Un fenómeno complejo, con información precaria y pronóstico incierto es la llamada marea roja. Es la floración de algas nocivas, cuyos efectos son letales y se ha transformado en la peor pesadilla de pescadores artesanales, autoridades marítimas y sanitarias en el sur del país.
Un fenómeno complejo, con información precaria y pronóstico incierto es la llamada marea roja. Es la floración de algas nocivas, cuyos efectos son letales y se ha transformado en la peor pesadilla de pescadores artesanales, autoridades marítimas y sanitarias en el sur del país.
El Mercurio informó que en Semana Santa se concentra la mayor venta de mariscos anuales y también el peak de fiscalización, sistema en el que la autoridad sanitaria de los Lagos invierte $ 300 millones anuales. Hasta ahora sólo se alza una barrera de contención, porque el fenómeno aumenta año a año su presencia en la zona sur del país.
Proliferación
La erradicación de la mortal toxina paralizante, que infecta los mariscos, es muy difícil, pues se puede mantener por largos períodos en estado de latencia a la espera de que se den las condiciones ambientales óptimas para su proliferación, como salinidad, temperatura, luminosidad, corrientes, vientos.
"Sólo resta convivir con ella", coinciden Daniel Varela, doctor en Ciencias e investigador de la Universidad de Los Lagos; y los seremis de Salud de los Lagos y Aysén, Bernardo Martorell y Marta Osses, respectivamente.
La marea roja está presente en muchos lugares en el mundo y al parecer por largo tiempo, explica Varela, al citar relatos de antiguos navegantes, que ya en la época de la Colonia se referían a la costumbre de los nativos de no consumir productos del mar cuando el agua estaba roja.
Sin embargo, fue en Canadá donde a comienzos del siglo pasado se reportaron los primeros casos mortales atribuibles a este contagio.
Países como Estados Unidos, Nueva Zelandia y España, entre otros, han destinado importantes recursos a la investigación, pero no hay antídoto y la única medida eficiente es el monitoreo para un consumo seguro.
También los pescadores artesanales deben evitar la extracción desde zonas contaminadas o trasladar mariscos desde esas áreas a otros puntos para apozarlos. Así se propaga el fenómeno, que primero se detectó al sur de Punta Arenas y ahora hay amplias zonas contaminadas en Aysén y Chiloé.
Martorell explica que hay pequeños grupos de pescadores que creen que pueden hacer un gran negocio, pero con graves consecuencias. "A corto plazo van a ganar $30 millones, pero si alguien se enferma, va a generar un impacto demasiado grave para la población", enfatiza.
Tal como los viejos mineros del carbón descendían a las oscuras galerías con canarios, los que podían detectar anticipadamente la presencia del gas grisú, los pescadores artesanales en la zona sur utilizan gatos para detectar la presencia de la mortal toxina paralizante de la marea roja. Los gatos se comen los mariscos y, si mueren abruptamente, significa que hay toxina en la zona. No hablan públicamente del tema, pero sí reconocen que es una "técnica" cruel, pero efectiva para detectar las zonas contaminadas.
El uso de animales comenzó en los pescadores de Magallanes hace 30 años, cuando la marea roja apareció en la zona.
13/04/09
PESCA AL DIA – CHILE

