Pasado y Presente de los Intereses Argentinos en el Mar

(NM) Un justo homenaje a la figura de Segundo Storni, incansable impulsor de la importancia del mar.

(NM) Un justo homenaje a la figura de Segundo Storni, incansable impulsor de la importancia del mar.

(NM) La Ley 25.860, que establece el 16 de julio como el “Día de los Intereses Argentinos en el Mar”, es de acuerdo a sus fundamentos un justo homenaje a la figura del Vicealmirante Segundo R. Storni, quien con un sentido de síntesis digno de admiración y notable captación de lo fundamental, produjo un programa de acción marítima concreto, realizable, fecundo, estimulante, no sólo porque abarcó los problemas marítimos en su total complejidad, sino también porque sus conclusiones y propósitos no perdieron vitalidad con el correr de los años.

Fomentó la creación de una marina mercante nacional y la capacitación de los hombres de mar, alentó la industrialización para construir y reparar nuestros propios buques mercantes y de guerra, bregó por el desarrollo de la actividad pesquera, propició la investigación oceanográfica y la hidrografía, impulsó la idea de nuestro “Mar Territorial”, alertó sobre la falta de un órgano de gobierno que se encargara permanentemente de estos asuntos y sobre todo, destacó la necesidad de crear una conciencia marítima en el pueblo argentino.

En síntesis, Storni fue un hombre apasionado por el mar, convencido de que nuestro territorio no terminaba sobre las playas atlánticas ni en las riberas de los ríos. Más allá de todo límite, veía en el mar una posibilidad de crecimiento y fortalecimiento de la Nación, una fuente de riquezas y ventajas; pero era necesario antes realizar el esfuerzo para obtenerlas.

En una serie de conferencias presentadas en 1916, reconocía que en nuestro primer siglo de existencia, “nuestra infancia como Nación”, habíamos permanecido poco menos que indiferentes a los problemas del mar. Durante ese período, “la empresa extranjera realizó con el niño incipiente la función de la madre que nutre y educa. Pero si este estado de cosas hubiera de ser definitivo e imponer un límite a nuestros ideales marítimos, la acción extranjera tomaría el aspecto del impulso generoso que lleva el alimento a la boca del paralítico o la diestra maniobra del fuerte que explota sin compasión al débil.”

Conocía las riquezas y la potencialidad de nuestro suelo y avizoraba que el país vendría a ser como un centro de abastecimiento, quizás el primero, para el resto del mundo. Ya para entonces el 90% de nuestro comercio exterior era de ultramar, pero atendido por banderas extranjeras. “Es posible señores, ante tales hechos negar la evidencia de nuestros trascendentales intereses en el mar?”

Veía que los beneficios de ese intercambio no estaban solamente en la compra y la venta. Los fletes, la industrialización derivada de la construcción y reparación de buques, los puestos de trabajo para miles de argentinos que ofrecería la navegación y sus actividades conexas. “… hay un colosal material flotante que debe efectuarlo y que presupone las industrias mecánicas y constructivas más adelantadas; hay un enorme capital que produce preciados beneficios por los fletes; hay toda una multitud de hombres que tripulan esos barcos, hombres que hacen la fuerza de las naciones en el mar. Y si no nos esforzamos por tomar nuestra parte en esa obra de la civilización y la riqueza, será reconocer que sobre nosotros pesa en forma indelegable, el estigma de las razas inferiores.”

Storni fue un apasionado tanto en el campo de las ideas como en la acción, pero con los pies sobre la tierra y demostrando sobre todo un gran sentido común. Conocía nuestras potencialidades pero también era consciente de nuestras limitaciones, tanto internas como externas. ¿Cómo construir una marina mercante?

Consideraba que se debía empezar por una marina de cabotaje, no solo por su valor como medio de comunicación sino como la simiente de la cual habría de nacer la marina mercante argentina. “Si no damos gran vuelo al cabotaje, es ilusorio pensar en compañías de ultramar que arbolen nuestra bandera y que sean nacionales por su esencia.”

Su primera regla era muy sencilla: “facilitar, no trabar”. Ya entonces señalaba los grandes formulismos administrativos que pesaban sobre la navegación, en especial sobre el cabotaje. “… disminuir fórmulas burocráticas,   … suprimir sellados que para el fisco no representan grandes sumas y que para el cabotaje son un peso,   …  los horarios oficinescos deben subordinarse a las exigencias de la carga y la descarga sin recargo para el armador,…evitar que las diversas reparticiones procedan incoherentemente a reglamentar con ideas unilaterales y exageradas.”

Sabía también que no podíamos pretender el crecimiento de una marina mercante de ultramar en desmedro de las ajenas, pero afirmaba que sí debíamos aspirar a cierto grado de equilibrio de banderas. Observaba acertadamente que para fomentar esa marina había que atender dos órdenes de intereses, los del constructor y los del armador, y advertía sobre las consecuencias nefastas de la protección unilateral a uno o al otro.

Storni clamaba por una marina mercante nacional con buques construidos en astilleros propios. Reconocía el rol vital del Estado para fomentar esta empresa y destacaba la falta de un órgano eficaz de gobierno que se ocupara de esos problemas en forma permanente.

