Roberto Baratta tomó las riendas de la reunión. Pero sólo un instante duró la reminiscencia del poder. Hablar antes con este licenciado en comercio internacional por la Universidad Nacional de Luján y mano derecha de Julio De Vido, granjeaba llegada directa a la mesa de soluciones.
Roberto Baratta tomó las riendas de la reunión. Pero sólo un instante duró la reminiscencia del poder. Hablar antes con este licenciado en comercio internacional por la Universidad Nacional de Luján y mano derecha de Julio De Vido, granjeaba llegada directa a la mesa de soluciones.
Pero la reunión en el Ministerio de Trabajo fue de una pobreza franciscana: no era miseria lo que había allí, sino carencia material de soluciones contrapuesta a la abundancia de una virtud teologal: la Esperanza. “Hay que esperar”, rogaba Baratta.
La reunión del martes último debería haber definido la situación de los contratos por vencer para el transporte fluvial de gasoil y fueloil por parte de 16 buques de armadores argentinos contratados por los traders Glencore y Vitol por cuenta y orden de Cammesa para el abastecimiento de las centrales térmicas generadoras de electricidad.
El tiempo “ganado” se perdió en tranquilidad, previsibilidad y planificación de la logística de un insumo crítico para la maltratada matriz energética argentina. Este viernes se vencen los contratos. Ningún armador tiene idea de cómo sigue.
Que habrá un recorte de barcos es algo que dan por hecho.
El método de ruleta rusa es lo que tiene los nervios de punta a empresarios y sindicalistas: unos verán su facturación interrumpida, otros verán a sus afiliados cesanteados. Ambos se quedan sin trabajo.
Mientras YPF busca inversores para explotar hidrocarburos no convencionales, habrá que seguir con el viejo método de abastecimiento.
En tanto, el único que podría patear este tablero, como lo hizo con nimiedades en el pasado, suena como uno de los timoneles de la CGT antimoyanista.
El transporte de hidrocarburos emplea el 80% del armamento nacional. Sin ideas de cómo sigue, y sin músculo para moverse.
Por Emiliano Galli | LA NACION
28/08/12
LA NACION
