La matriz eléctrica argentina depende cada vez más del uso de combustibles fósiles (gas y derivados del petróleo), gran parte de los cuales se deben importar con un esfuerzo significativo para el erario público. En los últimos 18 años, para tratar de acompañar la creciente demanda de energía eléctrica se la intentó cubrir incorporando centrales térmicas. La potencia proveniente de fuentes hídricas sólo se incrementó en un 10 %.
La matriz eléctrica argentina depende cada vez más del uso de combustibles fósiles (gas y derivados del petróleo), gran parte de los cuales se deben importar con un esfuerzo significativo para el erario público. En los últimos 18 años, para tratar de acompañar la creciente demanda de energía eléctrica se la intentó cubrir incorporando centrales térmicas. La potencia proveniente de fuentes hídricas sólo se incrementó en un 10 %.Los aprovechamientos hidroeléctricos constituyen emprendimientos de propósitos múltiples, además de generar electricidad posibilitan el control de crecidas y la protección contra inundaciones; el suministro de agua para consumo humano, riego y uso industrial; la habilitación de vías de navegación fluvial; y el desarrollo del turismo y la recreación, entre otros. Estos proyectos significan energía limpia y barata, y sus obras civiles demandan insumos preferentemente de origen nacional y mano de obra intensiva, lo que provoca un fuerte impacto que motoriza el desarrollo regional.
El país adquirió experiencia construyendo grandes obras hidroeléctricas por medio de las empresas estatales Agua y Energía e Hidronor, o a través de las entidades binacionales Yacyretá y Salto Grande, pero las políticas públicas aplicadas luego del proceso de privatización dilapidaron esa valiosísima experiencia.
Sin embargo además de provocar impactos positivos, la decisión de construir una presa de embalse trae aparejado impactos sociales y ambientales adversos, razón por la que deben corregirse eventuales errores que pudieron cometerse en el pasado con las metodologías y criterios ambientales actualizados.
En este sentido debe ser práctica habitual realizar estudios de impacto según los criterios modernos de protección medioambiental, uno antes de la realización del anteproyecto y otro antes del comienzo de las obras, prestando atención a los efectos sobre la biodiversidad o sobre el hábitat de las especies potencialmente amenazadas, y las medidas de mitigación deben ser estudiadas, evaluadas y puestas en práctica cuidadosamente.
Una matriz eléctrica que incluya una proporción de fuentes de energía adecuada a las disponibilidades de recursos naturales del país permite una mejor planificación de la producción y mejora la gestión del sistema mismo. La alícuota promedio de energía hidráulica generada en el período 1992-2011 fue del 40 %, y si se pretende revertir la tendencia sobre el uso de combustibles fósiles, ese porcentaje debería aumentar enfáticamente, tendiendo por ejemplo hacia un 50 %. Observando lo ocurrido en el año 2011 surge que el aporte hidráulico cubrió el 32 % de la demanda de energía total, bastante por debajo del promedio de las últimas décadas.
La evolución de la demanda de energía eléctrica del país es creciente con el nivel de actividad económica. Si se quiere tomar un horizonte a 15 años por delante, para proyectar esta demanda se podría plantear una tasa de crecimiento conservadora del 3% anual. Teniendo en cuenta pérdidas por subtransmisión y distribución, el sistema debería incorporar hasta el año 2027 una generación hidráulica del orden de los 60.000 GWh/año, es decir que la producción de origen hídrico actual se debería más que duplicar en dicho período.
La totalidad de proyectos hidroeléctricos en proceso licitatorio para su adjudicación y los que fueron considerados prioritarios desde las esferas oficiales, más los que están actualmente en construcción permitirían generar, cerca de 20.000 GWh/año, es decir cubrirían solamente la tercera parte de lo que se está planteando en este artículo como primera meta deseable.
Concretar el plan de obras hidroeléctricas antes citado implicará para Argentina un esfuerzo técnico; económico, financiero y de gestión mayúsculo y sin embargo vemos que estaríamos lejos de poder alcanzar la participación hidráulica pretendida dentro de la matriz eléctrica.
Queda claro que la parte de a demanda que no se pueda cubrir empleando nuestros recursos hídricos deberá realizarse mediante tecnologías que utilicen otras fuentes. El crecimiento de las centrales nucleares es muy lento todavía, los aprovechamientos eólicos o solares aún no pueden competir a gran escala, de modo que, contrariamente a lo que se pretende, se continuará recurriendo al empleo de combustibles fósiles, alimentando así al círculo vicioso de la dependencia energética externa.
Para revertir la situación se necesita establecer “un Plan Energético Estratégico de largo plazo” que permita, retomar la generación hidráulica como una fuente racional, no dependiente y sostenible de energía eléctrica. Cabe entonces poder definir una “Política de Estado” que promueva la construcción de presas con sentido estratégico en el marco de un plan de desarrollo nacional y regional, resultando conveniente recrear un ámbito específico dentro del Poder Ejecutivo Nacional. Para ello proponemos “la creación de una Agencia de Aprovechamientos Hidroeléctricos”, que pueda continuar con la obra de lo que fueron en el pasado Agua y Energía Eléctrica e Hidronor; desde esa Agencia debería proyectarse y gestionarse a futuro se gestione todo lo inherente al Sector.
Por Guillermo Malinow (ngeniero Civil, UBA. Especialista en Recursos Hídricos)
31/12/12
CRONISTA.COM
