Se perfila una crisis en la pesca

Se perfila una crisis en la pesca

Por estos días, todos los sectores involucrados en la actividad hablan de un panorama sombrío. Oscar Fortunato consideró que los controles aplicados hasta ahora para preservar el recurso no dieron resultado.

Por estos días, todos los sectores involucrados en la actividad hablan de un panorama sombrío. Oscar Fortunato consideró que los controles aplicados hasta ahora para preservar el recurso no dieron resultado.

Grandes empresarios y pequeños pescadores, plantas procesadores y fileteros de cooperativas, así como cualquier otro actor involucrado directa o indirectamente en la actividad pesquera están coincidiendo en las últimas semanas en que más temprano que tarde durante 2008 sobrevendrá una profunda crisis en el sector. Algunos, los más pesimistas, auguran que el cimbronazo será tan serio como el que sacudió a la actividad hace diez años.

En su condición de principal puerto pesquero del país, Mar del Plata sufrirá esa situación así como disfruta de las mayores ganancias en las épocas de bonanza.

Desde un costado del Estado porque hace muy pocas semanas dejó de ser subsecretario de Actividades Pesqueras de la Provincia, y siempre cercano al sector de los grandes empresarios marplatenses, Oscar Fortunato consideró que la industria pesquera local deberá actuar con "inteligencia" para poder sobrellevar las enormes dificultades que se presentan este año: habrá menos merluza para pescar y otras especies, como el calamar y el langostino, en principio, tienen poco que aportar para mejorar la ecuación económica.

Tras haber dejado en diciembre el cargo que ocupaba, con el recambio de autoridades en la provincia, Fortunato aceptó responder a LA CAPITAL sobre la situación actual y -sobre todo- ofreció una mirada crítica y de alerta sobre las dificultades que, a su juicio, ya afronta el sector pesquero.

Remarcó, como algo "imprescindible" mejorar los controles de descarga y en el mar para preservar el recurso más amenazado, la merluza.

– ¿Qué opinión le merece la Resolución 65 que redujo en 60 mil toneladas la captura máxima permisible de merluza para este año?
– Creo que se aplicó una reducción importante que no fue fruto de la casualidad. Todos los que estamos en el sector tenemos que entenderlo. Se llegó a esta situación porque no se cumplieron de parte del Estado ni de parte de los actores económicos las condiciones que se debían para mantener el recurso. Yo me incluyo porque estuve en la función pública. Hoy no existen buenos controles. Tal vez sean mejores que los que existían en el pasado, pero no hay buenos controles ni a bordo ni en tierra. Habría que preguntarse si el sistema que hoy tenemos es el correcto. Evidentemente lo que se aplicó hasta ahora no dio resultados.

– Pero el sistema de control actual demanda mucho esfuerzo y recursos. ¿Cree que no es eficaz?
– Creo que el monitoreo es fundamental y dio buenos resultados. Pero todo el resto del sistema debería ser aggiornado. Habría que hacerlo jugar de una manera distinta porque los resultados no son buenos. Hay que hacer más efectivo y concreto al control a bordo y el control de descargas. Hay que mejorar el sistema de información de partes de pesca. No me quiero sacar el lazo porque yo estuve en la función pública, pero no dejo de reconocer que respecto de hace 7 ú 8 años hoy estamos mejor. Pero no todo lo mejor que requiere la situación.