Sin embargo, advertía que crear una flota oficial no era el medio más adecuado para lograr estos objetivos. “Las flotas de comercio más o menos oficiales, dan siempre malos resultados.” No era esto una crítica a la administración del gobierno, sino una observación basada en la experiencia de los países que habían intentado ese camino.

Es interesante conocer también sus opiniones sobre la defensa y las relaciones con nuestros países vecinos. Rechazaba totalmente cualquier intento de provocación o conquista; marino de guerra sí, pero con un profundo amor por la paz y el progreso de su pueblo. Aconsejaba una política de puerta franca, abierta y amiga, como la mejor forma de evitar la guerra, conducirnos a la unión y servir mejor a los más altos ideales de los pueblos de América.

Respecto al poder militar bregaba por mantener un cierto equilibrio relativo y citando a Aristóteles decía: “En cuanto a la potencia marítima, se ve suficientemente que lo mejor es poseerla hasta un cierto punto. No se debe solamente ser capaz de defenderse a sí mismo, es necesario también poder alguna vez socorrer a nuestros vecinos y alguna vez también inspirarles respeto por tierra y por mar.”

Para Storni, las verdaderas columnas del poder naval eran: “la producción, transportes propios y mercados”, a lo que agregaba la potencia naval militar como el seguro de toda esa fuente de riqueza. ” La Escuadra Argentina tendrá siempre por misión, resguardar los intereses argentinos en el mar.”

No obstante y fiel a sus principios advertía: “La existencia de una marina de guerra eficiente es para nuestro país una exigencia ineludible; pero su realización no debe hacernos olvidar, ni relegar a segundo término, los verdaderos fundamentos del poder naval, sin cuya fuerza la Nación Argentina no desempeñará en el mundo sino un papel mediocre y de eterna dependencia.”

Resulta sorprendente observar cuan vigentes siguen hoy los conceptos que expresara el Almirante Storni. Precisamente, en la segunda jornada del “Ciclo Almirante Storni 2007” realizada el pasado 3 de julio, se presentó el tema “Actualidad y perspectiva en la Marina Mercante”, sobre la que NUESTROMAR publicara una nota cuyo título es por demás elocuente: Marina Mercante: “el permanente regreso al túnel del tiempo…” .

A modo ilustrativo, mencionaremos solo algunas de las conclusiones más relevantes expuestas en dicha jornada:

– Más de 100 millones de toneladas de granos que salen por vía marítima casi sin intervención de nuestra bandera; Incremento en el número de “waivers” otorgados por las autoridades a buques y tripulaciones extranjeras para que naveguen rutas de cabotaje, donde tenemos reserva de cargas.

– En  la navegación en la hidrovía se observan grandes asimetrías con respecto a otros países; altos tributos requeridos para la incorporación de unidades usadas (supuestamente para favorecer la industria local), excesiva burocracia y demoras para la tramitación y certificación de unidades conforman un obstáculo administrativo serio al proceso de incorporación de embarcaciones a la bandera e incita a los armadores a buscar otros registros.

– Pese a que los altos valores internacionales del flete constituyen actualmente una excelente oportunidad para una Marina Mercante, los tremendos niveles de costos, en un contexto de competencia feroz, nos han dejado en el plano internacional “fuera de la foto”, y sólo con algunas posibilidades en el marco regional.

– Los costos de personal embarcado son hasta un 82 % mayor que los de otras banderas, diferencias que no se reflejan únicamente en el bolsillo de los tripulantes sino que se explican en buena medida por la magnitud de impuestos y cargas asociadas.

– La Industria Naval “necesita un Plan de Construcciones”, basado en un financiamiento firme; los astilleros no pueden obtener hoy las garantías exigibles para el otorgamiento de créditos bancarios.

– Hay una insuficiente vocación y decisión política del Gobierno para echar las bases de una recuperación de la Marina Mercante Argentina; la ley correspondiente, varias veces discutida, es aún una materia pendiente y difícilmente se logrará algo en el corriente año.

Como ya dijimos, las ideas del Almirante Storni siguen vigentes, pero lamentablemente, vemos también que su impulso y el de tantos otros que lucharon en defensa de nuestros intereses en el mar, han sido desaprovechados. Seguimos obstinados en darle la espalda al mar y tal vez, ya sea hora de mirarlo.

Pasado y presente de los Intereses Argentinos en el Mar; ¿y por que no futuro?

Por que para hablar de futuro necesitamos objetivos, una política marítima con mayúscula que nos oriente y conduzca al logro deseado. Y ese tal vez sea el verdadero problema en relación con el mar; no bastan simples declamaciones; necesitamos una verdadera Política de Estado.

“¿Es que hemos de permanecer enclavados en la tierra, para arrancarle sus frutos, y esperar que otros los transporten, que otros nos comuniquen con el mundo, que otros vengan hasta imponernos la ley?”

“¿O ha de ocupar la Argentina su parte de dominio y de usufructo en esa gran vía de la civilización que se llama mar?”

17/07/07
NUESTROMAR

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