Rescatan sobre una balsa a dos náufragos que llevaban siete días a la deriva en el Cantábrico

Rescatan sobre una balsa a dos náufragos que llevaban siete días a la deriva en el Cantábrico

El velero en el que viajaban estos dos marineros galos, el ‘Amesca’, había zarpado de Gijón hacia La Rochelle y se hundió 24 horas después de abandonar el puerto. Los dos habían perdido la esperanza de ser rescatados.

El velero en el que viajaban estos dos marineros galos, el ‘Amesca’, había zarpado de Gijón hacia La Rochelle y se hundió 24 horas después de abandonar el puerto. Los dos habían perdido la esperanza de ser rescatados.

Los dos náufragos galos, que aún permanecen ingresados en el hospital, son marinos de profesión. /   Dos náufragos franceses que pasaron una semana a bordo de una balsa salvavidas han sido rescatados por el mercante panameño ‘Nena A’, que los desembarcó «débiles» y con síntomas de hipotermia, pero aparentemente sanos y salvos, en el puerto asturiano de Avilés.
 
La aventura que vivieron los dos navegantes galos, ambos varones, comenzó el pasado 19 de diciembre, cuando François Civilet, de 27 años, y Frederic Boeuf, de 36, zarparon del puerto deportivo de Gijón a bordo de la embarcación de recreo ‘Amesca’, un velero de dos palos y 15 metros de eslora con la que pusieron rumbo al puerto francés de La Rochelle. Aproximadamente 24 horas después de la partida, el barco naufragó y sus dos tripulantes tuvieron que utilizar una pequeña balsa salvavidas para permanecer a flote.
 
Los dos marinos lograron lanzar un SOS al servicio de salvamento francés, quien facilitó sus datos a todos los buques mercantes situados en la zona. A la vez, al no tener noticias de los náufragos, sus familiares franceses pusieron en alerta al mismo servicio de salvamento, ya el pasado día 21, que a su vez contactó con su homólogo español. Los centros de la Sociedad de Salvamento Marítimo en el litoral cantábrico movilizaron a sus medios de rescate y el helicóptero ‘Helimer Cantábrico’ rastreó en los siguientes días la mar, sin resultado positivo.
 
La siguiente noticia de los tripulantes del velero se produjo sobre las seis de la tarde del jueves y, según pudo saber este periódico, los náufragos fueron localizados y recogidos -a 70 millas del Cabo de Peñas- por un mercante, el ‘Nena A’ que se dirigía desde Bremen a Avilés para cargar una partida de cok siderúrgico. El capitán del buque se puso en contacto con su consignatario para pedir a la Autoridad Portuaria de Avilés que dispusiera lo necesario para trasladar en ambulancia a los náufragos a un centro sanitario, ya que se encontraban visiblemente muy «débiles y con evidentes síntomas de hipotermia».
 
De madrugada
 
El ‘Nena A’ atracó en el muelle de Raíces, de Avilés, sobre las 00,45 horas de la madrugada de ayer, en donde miembros de Cruz Roja esperaban a los dos náufragos, con sendas ambulancias, para trasladarlos al Hospital San Agustín, en donde iban a ser atendidos.
 
Fuentes expertas indicaron a EL DIARIO que las balsas salvavidas de un barco como el ‘Amesca’ están equipadas con alimentos energéticos y raciones bien dosificadas de agua para poder sobrevivir durante aproximadamente un mes, pero las primeras informaciones sobre el estado de los náufragos no precisaban si los tripulantes del velero hundido dispusieron de esos medios ni en qué condiciones tuvieron que pasar la semana completa en la que permanecieron a merced de las olas.
 
«Ha sido un milagro»
 
Los náufragos franceses rescatados por un mercante tras nueve días en una balsa a la deriva por el proceloso Mar Cantábrico declararon ayer a Efe desde el Hospital San Agustín de Avilés que le deben la vida a un «milagro» ya que habían perdido toda esperanza.
 
Fréderique y François, ambos marinos de profesión, seguirán varios días más en observación y luego se irán a Francia con sus respectivas novias y familiares, con tiempo para celebrar un fin de año al que llegaron a pensar que nunca llegarían.
 
Los náufragos relataron cómo un golpe de mar les hizo volcar y les obligó a refugiarse en un bote salvavidas de tres metros de diámetro cubierto de una carpa de color naranja y provisto de víveres para 22 días. «Vino una ola más grande que las otras y, no sé por qué, nos empezamos a hundir», explicó Cvinet a los periodistas antes de recordar que, tras el naufragio, constató que el móvil vía satélite que llevaba en un bolsillo se le había caído al mar.
 
Durante los días que siguieron, apenas pudieron dormir diez o quince minutos para estar vigilantes ante el posible paso de barcos, una tarea «inútil» ya que no fueron avistados por ninguno, ni siquiera por una pequeña embarcación que pasó cerca de su balsa pero con cuya tripulación no lograron contactar.
 
El sábado pasado pudieron ver alguno de los aviones que hicieron el rastreo, pero, posiblemente, debido al mal estado de la mar, no llegaron a ser visibles desde el cielo. Otro de los momentos más duros, según Cvinet, fue cuando al pequeño bote se le abrió una vía por la que peligrosamente entraba el agua del mar.

«Ya pensábamos que íbamos a morir cuando vimos el barco que nos rescató. Me pareció un milagro», relató François, que fue el primero en avistarlo y avisó a su compañero, que en ese momento estaba desfallecido en el bote.

29/12/07
ELDIARIOMONTANES.ES

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio