Obama dijo que solucionarlo es "la prioridad número uno".
Obama dijo que solucionarlo es "la prioridad número uno".
Todavía hay un agujero en la tierra, el petróleo sigue brotando y, lo que es más terrible, no hay un final a la vista. Después de intentar una y otra vez, una de las mayores corporaciones del mundo, respaldada e impulsada por el gobierno más poderoso del mundo, no puede detener la fuga.
A medida que crece la desesperación y se propaga la desgracia ecológica en forma de una marea negra, que ayer llegó a Alabama y en las próximas 48 horas bañaría las costas de Pensacola (Florida), la palabra operativa en el terreno es, ahora, aunque parezca increíble, agosto, la fecha más próxima en la que podría haber una verdadera resolución.
E incluso entonces no hay garantía de éxito. A Estados Unidos y a la gente de su afectada costa del Golfo, lo que les espera es un desalentador verano de petróleo y furia.
¡Ah?! Y la temporada de huracanes empezó anteayer.
El denso manto negro que se encuentra a la deriva en el Golfo de México ya duplica el tamaño de Jamaica y ayer estaba a 10 kilómetros de Florida, que recibe en sus playas a 80 millones de visitantes por año.
A pesar de que el presidente Barack Obama afirmó ayer que "la prioridad número uno" de su gobierno es detener el vertido, las críticas de la opinión pública se intensifican día a día y apuntan a la presunta ineficacia y lentitud de la Casa Blanca durante los primeros días -e incluso semanas- del desastre. La noticia de que ya se divisaron algunas manchas de crudo a pocos kilómetros de la playa de Pensacola, Florida, sólo alimentó aún más la alarma.
El último intento de contener el derrame no dio resultado. El domingo, mientras en las iglesias se escuchaban las plegarias que rogaban una solución, British Petroleum (BP) dijo que se concentraría en la contención en vez de en cerrar la brecha submarina. Esta decisión le dio un nuevo giro al desastre en vez de una solución.
"Fracasamos en la lucha contra esta bestia", dijo el director ejecutivo de BP, Bob Dudley. El problema es que, cuanto más dure, más bestias aparecen, listas para luchar. Las aves empetroladas se están convirtiendo en una imagen cada vez más frecuente en la costa. En el fondo del mar, nadie sabe qué le hará el petróleo a especies como el recientemente descubierto pez murciélago chato, que vive allí, ni a otros que aún son desconocidos pero sufren la misma amenaza.
Tal vez lo más alarmante, 43 días y 43 noches después del incendio en la plataforma Deepwater Horizon, es que la temporada de huracanes acaba de comenzar. Eso plantea la horrible posibilidad de que olas empapadas de petróleo, agitadas por los vientos, lleven las aguas tierra adentro, contaminando mucho más superficie. Imagínense un Katrina sumado un derrame de petróleo.
En las conversaciones en todo el país, la catástrofe pasó en algún momento de las últimas semanas de ser un acontecimiento destructivo a una saga calamitosa, de final abierto. Y para la herida e irascible psiquis norteamericana, no podría producirse en peor momento.
El miedo cunde en todas partes y prevalece la polarización. La fe en las instituciones -las corporaciones, el gobierno, los medios- ha disminuido. Los estadounidenses están furiosos y desde hace mucho tiempo se acostumbraron a esperar que los problemas se resuelvan a corto plazo, pese a que la realidad rara vez funciona así.
Entonces, cuando ocurre algo indefinido e incontrolable, se dedican a especular en todos los foros modernos sobre la existencia de connivencias y acuerdos espurios. Mientras tanto, este relato de desastre ambiental y catástrofe económica contradice la letra de Beautiful America, "desde un refulgente mar al otro", que suele ofrecer consuelo a los norteamericanos durante épocas de incertidumbre.
"Hay gente que se está desesperando, y muchos más que experimentan gran ansiedad a medida que avanzamos en la temporada de la pesca de langostinos y ven que tienen cada vez menos posibilidades de recuperarse de sus pérdidas", dijo el reverendo Theodore Turner, de la Iglesia Bautista Mount Oliver, de Boothville, cerca del sitio donde el petróleo llegó por primera vez a la costa. Los pescadores constituyen alrededor de un tercio de su congregación.
