El pasado 20 de abril se cumplieron cinco años de la explosión de la plataforma DeepwaterHorizon, operada por British Petroleum (BP), que ocasionó el derrame, durante 87 días, de más de 650 millones de litros de petróleo crudo en el Golfo de México.
El pasado 20 de abril se cumplieron cinco años de la explosión de la plataforma DeepwaterHorizon, operada por British Petroleum (BP), que ocasionó el derrame, durante 87 días, de más de 650 millones de litros de petróleo crudo en el Golfo de México.
Unos meses más tarde, a mediados de 2010, se detectó la proliferación de microbios en la zona cuya peculiar dieta contribuyó a que las consecuencias del derrame no fueran mucho peores.
Algunos microorganismos usan petróleo como combustible y, según el biogeoquímico Chris Reddy, del Instituto Oceanográfico Woods Hole, en el caso del derrame en el Golfo de México “los microbios hicieron un trabajo espectacular digiriendo mucho del gas natural”.
Hoy la zona luce limpia, verde, llena de vida, en un reflejo de la fuerza de la naturaleza. Sin embargo, aún hay manchas de petróleo en el mar, el alquitrán continúa concentrado en los pantanos y bajo la superficie aún se resienten los daños.
Los microbios no podían limpiarlo todo, y mucho de lo que consumieron (componentes del gas natural, como metano, etano, butano, propano y pentano) no cuenta legalmente como parte del derrame de petróleo. Además, también se derramaron muchos hidrocarburos similares al alquitrán, que son demasiado grandes para que los microbios los digieran.
Esto se asocia con el aumento de las muertes de delfines, que se han más que triplicado. Las tortugas marinas casi no anidan desde el derrame. Algunos peces han desarrollado enfermedades cutáneas y otras internas. Los corales de aguas profundas también han sido afectados.
Pero ¿cómo actuaron los microbios? Como sugiere Reddy, contaron con la ayuda de la naturaleza del derrame de petróleo, pues era un crudo ligero y suave mezclado con gas natural, a diferencia del bitumen u otros aceites, que son pesados y sucios.
Más de 150 moléculas diferentes conforman el caldo tóxico de hidrocarburos que surgían del pozo Macondo de la plataforma Deepwater Horizon. Los microbios masticaron los hidrocarburos más pequeños y dispersos (e incluso los propios dispersantes) de forma relativamente rápida, ayudados por el hecho de que estas moléculas se pueden disolver en agua.
Las corrientes oceánicas, además de mantener el petróleo derramado lejos de la costa, estimularon la actividad microbiana en medio del derrame. Esa mezcla continua del agua permitió un florecimiento bacteriano que transformó millones de barriles de petróleo en un estimado de 100 mil trillones de células microbianas de Colwellia (que consumen etano), Cycloclasticus (que digieren compuestos aromáticos), Oceanospirillales (que se inclinan por los alcanos), Alcanovorax (que prefieren el petróleo), Metilococcaceae (adeptos al metano) y otras especies, incluyendo por lo menos una hasta ahora desconocida para la ciencia.
Las floraciones de bacterias también parecen ser al menos parcialmente responsables de la nieve marina aceitosa que recubrió el fondo del Golfo de México a raíz de la explosión del pozo Macondo. Otra vez, un inesperado efecto secundario con impactos desconocidos.
“La sustancia está en casi dondequiera que se mires”, dice la biogeoquímica SamanthaJoye, de la Universidad de Georgia, describiendo los estudios que realizó con el submarino Alvin, entre otras herramientas, sobre los sedimentos que se encuentran bajo los 1,000 metros o más de agua. “Hasta 15 por ciento de lo que fue derramado está en el fondo del mar. Ésta es una cifra bastante notable, dado que no se pensó inicialmente como un destino potencial para el petróleo”.
Incluso las moléculas más pequeñas no pueden consumirse si no hay suficientes nutrientes en el agua, así como también nitrógeno o fósforo. “Los nutrientes regularon la biodegradación”, dijo Joye. “Eso podría explicar por qué tanto petróleo se sedimentó, ellos degradaron tanto como pudieron”. De hecho, los microbios pueden haber sido obstaculizados no sólo debido a la limitación de nutrientes, si no porque el auge de la población microbiana podría haber significado un crecimiento paralelo en sus depredadores o de los distintos virus que pueden infectar a estos digestores de derrames.
Por otra parte, uno de los mayores requisitos para que estos microbios puedan digerir hidrocarburos —el oxígeno— no está presente en los sedimentos de las profundidades o en la suciedad de los pantanos de Louisiana. Eso responde a por qué el petróleo del pozo Macondo persiste en esos lugares, cinco años después, y tal vez por varios más.
Por lo pronto los delfines han estado muriendo a un ritmo récord en partes del Golfo desde el derrame de BP. Entre el 2002 y el 2009 hubo un promedio de 63 delfines muertos por año. En el 2010 hubo 125 y al año siguiente 335.
Desde abril del 2010 ha habido un promedio de más de 200 muertes por año, la mayor cantidad jamás registrada en el Golfo. (La Extra – México)
07/05/15
