“No es un final, sino un nuevo comienzo”

La cumbre climática de 193 países finalizó ayer por la madrugada, con la aprobación de dos documentos que serán evaluados durante todo 2011 hasta llegar a la próxima reunión, programada para el 28 de noviembre, en Durban, Sudáfrica.

La cumbre climática de 193 países finalizó ayer por la madrugada, con la aprobación de dos documentos que serán evaluados durante todo 2011 hasta llegar a la próxima reunión, programada para el 28 de noviembre, en Durban, Sudáfrica.

El único país de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Cmnucc) que no se sumó a este acuerdo general fue Bolivia."Este no es un final, sino un nuevo comienzo", dijo la doctora Christiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Cmnucc. En una histórica sesión, que finalizó con un fuerte y prolongado aplauso, se aprobó un paquete de decisiones con el nombre de Acuerdos de Cancún, que incluye, entre otros puntos, un monto de 30.000 millones de dólares para apoyar la financiación de la acción sobre cambio climático en los países en desarrollo hasta 2012, y la intención de recaudar cien mil millones de dólares en fondos de largo plazo para 2020.

También se estableció un proceso para diseñar un Fondo Verde para el Clima, dentro de la órbita de la Conferencia de las Partes, que cuente con una junta con igual representación de los países en desarrollo y desarrollados, un Comité Ejecutivo de Tecnología, un Centro de Tecnología Climática y la meta de reducir las emisiones debidas a la deforestación.

Los países industrializados crearán planes y estrategias de desarrollo bajo en carbono y evaluarán la mejor forma de hacerlo, y reportarán sus inventarios cada año.

Se establecerá un registro con el fin de relacionar las medidas de mitigación de los países en desarrollo con el financiamiento y soporte tecnológico brindado por los países industrializados. Los países en desarrollo publicarán informes del progreso logrado cada dos años.

También lanzaron un conjunto de iniciativas e instituciones para proteger a las personas vulnerables del cambio climático, y para distribuir el dinero y la tecnología que los países en desarrollo necesitan para planear y construir sus propios futuros sostenibles.

12/12/10
LA NACION

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