Hace más de varias décadas, en mis primeros contactos con el tema del transporte por aguas en Uruguay, he conocido de los más variados proyectos o propuestas para la construcción de un puerto de aguas profundas.
Hace más de varias décadas, en mis primeros contactos con el tema del transporte por aguas en Uruguay, he conocido de los más variados proyectos o propuestas para la construcción de un puerto de aguas profundas.
A modo de anecdotario, puedo recordar proyectos en las costas de Rocha, como en el propio Banco Inglés, en medio del Río de la Plata, en base a rellenos que daban la posibilidad de obtener un área para el desarrollo del puerto, pero que no consideraban ni como llegaban o se iban de él las mercaderías en tránsito.
También un proyecto de abrir la barra de la Laguna Negra y establecer allí el puerto aprovechando la profundidad natural de la Laguna que se estimaba en 20 metros producto de la lectura en la carta de sondajes de 2.0, olvidando el punto que en realidad marcaba 2 metros solamente.
Pero más allá de las anécdotas, hubo si un factor común en el puerto de aguas profundas, era darle ubicación en base a la profundidad cercana a la costa que permitiría obtener lo deseado: Profundo.
Considero que a la fecha, no se ha tenido la consideración que el tema requiere, y que han sido dejados de lado o soslayado, los enfoques que debieran considerarse realmente, para poder evaluar la conveniencia o no de su concreción.
La primera es analizar una política portuaria a desarrollar, unida indivisiblemente a tener en cuenta los otros factores que hacen el todo de un transporte por agua: el buque, la vía navegable y el propio puerto.
Así también considerar que un puerto comercial, es esencialmente una concepción económica, y sin ella, por más que los aspectos de ingeniería, las condiciones geográficas del área lo hagan posible en su construcción física, el objetivo real está muy distante de ser posible.
Se nombra ahora La Paloma como puerto de aguas profundas, lo que pudiera o no ser apropiado, siempre que cumpla o no con todos los aspectos a considerar.
Es obvio que un puerto de amplias capacidades para el movimiento de cargas de origen nacional, aparece como una operación económicamente insostenible por la inversión frente a la ocupación real o necesaria.
Si se concibe la utilización de un puerto en nuestro territorio, pero con captación de interés de servicios de toda la región del Atlántico Sur Occidental del continente, lo primero que se debe enfocar, son las características de la aceptación de lo que se ofrece, que exigencias se soportaría y como repercutiría ello en lo interno político y social de nuestro país, sus costumbres y sus aspectos legales.
Si como ejemplo de comparación o de inspiración tomamos la actividad que se desarrolla en los Países Bajos, que tienen un muy importante movimiento captando cargas de prácticamente toda Europa, se deberá observar bajo que condiciones se logra.
Pensar que el puerto esté regido por el Estado bajo un régimen legislativo como el actual, atendiendo y sometiéndose a formas sindicalizadas de trabajo, o equipando el mismo con dineros del Estado, o dándole comunicaciones terrestres (ferroviarias y de acceso carretero), o cualquier otra inversión estatal para mantener un ofrecimiento de servicios acorde con requerimientos de los más diversos aspectos, es cerrar casi las puertas al interés y al éxito de la empresa.
Los negocios comerciales del transporte por agua, son esencialmente apropiados para ser realizados por el sector privado y no por el estatal. Reglas económicas y sociales regidas por el Estado en su totalidad y rígidamente fijadas, tampoco dan buen atractivo frente a reglas especiales, flexibles y con amplia participación privada.
Es si necesario considerar que beneficios se pretenden obtener, pasando ellos por la ocupación de mano de obra a todo nivel, aplicación de nuestro régimen jurídico, la no enajenación de terrenos sino la concesión, y normas de cuidado de procederes, cuidado de medio ambienta y control de tráfico lícito, y fundamentalmente además, la utilización de medios de transporte de cabotaje, fluviales, ferroviarios, carreteros, con amplia participación nacional, así como lo relativo a aprovisionamientos y demás servicios de apoyo a la actividad portuaria, sin incluir lo referente a utilaje portuario en si.
Si estas materias no son antes acordadas y consideradas como aceptables en lo interno, la profundidad del puerto, o mejor, el puerto en si, no tiene aspectos convincentes de éxito.
Las reformas en el puerto de Montevideo, la conducción del mismo en los últimos años, han sido especialmente eficientes, pero Montevideo como tal, no presenta muchas más oportunidades de expansión ni posibilidad de erigirse en un puerto esencial de la región.
Elegir el Este, en este caso sí, por razones de profundidades naturales cercanas a las costas, por facilidad de acceso, por rutas navegables no restringidas, todo acorde con los tamaños de los buques más usados en la actualidad y posiblemente en un futuro bastante extenso, justifica el emprendimiento a ofrecer a la región.
Es pues primero analizar la política que se emplearía en un puerto en el Este, considerando sus aspectos políticos, jurídicos, sociales, de relación con el Estado, etc. y después de ahí, y como etapa evidentemente secundaria, pensar si es La Paloma, o cuantos kilómetros de costa por el Este (Rocha) estarían en algún lugar destinados al emprendimiento, quién y como se haría.
Lo demás es poner la carreta antes y así poco probable es que funcione.
Quizás un pensamiento apropiado es desear ser los Nederlands (Países Bajos) de América, y no la Suiza. Somos parecidos como país territorial a ellos, diferente es la región que nos rodea, pero las adecuaciones pueden realizarse.
Los tiempos para el Puerto de Montevideo se acaban, tiene demasiadas limitaciones para ser un puerto verdaderamente atractivo en lo regional.
Se hace necesario concretar las decisiones de política portuaria, antes que próximos a nuestras costas del Este, aparezcan otros primereando en el mercado.
Por C/N (R) Yamandú Flangini
12/03/10
VISIÓN MARÍTIMA
