Exageración o prevención. Así de dispares fueron en Argentina las reacciones en torno a un informe que alertó sobre el impacto de la pesca de anchoitas en el ecosistema marino de la Patagonia.
Exageración o prevención. Así de dispares fueron en Argentina las reacciones en torno a un informe que alertó sobre el impacto de la pesca de anchoitas en el ecosistema marino de la Patagonia.
En un artículo publicado a comienzos de enero en la revista “Science”, científicos de la argentina Fundación Patagonia Natural y de la estadounidense Universidad de Washington, advirtieron que la pesca de anchoita (Engraulis anchoita) en el Atlántico Sur amenaza especies endémicas de la región que sostienen el ecoturismo.
Decenas de miles de visitantes de Argentina y del exterior llegan cada año a las costas de las provincias patagónicas de Chubut y Santa Cruz, para avistar ballenas, recorrer reservas de pingüinos, lobos y elefantes marinos, y apreciar albatros, cormoranes o gaviotas.
El artículo advirtió que ese paraíso puede alterarse si se avanza en la pesca de la anchoita, que representa 50% de la dieta del pingüino de Magallanes (Spheniscus magellanicus) y es también alimento de merluzas, cormoranes, golondrinas, delfines, leones marinos y otras decenas de especies de la región.
El alerta “propone una perspectiva integrada del uso del mar, que contemple la interacción entre todas las especies”, dijo a Tierramérica el biólogo Claudio Campagna, investigador del Centro Nacional Patagónico y experto en mamíferos marinos.
Campagna consideró que “las pesquerías mundiales rara vez son sostenibles, y su impacto sobre otras actividades e intereses que dependen de los mismos recursos no se tiene en cuenta a la hora de estimar los beneficios de la pesca”.
“Lo deseable sería modelar científicamente el funcionamiento del sistema para entender qué efectos tendría la extracción de especies críticas en procesos que involucran a fauna endémica de la costa patagónica”, añadió.
No es tan dramático
Ernesto Godelman, presidente de la ONG Centro para la Defensa de la Pesca Nacional (Cedepesca), discrepa con tanta precaución. “Existe algo de sobreactuación preventiva. La información disponible no coincide con lo publicado en ‘Science’ y mucho menos con el tremendismo de las repercusiones posteriores”, declaró a Tierramérica.
Por ahora “no se ven indicios de que la explotación actual o planeada de anchoíta patagónica ponga en peligro la sustentabilidad en sentido amplio”, remarcó.
Según un estudio realizado por el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep), hasta ahora “la explotación comercial de anchoíta patagónica no alcanzó grandes magnitudes, promediando unas dos mil toneladas anuales desde los años 60”.
El volumen de captura dista del tolerado por el Inidep, para el cual la población de la especie que vive entre el sur de Brasil y el sur de la provincia de Buenos Aires (anchoita bonaerense) tiene un máximo permitido de 120 mil toneladas anuales, y de 60 mil toneladas para la patagónica.
Preocupación
La inquietud por el recurso comenzó en 2003, cuando el Consejo Federal Pesquero aprobó el Plan de Investigación para el Desarrollo de una Pesquería Sustentable de Anchoita Patagónica, propuesto por la provincia de Chubut.
Frente a la emergencia declarada para la sobreexplotada merluza común (Merlucius hubbsi), la provincia apuntaba a avanzar sobre una especie subexplotada. El plan experimental, prorrogado en 2005, contó con la participación de funcionarios, empresas pesqueras, técnicos del Inidep y de la Fundación Patagonia Natural.
Ahora la Fundación sostiene que los estudios del Inidep no incluyeron mecanismos específicos para cuantificar los efectos de la pesca de anchoita sobre peces y fauna salvaje que dependen de ella y manifestó su temor de que el recurso se destine a fabricar harina de pescado.
La fuente del Inidep respondió que el organismo “no estudia en particular el impacto sobre las demás especies”, pero que sí las involucra al considerar parámetros como la muerte natural de anchoitas cuando otro animal se alimenta de ellas. Sobre el temor a que la especie se use como materia prima para la industria, Godelman explicó que el plan aprobado por el Consejo estableció que no sería ese el objetivo.
El titular de Cedepesca señaló que sólo la anchoita bonaerense se destina a ese rubro, y no en Argentina sino en Uruguay. Entre los dos países capturan unas 70 mil toneladas al año -sobre un máximo permitido de 120 mil- y la mayoría se destina a esa industria. “Este sí es un problema que hay que seguir de cerca. La explotación de la pesquería de anchoita bonaerense para fabricar harina representa un riesgo real”, aseguró Godelman.
Fuente: Pesca de la nación – Chile
22/02/07
VISION MARITIMA – URUGUAY