– ¿Cómo imagina que se desarrollará la actividad este año, con menos disponibilidad de merluza?
– No creo que solamente la cantidad sea un problema. Siempre miramos la cantidad pero hay que comenzar a ver qué es lo que pescamos. No es lo mismo pescar ejemplares después que antes del desove. Tampoco es lo mismo pescar y no traer a tierra porque las unidades de trabajo pescan más que la capacidad de sus bodegas. La realidad es que hay que mejorar los controles y apelando a la profesionalidad de los tripulantes y de nuestros técnicos hay que resolver el no pescar o pescar menos ejemplares jóvenes. Esto se cambiará con educación y transferencia de conocimiento. Yo creo que todos nuestros pescadores, fileteros, envasadores y peones son buenos profesionales. Pero todos tenemos que ser más conscientes de que a la merluza hay que cuidarla en serio, hay que usar elementos de escape para no capturar juveniles. No soy un especialista en redes de pesca, pero sí sé que hay que usar una nueva red. Nadie se puede negar a eso, a probar. Esto lo tendríamos que haber hecho antes, pero hoy el sector y la gente que trabaja a bordo tiene que ser consciente de que deben usarse estos elementos. Hay que dejar escapar a los juveniles para mejorar las cosas.

– ¿Le parece correcto el criterio que utilizó el Gobierno nacional para reducir la cuota global de merluza?
– Yo no conocía la resolución 65 sino hasta que fue publicada, pero creo que no había otra opción respecto a los informes. Pero también creo que aún podemos amortiguar mucho esta reducción en los años sucesivos si realmente se hace una pesca más consciente y adecuada. Nadie pesca a propósito juveniles porque no es rentable. Pero hay que ser realista. Si bien en el primer lance el capitán no puede evaluar el tamaño de las especies, lo que tiene que hacer es no insistir en esas zonas. Y ahí es cuando entra a jugar la conciencia.

– Salvo en algunos casos, las entidades empresariales objetaron el modo en el que se redujo la cuota. ¿Qué opina al respecto?
– Creo que no había más opciones que provocar una reducción. Con esta medida se resolvió poner a todo el mundo en la misma condición. Sobre este tema no hay una verdad absoluta, ya que esto es un juego de intereses. En los casos de administración de intereses el administrador que debe tomar una medida busca la equidad y en este caso concreto lo hizo aplicando una reducción igual para todos. Ese fue el criterio que aplicó la administración nacional y a partir de ahí comienza un juego de intereses en el que a uno le parecerá más justo que a otro lo que le tocó. La realidad es ésa.

– ¿Qué actitud debería tomar el sector de ahora en más?
– Deberíamos mirar hacia adelante, hay que buscar consensos para trabajar en áreas y temas que son importantes. El Estado y el sector privado deberían trabajar firmemente en los controles.

– ¿Hay alternativas a la merluza para sobrellevar la situación?
– Mar del Plata tiene que ver a la pesca de una manera integral. La pesca del variado costero es importante y no hay que darle menor trascendencia de la que tiene, mientras que el calamar es importante para este puerto, porque acá se lo transforma. Pero ahí tenemos problemas serios.

– ¿Qué tipo de problemas?
– Hay una gran competencia en la milla 201 y tenemos entradas de buques extranjeros a la milla 200. Ahí están pescando competidores nuestros que, además, ingresan a nuestros mismos mercados sin arenceles tapándonos la poca venta que pueda haber para nosotros. Hay que hacer un trabajo con las autoridades para ver cómo manejar esta situación.

– ¿De qué manera?
– La situación del mercado sigue mal y va a estar mucho peor si sigue habiendo barcos extranjeros en la milla 201, por eso hay que evitar que ingresen a nuestra zona, sobre todo en un año en el que los pesqueros argentinos tal vez no salgan a pescar y esa primera frontera no exista. Hay que buscar algún sistema ya, en estos días, para decidir cómo se va a controlar mejor con los medios que tenemos. Porque este un mercado en el que se nos está atacando.

– ¿Le parece que en estos temas toda la industria pesquera se puede poner de acuerdo?
– Creo que así debería ser porque todo el mundo pesca calamar en algún momento del año. En Mar del Playa hay que comenzar a ver la globalidad de las cosas y las empresas tienen que manejarse en función de todas las situaciones posibles. Si hay más posibilidades de procesar el calamar, seguramente la gente que tiene problemas por la reducción de la merluza hará calamar. Es un buen ejemplo lo que pasa con el variado costero, cuyas especies hoy son mucho más procesadas en tierra que antes. Hace 10 años no se procesaba como ahora la corvina, la pescadilla o el pez palo. Antes se lo vendía entero. Esto le da mucho más trabajo a gente que antes solo hacía merluza. Este tipo de cosas son las que hay que hacer.

