Un filtro que se adosa a la canilla contiene pastillas metálicas que reaccionan químicamente ante los contaminantes más peligrosos. Sus creadores admiten que sólo resulta un paliativo para los graves problemas que plantea la provisión del líquido vital.
Un filtro que se adosa a la canilla contiene pastillas metálicas que reaccionan químicamente ante los contaminantes más peligrosos. Sus creadores admiten que sólo resulta un paliativo para los graves problemas que plantea la provisión del líquido vital.
Un grupo de científicos argentinos formados en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CONEA) diseñó un nuevo y particular sistema para eliminar los metales del agua de consumo y de los efluentes industriales.
El sistema se basa en un filtro de óxido de hierro que actúa en forma química. Sus gestores estiman que será comercializable en poco tiempo, que tendrá versiones domiciliarias y de uso industrial.
"La idea –según afirma el biólogo Carlos Cañellas, director del grupo de investigadores– apareció cuando comenzaron las denuncias de la contaminación con uranio en los partidos bonaerenses de Ezeiza y Esteban Echeverría. Nos propusimos una solución práctica para sanear el consumo en las zonas donde no hay red de agua potable".
Cañellas indica que los óxidos de hierro retienen los elementos pesados como el arsénico y el cromo.
"Empezamos a experimentar con la magnetita (Fe3 O4), un óxido de hierro que abunda en la zona de las Cataratas del Iguazú y en el sur de Brasil. Es característica por su color negro muy brillante."
Los científicos observaron que sobre la superficie de esa piedra, tanto el uranio como los metales pesados quedaban adheridos, no por un efecto magnético, sino por uno químico.
No obstante, se encontraron con la limitación de que en la naturaleza, la magnetita nunca es pura, sino que viene con otros elementos en proporciones siempre azarosas.
"De ahí que nos propusiéramos sintetizarla", señala Cañellas y explica que el desarrollo consistió entonces en conseguir por coprecipitación química un óxido de hierro igual a la magnetita, con un 99,9 por ciento de pureza que permite colocar menos masa en el filtro y asegurar una calidad uniforme de los productos finales.
Consecuencias
Plomo, mercurio, cromo, níquel, nitratos de aluminio, arsénico, fosfatos, fenoles y uranio son sustancias que por la actividad industrial y últimamente también por la agrícola vienen acumulándose en los suelos año tras año. Tienen en común dos cosas: un alto nivel de toxicidad para el hombre y otros organismos y, allí donde están presentes, pueden estar presentes en el agua.
Las consecuencias son diversas. Pueden causar desde una queratosis epidérmica progresiva en pies y manos, que puede llegar al cáncer cutáneo (en el caso del arsénico), hasta trastornos cardiovasculares o neoplasias en órganos internos.
El doctor Cañellas sostiene, sin embargo, que no hay que dramatizar ni crear pánico, ya que en el microcentro de la ciudad de Buenos Aires el humo de los colectivos tiene partículas muchísimo más peligrosas que los contaminantes que puedan estar en la mayoría de las napas de agua.
El invento, que además del cloro no deja pasar uranio, tampoco arsénico y metales y que se conecta a la canilla de la cocina, ya está patentado, registrado en Salud Pública y certificado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial para la fabricación de unidades filtrantes para el agua de consumo, la que se utiliza para tomar y cocinar.
Cañellas relata que han analizado prácticamente las aguas de todas las zonas del país y que en muchos lugares no son aptas para el consumo humano, aun con los límites de la ley, a la que considera "permisiva".
"En la medialuna que rodea el límite de la provincia de Buenos Aires con La Pampa, que comprende desde Carlos Casares, Pehuajó, Tres Arroyos y Tornquist hasta Bahía Blanca, hay zonas donde el agua no es potable por su concentración de arsénico".
Cuando la Organización Mundial de la Salud admite 0,01 microgramos por litro como límite máximo de arsénico en aguas de consumo, nuestro país acepta hasta 50.
"Hemos encontrado en esas aguas entre 200 y 300 microgramos. Son aguas comparables con las de Santiago del Estero, las más contaminadas de todo el país, hablando sólo del arsénico."
No sólo los humanos están comprometidos: también lo está el ganado. Por eso han recibido consultas de criadores y tamberos de esa zona.
"Cuando hay arsénico en el agua las vacas no engordan; los terneros nacen con defectos genéticos y mueren al poco tiempo. Estamos diseñando un filtro para instalar en los tanques australianos contiguos a los molinos", afirma Cañellas.
Cómo frenar la contaminación
El biólogo admite que el filtro es un paliativo y que la solución definitiva al problema del agua potable debe quedar a cargo de la estructura política. Informa que han analizado vertederos clandestinos en el Riachuelo y han llevado las pruebas a la secretaría de Medio Ambiente de la Nación.
"En algunos casos, exceden en 50 veces los límites de cromo y mercurio", sostiene.
Una curtiembre que utiliza cromo para el proceso de curtido utiliza 300 litros de agua por cuero y curte unos 500 diarios. Cañellas explica que si bien estas empresas están obligadas legalmente a tener una planta de tratamiento del agua residual, no hay controles y muchas prefieren ahorrarse el gasto.
La unidad filtrante del sistema domiciliario
A. Tiene 8 centímetros de altura y 6 de diámetro.
B. Puede ser conectada a cualquier tipo de canilla.
C. En su interior, se encuentran hermética e inviolablemente confinados 80 gramos de magnetita, 20 de carbón activado con plata y 20 de cuarzo microcristalino que retiene los metales pesados.
D. Antepuesta a ella, va colocado un prefiltro, renovable, compuesto por cuarzo microcristalino que tiene la función de retener los sólidos en suspensión, lo que aumenta la eficiencia del filtro de magnetita. Ambos están confeccionados con plástico ABS.
E. El sistema trabaja por adsorción química. En función del grado de contaminación metálica que posea el agua de entrada, el prefiltro tiene una durabilidad aproximada de 12 meses. Permite tratar 300.000 litros y su precio oscilará entre los 400 y 500 pesos. Deberán ser cambiados por la firma proveedora, quien se ocupa de la gestión y la disposición final de los residuos.
28/02/07
LA NUEVA PROVINCIA
