Océano Índico: Partículas nocivas en el menú

Océano Índico: Partículas nocivas en el menú

El buque Dr. Fridtjof Nansen surca las aguas del océano Índico, en busca de basura. Cada vez que los científicos a bordo lanzan las redes especiales que lleva la nave encuentran trozos de plástico, suponiendo graves trastornos para los ecosistemas marinos, también, incluso en uno de los océanos más desconocidos del planeta, se lamenta la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).


El buque Dr. Fridtjof Nansen surca las aguas del océano Índico, en busca de basura. Cada vez que los científicos a bordo lanzan las redes especiales que lleva la nave encuentran trozos de plástico, suponiendo graves trastornos para los ecosistemas marinos, también, incluso en uno de los océanos más desconocidos del planeta, se lamenta la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Se calcula que en los océanos flotan en la actualidad unos cinco mil millones de toneladas de plástico; no había ninguna en 1950. Hace poco se han localizado enormes islas flotantes de basura -dos veces el tamaño de Texas- tanto en el Atlántico como en el Pacífico, pero el sur del océano Índico se encuentra relativamente inexplorado.

Se ha filmado comiendo fragmentos de plástico al marisco, el salmón o el atún, por ejemplo. Y llega –en última instancia- a los seres humanos, por no hablar de las ballenas, señala la FAO en una nota.

Las pruebas de laboratorio han demostrado que los peces que ingieren restos plásticos sufren de intoxicación de hígado y los consiguientes problemas metabólicos. Sin embargo, poco se sabe acerca de cuánta basura absorben los ecosistemas marinos silvestres, ni si los productos químicos tóxicos permanecen en los plásticos tras una larga exposición al agua de mar y el golpeteo de las olas.

Partículas nocivas en el menú

Los residuos de plástico que flotan en los océanos pueden ser ingeridos por la fauna silvestre -se ha comprobado incluso que algunas criaturas marinas prefieren gránulos de un color en particular- con consecuencias negativas, subraya la FAO. Incluso se ha observado como el plancton de pequeño tamaño consume también partículas de plástico.

Las tortugas marinas que ingieren bolsas de plástico mueren a menudo de deshidratación y por las quemaduras del sol, ya que su digestión se paraliza y al descomponerse los alimentos se convierten en gas, lo que obliga a los animales a flotar.

Los peces mictófidos -que pasan el día en las profundidades del océano y que durante la noche se acercan a la superficie para alimentarse- son propensos a ingerir estos gránulos, pero conocer el grado en que lo hacen requerirá más análisis de muestras, según explicó Melody Puckridge de la Organización de Investigación Científica e Industrial de Australia, que ha realizado la investigación.

La mayor concentración de piezas de plástico –y de mayor tamaño- tiende a encontrarse cerca de las costas -donde las poblaciones de peces son más numerosas-, pero poco se sabe acerca de cómo los giros oceánicos las transportan y como se acumulan en ellos las partículas más pequeñas, según explicó Puckridge

Los microplásticos –partículas de menos de cinco milímetros de diámetro- generan particular preocupación, ya que pueden estar entrando en la cadena alimentaria humana.

Los microplásticos se utilizan en productos de consumo como cosméticos y geles de ducha y también en la industria en forma de gránulos de resina. Prácticamente inexistentes en 1950, ahora se producen cada año más de 250 millones de toneladas, de las que una buena cantidad acaban en el mar. La mayor parte de su degradación se produce en las playas, ayudada por el golpeteo de las olas y los rayos ultravioleta, mientras que el proceso se detiene en el caso de las partículas que se hunden hasta el fondo del mar.

Mientras que el posible impacto químico y toxicológico de las partículas puede ser estudiado en laboratorios, la información sobre la ubicación y la cantidad de microplásticos, así como sobre sus movimientos –los propios peces pueden ser un vector biológico, al igual que el giro del océano Índico que se desplaza entre Australia y Madagascar-, tiene que ser obtenida a través de singladuras como la realizada por el buque oceanográfico Fridtjof Nansen.

Dos misiones especiales

El R/V Dr. Fridtjof Nansen es un buque oceanográfico operado por el Instituto noruego de Investigación Marina (IMR) en colaboración con la FAO. Desde 1975 surca los océanos del mundo para recopilar información sobre los recursos y la salud de los ecosistemas marinos y ayudar a formar a científicos de todo el mundo.

Lleva a bordo a unos 18 científicos de ocho países y la tripulación. Se encargarán, de manera adicional este año, de evaluar la magnitud y la naturaleza de los residuos industriales en zonas remotas al sur del océano Índico y de estudiar cómo funciona el denominado «giro local» -un gran torbellino creado por las corrientes y el viento- en la propagación del plancton y los peces pequeños.

La nave se encuentra en la segunda de sus dos misiones estacionales, durante las cuales los investigadores miden siempre las temperaturas del océano, los niveles de oxígeno, clorofila y procesos biológicos como la producción de plancton y la distribución de los peces. (ABC Natural)

20/08/15

 

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