Extensas playas, mar, río, parque, termas y la naturaleza a pleno son algunas de las opciones que presenta este tranquilo balneario de la costa atlántica, al que no pocos bahienses o pobladores de la región eligen para pasar sus merecidas vacaciones.
Extensas playas, mar, río, parque, termas y la naturaleza a pleno son algunas de las opciones que presenta este tranquilo balneario de la costa atlántica, al que no pocos bahienses o pobladores de la región eligen para pasar sus merecidas vacaciones.La naturaleza tocó con su varita mágica a Necochea y sus atractivos ejercen un imán especial en aquellos que eligen a esta ciudad para pasar sus vacaciones, fines de semana largos o bien cualquier escapada.
Pero no sólo cuenta con un imaginario folleto donde en sus páginas se destaca la playa junto a las azuladas aguas marinas, el río Quequén o la inmensidad del Parque Miguel Lillo con su frondosa vegetación.
Sin dudas, el atractivo mayúsculo para los turistas se refleja en el mar y sus amplias playas, en las cuales los visitantes encuentran un sitio ideal para relajarse y vivir a pleno el sol de la estación más caliente del año.
Necochea tiene otra ventaja en términos comparativos y que es la de reunir distintos tipos de playa en un litoral marítimo de más de 70 kilómetros de extensión.
Por supuesto, el “ruido” del verano se concentra en las playas céntricas, donde se ubican los principales balnearios con sus construcciones que albergan carpas y sombrillas, solarium, áreas deportivas, juegos infantiles, bares y restaurantes.
Quienes prefieren la tranquilidad también tienen sus sitios ideales junto al mar.
En dirección al oeste, a unos 10 kilómetros pueden encontrar el paraje Las Grutas, cuyo nombre se debe a la continua erosión del mar. Es aconsejable para el descanso y para quienes disfrutan de la pesca.
Modernos campings con todos los servicios brindan comodidades y servicios.
Continuando el camino costero aparece un lugar donde la formación rocosa que representan los acantilados se interna en la burbujeante restinga.
Se trata de Punta Negra, especial para la pesca, al igual que la Cueva del Tigre, que se denomina así por una leyenda que cuenta que allí se refugiaba en los primeros años de este siglo un gaucho llamado Tigre del Quequén.
El encanto de Quequén
Quequén tiene su particular encanto y así lo demuestra el elevado flujo turístico que recibe esta localidad del distrito de Necochea.
Junto a la escollera norte tiene playas que son las elegidas por los amantes de los deportes acuáticos, mientras que a menos de diez kilómetros se halla la población de Costa Bonita, un sitio donde las formaciones rocosas deleitan a quienes se apasionan buscando curiosidades del mar entre las piedras.
Una hostería, de más de 50 años y ubicada en lo alto de un médano, brinda las comodidades necesarias para aquellos que desean descansar alejados del ruido de las grandes ciudades.
Para acceder a este pequeño poblado, debe circularse por un pintoresco camino costero junto al cual se levantan viviendas de estilo mediterráneo, denominándose a la zona Bahía de los Vientos.
En estas costas aparecen barcos encallados por los violentos temporales que los dejaron con su furia en la arena como si hubieran querido “colaborar” con los amantes de la fotografía y el video, que pasan mucho tiempo aquí intentando captar las singulares imágenes.
Verde que te quiero verde…
Aunque el mar y las playas representan la principal atracción, Necochea posee otros escenarios naturales donde la tranquilidad y la belleza son comunes denominadores.
Este es el caso del Parque Miguel Lillo, conformado por más de 400 hectáreas que albergan a 4.500.000 de especies arbóreas y más de un centenar de variedades de pájaros.
En este marco pleno de naturaleza, se asientan construcciones como el anfiteatro, con cerca de dos mil localidades.
También se ubica el “Festivalódromo”, escenario de las ediciones del tradicional Festival Infantil, uno de los espectáculos más salientes del verano (esta vez se realizará entre el 10 y el 13 del corriente)
Los turistas pueden visitar la colonial casona que perteneciera a la familia Díaz Vélez y donde actualmente funciona el remodelado Museo Histórico Regional, un lugar donde se concentran valiosos elementos pertenecientes al pasado de la ciudad y la región.
En otros sectores del Parque Lillo, se encuentra el Lago de los Cisnes, un espejo de agua donde los niños y toda la familia se divierten en las bicicletas acuáticas.
Tampoco pueden estar ausentes los asados en las parrillas ubicadas en diferentes áreas de este ámbito que debe su nombre al botánico tucumano.
Por Oscar González
06/01/13
LA NUEVA PROVINCIA