Después de haber fracasado con el procedimiento conocido como "Junk Shot" (la introducción de diversos materiales, como piezas de goma, a alta temperatura para bloquear el derrame) y con otro denominado "Top Kill" (sellar el pozo mediante la inyección de un fluido compuesto por agua, arcilla y sustancias químicas), el intento de BP que está ahora en marcha involucra una combinación de maniobras robotizadas submarinas que redirigirían el petróleo hacia arriba y fuera del agua que ahora está envenenada. Esta decisión significa que la idea de detener por completo el derrame de crudo no se considera posible por el momento.
Esa operación sufrió ayer una demora luego de que se atascara una sierra en la tubería principal.
Después de eso, la única solución permanente es la perforación de un pozo de descarga que disminuya la presión de la fuga y permita un bombeo controlado: es decir, lo que la Deepwater Horizon intentaba hacer en primer lugar. Pero eso insumirá por lo menos dos meses. Y no se trata sólo de dos meses paliando el enorme daño infligido hasta ahora a los océanos, playas y zonas pantanosas, sino dos meses más de bombear crudo. Y dos meses más durante el punto álgido de la temporada de huracanes, con toda su potencialidad de sembrar la destrucción en las aguas del golfo.
Los preparativos
Según cifras del gobierno norteamericano, si el derrame prosigue a su ritmo actual y se lo detiene el 1° de agosto, se habrán derramado entre 193 millones y 401 millones de litros. Si se lo detiene el 15 de agosto, se habrán derramado entre 219 y 458 millones de litros. Si el derrame no se detiene hasta fines de agosto, esa cifra será de entre 248 millones de litros y 516 millones de litros. Es un amplio espectro de posibilidades.
El gobierno está empezando a levantar ciudades precarias en la costa para alojar a los trabajadores y contratistas encargados de paliar y minimizar los daños. Se están apuntalando bancos de arena y barreras. Pero el ambiente en la costa del Golfo se está tornando apocalíptico y furibundo. La gente está empezando a decir que éste es un acontecimiento generacional: trágico para esta generación y potencialmente atroz para la siguiente.
"El derrame es parte de una profecía", dijo Turner, el reverendo de Luisiana. "La Biblia profetizó penurias. Si creemos que la palabra de Dios es cierta -y lo creemos- también sabemos que además de profetizar penurias prometió ocuparse de nosotros."
Mientras BP y el gobierno planifican la manera de seguir adelante, quedan importantes preguntas sin respuesta.
¿Hasta qué punto ha estado involucrado el gobierno, hasta qué punto debería haberse involucrado, y cuánto control habría que otorgarle a BP en acontecimientos que son de interés público y que ocurren en lugares públicos? ¿Por qué BP, los científicos y el gobierno no han podido establecer exactamente el volumen del derrame ni el nivel del daño y encontrar una manera de resolverlo? ¿Y qué puede hacerse ahora para impedir que el desastre sea aún más grave, y para asegurar transparencia mientras se toman las medidas necesarias para arreglar lo que se ha dañado?
"Estoy decidido y confío en que las cosas mejorarán en adelante", dijo el Secretario del Interior, Ken Salazar. Y sin embargo esa declaración, junto con la palabra "agosto", atenúa el optimismo de muchos, atentos al desarrollo de esta saga.
La gente ve una corporación dedicada al ocultamiento, un gobierno ineficaz y una superficie oceánica cubierta por una capa viscosa de la consistencia de la melaza y peligrosa como el veneno. Para ellos, la situación se reduce a esto: todavía hay un agujero en la Tierra. El crudo sigue brotando de él. Y todavía no hay, por atroz que resulte, ninguna solución a la vista.
Por Ted Anthony y Mary Foster (Agencia AP)
Traducción de Mirta Rosenberg
03/06/10
LA NACION

