Lo que se hereda no se hurta…

(NM) Recientes ediciones del medio español La Voz de Galicia, dieron cuenta con preocupación, de algunas lamentables conclusiones a la hora de evaluar los niveles de seguridad con los que opera la flota pesquera de aquella querida región de España. Muchas, parecen un calco de nuestra propia realidad.

(NM) Recientes ediciones del medio español La Voz de Galicia, dieron cuenta con preocupación, de algunas lamentables conclusiones a la hora de evaluar los niveles de seguridad con los que opera la flota pesquera de aquella querida región de España. Muchas, parecen un calco de nuestra propia realidad.

(NM)  Los artículos y comentarios en cuestión –algunos de los cuales fueron reproducidos días atrás en NUESTROMAR –  se produjeron en su mayoría, en el contexto de un reciente congreso sobre seguridad y prevención de riesgos en la flota de bajura, celebrado en Santiago de Compostela. Veamos algunos de los testimonios:

“Así retrató José Rodríguez Arribe, técnico de prevención del Ministerio de Trabajo, a los protagonistas de sus inspecciones, en las que se ha encontrado desde balsas salvavidas amarradas, cubiertas llenas de los materiales más variopintos -desde anclas y cajas atravesadas hasta un volumen excesivo de aparejos-,  bengalas y extintores caducados,  aros salvavidas en un estado lamentable, zafas hidrostáticas trincadas y maquinaria peligrosa sin protección, que ya han atrapado más de una extremidad.

Arribe, que ilustró con sorprendentes diapositivas esos atentados a la seguridad, también desgranó sus puntos fuertes. Y uno de ellos es su respuesta inmediata a los requerimientos, como también es positivo el «aceptable» estado de la flota», la buena colaboración que siempre han demostrado las organizaciones del sector y la vigilancia de la salud. Es en esas fortalezas en las que se hay que apoyarse para universalizar la prevención de riesgos en la que hoy es la más arriesgada de todas las actividades peligrosas”. (“Bengalas caducas y balsas atadas”, 09/10/07)

Mientras tanto, bajo el título  “El 45% de los patrones no saben gestionar la estabilidad del barco”, la Voz de Galicia informaba días después lo siguiente:

“Las inspecciones en buques revelan que en el 26% de los casos no conservan ni el libro ni el acta de estabilidad. Desconocen cómo afecta al equilibrio de la embarcación que el aparejo esté mojado o que la bodega vaya llena…. Por una parte, los inspectores han constatado que en el 26% de los buques revisados no se disponía del acta ni del libro de estabilidad del buque. Y, por otro, que en el 45% de los casos, el patrón de la embarcación no estaba familiarizado con los procedimientos de estabilidad. Esto es, casi la mitad de los patrones desconoce cómo hay que repartir los pesos para equilibrar el buque si en él falta combustible, si el aparejo está mojado o seco, si las bodegas están llenas o vacías, etcétera”.

En un tercer artículo referido al tema, publicado el último domingo, la Voz de Galicia se hacía eco de reclamos para hacer públicas las investigaciones sobre naufragios, señalando al respecto que “en España los trabajos y conclusiones de la comisión de investigación de accidentes marítimos son secretas, un ocultismo que, denunció el doctor en Marina Civil Juan Zamora, es casi anticonstitucional”.

Hasta aquí las noticias provenientes de ultramar.

¿Suena familiar?

“Barcos más, barcos menos….igualito a mi Santiago”, diríamos hoy  parafraseando a  aquellos recordados y ocurrentes folkloristas, los hermanos Ábalos. 

Efectivamente, salvo por el hecho de que en Argentina no tenemos una “Comisión de investigación de accidentes marítimos”, la que de existir sería probablemente presa del mismo ocultismo que devora a las autoridades de la madre patria, los demás problemas de seguridad en ese sector de los pescadores gallegos parecen ser exactamente los mismos que los de nuestra gente.

Según se nos informa, en España -y desde ya en la misma Galicia- se está trabajando seriamente para alcanzar niveles de gestión de seguridad que dejen de hacer de ésta, la “más arriesgada de todas las actividades peligrosas”. En algunos casos, se advierte detrás de esa iniciativa, la presión estimulante que con sus normas ejerce la comunidad europea.

De esto último –normas regionales que obliguen-, por aquí no tenemos. De modo que deberíamos encontrar nuestras propias soluciones al problema, siempre que reconozcamos claro, que tenemos un problema. Algunas jurisdicciones parecen haberlo reconocido. Tal es el caso de la Provincia de Chubut, que decidió tomar la iniciativa. Será por cierto de gran interés en este sentido, conocer los resultados del anunciado programa de revisiones integrales de la flota pesquera (amarilla y artesanal) con base en Rawson, que deberá estar cumplido el próximo 31 de diciembre.

Otras instituciones y organismos – la Prefectura Naval o la Escuela Nacional de Pesca, por citar algunos- también advirtieron la necesidad de reforzar sus propios aportes a la solución de esta indiscutible vulnerabilidad.

De cualquier modo, es mucho lo que resta por hacer en materia de seguridad en la pesca en la Argentina. Sirvan pues las experiencias que aquí comentamos, tan cercanas en afectos como  en realidades, para recordarlo.

19/10/07
NUESTROMAR

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