Científicos dinamarqueses han demostrado que los duros inviernos de las regiones árticas están dando paso a los tiempos primaverales varias semanas antes de lo habitual. Ellos consideran que se trata de un "aviso temprano", coincidente con todo lo conocido acerca del calentamiento global de nuestro planeta.

Científicos dinamarqueses han demostrado que los duros inviernos de las regiones árticas están dando paso a los tiempos primaverales varias semanas antes de lo habitual. Ellos consideran que se trata de un "aviso temprano", coincidente con todo lo conocido acerca del calentamiento global de nuestro planeta.

Los especialistas del Instituto Nacional de Investigación Aarhus, de Copenhague, afirman que el fenómeno, lejos de mostrarse como un cambio aleatorio, muestra ya señales de estar volviéndose permanente y no de reducirse a la aparición de algunos años excepcionalmente calurosos. Esta sólida tendencia hacia el recalentamiento tiene ya más de una década.

Los investigadores han prestado atención no solamente a las marcas térmicas, sino también a las transformaciones registradas en la flora y la fauna: las plantas, los pájaros y las mariposas son los primeros que han detectado el fenómeno. No se trata de cambios violentos, por cierto, pero sus efectos, dentro de plazos que importan a las personas que hoy viven y a sus descendientes, mediatos o inmediatos, podrían ser catastróficos, como ocurre con el deshielo de las masas polares, con el consecuente aumento de los niveles de los mares y sus consecuencias sobre las poblaciones costeras.

Es mucho cuanto se ha dicho sobre el calentamiento global y sus terribles consecuencias, con riesgos graves para la salud. Pero todavía no se han encendido, por lo menos plenamente, las luces que deberían prender los responsables de estos fenómenos, que no se deben a la naturaleza, sino a la acción del hombre que daña de maneras diferentes el equilibrio natural.

Algunas señales parecen haber llegado ya a los responsables más directos del fenómeno, como gobiernos y empresas, detectables en medidas concretas todavía tibias, pero no son suficientes aún. Nuestra respuesta como seres humanos puede estar caracterizada por desentendimientos peligrosos.

No es una casualidad que los niños y los jóvenes sean los más dispuestos a atender lo que leen o escuchan e incluso a actuar ante un hecho en el cual está involucrada nada más ni nada menos que la vida sobre la Tierra. El hombre ha cambiado el fiel de una balanza que ha sabido mantenerse inerme ante catástrofes y cambios de todo tipo.

¿Puede admitirse que la codicia o la ignorancia de quienes son responsables de este problema sean capaces de alterar la maravilla que tanto tiempo llevó construir?

21/06/07
LA NACION

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