(FNM) Con la temporada turística en marcha, un experto da sus impresiones sobre el nuevo protocolo antártico, al Santiago Times.
(FNM) Con la temporada turística en marcha, un experto da sus impresiones sobre el nuevo protocolo antártico, al Santiago Times.
El incremento del turismo y de los accidentes de buques experimentado en la Antártica durante los últimos años, ha generado preocupación acerca de los peligros que estas visitas acarrean para el frágil ecosistema de esa región.
El turismo antártico comenzó en los 50, con unas pocas almas aventureras que viajaban a la zona. Pero en la década de los 80, el número de visitantes había crecido tan significativamente como para propiciarse la creación de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO, por su sigla en inglés), que se estableció finalmente en 1991.
La IAATO estableció un conjunto de normas para las operaciones turísticas y operaciones científicas en la Antártida, tendientes a asegurar que los visitantes dejaran solo una huella temporaria. En la actualidad, todos los buques comerciales de pasajeros que viajan a la región, son miembros de la IAATO. La organización también representa a la industria del turismo en las reuniones anuales del Tratado Antártico.
El Tratado Antártico de 1959, reservó a la Antártida (definida como el área al sur de los 60º de latitud Sur) para la ciencia y la paz, pero el tratado funciona también como un gobierno “de facto” para el continente, en donde ningún país legisla.
El viaje inaugural del buque de cruceros “GOLDEN PRINCESS” en aguas antárticas en el año 2006, cambió el rostro del turismo en el continente helado. No se trataba de un pequeño buque expedicionario con capacidades de rompehielos, sino de un gran buque de cruceros que transportaba miles de pasajeros. Y después de la varadura del MS “NORDKAPP” en enero de 2007, y del hundimiento del MS “EXPLORER” en noviembre del mismo año, muchos grupos ambientalistas y políticos promovieron la imposición de restricciones a los viajes de turismo en la región.
Durante la Cumbre Polar celebrada en Washington D.C. en abril de 2009, la Secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton urgió a endurecer las restricciones de los viajes antárticos, para prevenir mayores daños ambientales y ayudar a retardar los efectos del calentamiento global.
La respuesta de la industria fue de positivo apoyo. IAATO prohibió que los buques de más de 500 pasajeros efectuaran visitas a tierra, y permitió un máximo de 100 personas por vez en cada sitio de visita. También generó un folleto con instrucciones para la adecuada limpieza de vestimenta y enseres a utilizarse para acceder y salir de la región, de modo de prevenir la introducción de especies foráneas al ambiente. Y generó una campaña de difusión para instruir a los veleros no autorizados específicamente, para que sigan procedimientos adecuados en sus viajes a la Antártica.
Los buques con menos de 12 pasajeros no están obligados a operar bajo los requisitos internacionales para buques comerciales, impuestos por la Organización Marítima Internacional (OMI).
“Frecuentemente, estos veleros no autorizados carecen de adecuada preparación, y no saben realmente en dónde se están metiendo. No llevan suficiente combustible, y no tiene conciencia de que no pueden obtenerlo allí”, comentó Steve Wellmeier, director ejecutivo de la IAATO, en una entrevista durante su paso por Chile.
Con todo, durante la temporada 2007-08, viajaron a la Antártica 46.265 turistas. La Coalición de la Antártida y el Océanos Austral (ASOC) expresó su preocupación por los riesgos generados por los grandes barcos que habían comenzado a operar en la Antártida.
En un comunicado de prensa difundido en noviembre de 2007, la ASOC sostenía que “estos buques, no solo transportan mayores cantidades de combustible, sino que cuanto más grandes, tienden a transportar combustibles más pesados, que incrementan los riesgos sobre el ambiente marítimo”.
La OMI adoptó recientemente una prohibición para el uso y transporte de combustibles pesados en aguas antárticas, que entrará en vigor el 1º de agosto de 2011. La mayor parte de los grandes cruceros dejarán de ofrecer a la Antártica en sus itinerarios, dado que los combustibles livianos les resultarán demasiado caros.
Adicionalmente, la OMI está trabajando en la implementación de un Código Polar, que incluirá a las aguas antárticas. El nuevo código – que debería acordarse en 2014-, determinará los requisitos a cumplir para buques destinados a la Antártica y podría demandar a los buques que dispongan de capacidades de refuerzos para hielo.
Por causa de la recesión económica global, la cantidad de turistas prevista para la presente temporada es de 30.000 personas, unas 7.000 menos que en la temporada previa. Y cuando la prohibición de los combustibles pesados entre en vigor, las aguas antárticas verán una brusca reducción en la cantidad de grandes buques de cruceros que la visiten.
Dado que la Antártida juega un papel crucial en el conocimiento del calentamiento global y del medio ambiente, los expertos sostienen que es necesario evitar el daño a su ecosistema por todos los medios posibles. Desafortunadamente, aquello que nos lleva a explorar la última gran frontera de la Tierra, tiene también el potencial de destruirla.
Por Dominique Farrell
Adaptado al español por NUESTROMAR. Fuente: Santiago Times; 08/12/10
10/12/10
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