marcados para proseguir con mas entusiasmo la investigación oceanográfica en los mares del Sur. Me siento muy orgulloso de conocerlo en campañas oceanográficas y haber trabajado bajo su dirección hace casi 50 años.-