Pechea, Shakira. Rompe las olas, abre el hocico y atrapa las burbujas que se forman en el pataleo. No importa que el agua esté por debajo de los 13º ni que la espuma la tape o que el mar hoy esté bravo. Ella se mete, se mete y se mete hasta subirse a la tabla. Entonces, surfea.
Pechea, Shakira. Rompe las olas, abre el hocico y atrapa las burbujas que se forman en el pataleo. No importa que el agua esté por debajo de los 13º ni que la espuma la tape o que el mar hoy esté bravo. Ella se mete, se mete y se mete hasta subirse a la tabla. Entonces, surfea.
Es una perra pequeña, pelo duro y paticorta.
Un antifaz de manchas le rodean los ojos. Cuando se adentra en el océano con su dueño Atila, toda la playa queda en suspenso. Ella es apenas una mancha blanca, un gota en la rompiente: perfecta para un foto, ágil para ser filmada. Shakira, la perra surfista de Waikiki, se gana la ovación.
Después de probarse en carreras de aventuras y triatlones, una longboard cayó en las manos de Atila Godino. Jamás había barrenado en una y si no hubiese sido por Aníbal, su gran amigo, posiblemente jamás lo hubiese intentado. “Pero de esa historia pasaron ya siete años.
Nunca pude despegarme del mar. Y ahora entro siempre con Shakira que también fue un regalo de Aníbal”, cuenta Atila, 37 años, marplatense. La perra –una jack russell de apenas siete kilos– mueve la cola. Está ansiosa: sobre las piedras que anteceden la orilla, ella espera que su dueño la llame.
Entonces, corre sin miedo hasta nadar. Con destreza, Atila la sube a la tabla. Ella va en la punta, con el viento estirándole las orejas. No hay tensión: sólo entrega. Más allá se está formando una ola linda, voluminosa. Atila se para sobre el longboard, Shakira lo imita pero en cuatro patas. Ya viene, corpulenta la cresta. Pero hay que esperar un poco y un poco más.
Hay asombro en la arena. La gente se acerca, mete los pies en el agua. La perra y su dueño corren esa ola que surgió prolija. La acompañan hasta que muere. Y aplausos.
Parecen haber estado siempre ahí, él a las brazadas, la perra a su lado, en un viaje. Dice Atila: “Shakira está integrada a la familia y a la gran familia que formamos los surfistas. Podemos, en armonía, compartir lo que nos da la naturaleza. Mirá lo que es el mar, ¿Cómo no voy a disfrutarlo con ella?”.
25/01/13
CLARIN
