No parecen alcanzar las voluntades expresadas claramente por el gobernador de la provincia del Chubut, Mario Das Neves, ni de su ministro Coordinador Norberto Yauhar, ni del secretario de Pesca provincial, Juan Berón, ni tampoco la del intendente de Puerto Madryn, Carlos Eliceche.

No parecen alcanzar las voluntades expresadas claramente por el gobernador de la provincia del Chubut, Mario Das Neves, ni de su ministro Coordinador Norberto Yauhar, ni del secretario de Pesca provincial, Juan Berón, ni tampoco la del intendente de Puerto Madryn, Carlos Eliceche.

Y se ve que la voluntad conciliadora de los funcionarios no alcanza porque nuevamente se encienden neumáticos en Puerto Madryn y las columnas de humo, negro y denso, comienzan a levarse en las puertas de las plantas pesqueras trayendo los peores recuerdos de aquel fatídico otoño de 2005.

Ahora el fuego empezó en las puertas de Poseidón, pero –como siempre– se sabe donde comienza pero nadie se anima a aventurar donde puede terminar.

No es que nadie esté haciendo nada como muchos pueden suponer. Desde la provincia y el municipio, perfectamente encolumnados en estas circunstancias, se han realizado múltiples gestiones frente al gobierno nacional para tratar de acercar paliativos a las frágiles economías de las empresas pesqueras radicadas en el principal puerto pesquero de la Patagonia.

Se ha pedido a los sindicatos que no se excedan en sus pretensiones, aunque fueran razonables, y que no apelen a la violencia como método de negociación. Se ha pedido también a las Cámaras que eviten dejar a trabajadores sin empleo. Pero nada de esto parece surtir efecto.

El propio Yauhar reconoció a nuestro la semana pasada que en Madryn la cadena de pagos, vinculada al sector pesquero, se estaba comenzando a cortar.

Si las medidas impulsadas, y literalmente fogoneadas, desde el sector de los trabajadores de la alimentación siguen escalando, será toda la ciudad la que se verá nuevamente paralizada como hace tres años.

Cuando más crítica es la situación, más debe primar la racionalidad. Así lo entendieron los funcionarios que trabajan con ahínco en ese sentido y así deberían evaluarlo cada uno de los actores al recordar que la única y por todos compartida conclusión del conflicto de 2005 fue “perdimos todos”.

Por Tedy Woodley

02/06/08
PESCA & PUERTOS

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