Milagro navideño: naufragaron, nadaron 16 horas y se salvaron

Milagro navideño: naufragaron, nadaron 16 horas y se salvaron

Parecen enteros y lucen una piel bronceada cobriza, como si regresaran de soleadas vacaciones. Pero el motivo es otro, un milagro de Navidad: sobrevivieron a un naufragio nadando durante 16 horas en medio de una tormenta en el Río de la Plata.

Parecen enteros y lucen una piel bronceada cobriza, como si regresaran de soleadas vacaciones. Pero el motivo es otro, un milagro de Navidad: sobrevivieron a un naufragio nadando durante 16 horas en medio de una tormenta en el Río de la Plata.

Rodolfo Fermín Jaureguiberry y Edgardo Ezequiel Fernández, 42 años, son amigos y navegantes del Club Las Barrancas, de San Isidro. Luego de que se hundiera su velero, de casi ocho metros de largo, nadaron y lucharon contra olas de tres metros que les impedían acercarse a la playa uruguaya de Juan Lacaze.

A medida que recuerda los momentos dramáticos que atravesó con su amigo desde la noche del último viernes, cuando los sorprendió una tormenta con ráfagas de viento de 70 kilómetros por hora, Jaureguiberry ríe con mirada cómplice ante los periodistas, frente a su casa.

"La familia de ambos fue nuestro gran motor, a pesar de que nadábamos y no avanzábamos. El pensar en ellos nos impulsó a seguir insistiendo", recuerda Jaureguiberry. Su amigo Fernández se muestra más serio, pero parece más apremiado por las preguntas de los cronistas y las miradas de los curiosos, que por las 16 horas en las que estuvieron nadando. Confiesa: "Yo, hoy mismo, estaría navegando. Es lo que más nos gusta hacer. Ya nos pondremos a pensar en un velero nuevo para salir", sugiere desafiante.

Pescadores uruguayos

De lo que no han tomado dimensión todavía estos fanáticos de la náutica, es de la hazaña que protagonizaron pocas horas antes de la Navidad, porque, para todos, su historia se transformó en un milagro, que contó con la intervención providencial de unos pescadores uruguayos, que vieron la sombra de dos hombres flotando en el río.

"No tenemos más que palabras de agradecimiento para toda la gente de Juan Lacaze que, desde el rescate, estuvo pendiente de nuestra evolución", resalta Rodolfo, mientras que Edgardo afirma: "Apenas llegamos a la playa, nos desplomamos porque no dábamos más. Fue esencial que nuestros rescatistas nos cubrieran rápidamente con frazadas y eso nos salvó de una hipotermia severa".

No estaban dispuestos a dejarse vencer por la adversidad: "En ese momento dijimos el equipo es éste y tenemos con que salir y nos pusimos a nadar para conseguirlo", describe Edgardo, padre de dos hijas.

Al principio, todo el mundo se preocupó cuando el velero fue hallado por la prefectura uruguaya en la madrugada del sábado, a 11 kilómetros de la costa de la ciudad de Colonia, en la desembocadura del arroyo Cufré, sin navegantes. El barco había partido en la noche del viernes desde Punta del Este, con destino a Buenos Aires. "En ningún momento hubo crisis, si uno de los dos se dormía o se quedaba, el otro le daba un pequeño golpecito para reanimarlo", agregó Fernández.

La embarcación, llamada Saudade, es un Miura 25, que se hundió en el momento en que los tripulantes intentaban avisar su posición a la prefectura uruguaya. Su costo es de unos 10.000 dólares. Pero la pérdida económica no fue lo que más sufrieron, sino los recuerdos que albergaban juntos y las cientos de fotos que se llevó el río. "La pérdida de un barco, siempre tiene algo de doloroso", sintetizó Jaureguiberry, padre de dos varones.

La epopeya que vivieron no los hizo cambiar su costumbre de festejar, aunque no hicieron una celebración especial. "Cada uno lo pasó con su familia, ya estuvimos bastante tiempo juntos", bromeó Rodolfo. No tienen miedo de volver a navegar. Al contrario, los dos se miraron cómplices cuando se les preguntó si al próximo velero lo bautizarán Saudade II.

Por Pablo Abal
Foto: Mariana Araujo

26/12/07
LA NACIÓN

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