– Con un precio internacional tan bajo, ¿cree que el langostino podría ayudar a cerrar la ecuación de las empresas?
– El langostino está demostrando claramente cómo son los mercados. Nosotros debemos reconocer que a lo mejor cometimos un error estratégico como país y como empresas. El gran volumen del langostino en Argentina es manejado por empresas españolas, muchas de las cuales eran distribuidoras del producto. Hoy el negocio está en el camarón de cultivo, con lo que se dejó de lado el langostino nuestro y quedó demostrado que el país no pudo armar una estructura para seguir comercializando nuestro producto, que es muy bueno. Hemos dejado el tema en manos de otros y esto nos tiene que enseñar que la pesca no es sólo captura, sino que también es procesar, vender, distribuir, armar cadenas de valor. Tenemos que llegar a eso. El langostino es un recurso que al sur le dio recursos económicos buenísimos y a Buenos Aires lo ayudaba en la ecuación. Hoy está degradado en el precio porque hay otro producto que lo reemplazó. Esto demuestra que al producto hay que trabajarlo de manera continua. Los argentinos miramos el problema desde Argentina mientras que el inversor extranjero lo ve desde su lugar de máxima rentabilidad que no es este país.

– En los últimos años mucha gente comenzó a dedicarse de alguna u otra manera a la actividad en el puerto de Mar del Plata. ¿De qué manera los afectará la reducción del cupo de merluza?
– Habría que hacer un análisis serio de la situación. Existen algunas listas que hablan de que hay unas 300 plantas habilitadas por la Municipalidad. Pero ni la Provincia ni la Nación habilitaron esta cantidad, por lo que habría que ver si se trata de plantas que trabajaban todos los días.

– ¿Usted qué cree?
– Yo creo que muchas son plantas que trabajaban salteado. Cuando se dice que tanta gente se quedará sin trabajo hay que analizar dónde y cómo trabaja esa gente hoy. Este es un análisis frío y económico. Yo quisiera que en Mar del Plata nadie se quedara sin trabajo, pero tampoco se puede inventar trabajo de la nada.

– Es duro afrontar eso…
– Pero es la realidad. También es cierto que las descargas en Mar del Plata no cambiaron mucho. El puerto siempre fue una fuente de mucho trabajo pero yo creo que mucha gente fue al puerto pretendiendo más de lo que podía. No hablo del obrero, sino del que se instaló con una planta sin fuentes de abastecimiento segura de materia prima. Si se estructuran cosas se las debe poder manejar, si no cuando desaparece alguna condición particular se generan problemas. Pero por otras parte no creo que haya un impacto tan alto como el que mucha gente dice. Esta no es la primera reducción que hubo. Hay que mirar y entender un poco más lo que sucede porque este modelo funciona si se trabaja con toda la gama de productos…

– … No solamente con merluza.
– Hace tiempo que la merluza sola no funciona. Hay mucha gente que diversificó sus flotas y sus plantas y no le ha ido mal.

Los altos costos, un problema adicional

Para Oscar Fortunato, además de los problemas derivados de la escasez del principal recurso, la poca diversificación del trabajo y la ausencia de controles eficaces, en los próximos meses también hay que prestarle atención a los costos que encarecen la actividad.

– Creo que ese es un problema que estamos viendo todos los días. Los combustibles aumentaron y ahora fueron bajados por presión del Gobierno, pero esto va a ser un juego de presiones continuas y ojalá que el Gobierno tenga fuerza de negociación para frenar este tema. Vamos a enfrentar un año difícil en materia de costos.

23/01/08
LA CAPITAL

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