Un turista y un camionero narran su experiencia en el primer viaje del «Norman Bridge» entre los puertos de Nantes-Saint Nazaire y Gijón.
Un turista y un camionero narran su experiencia en el primer viaje del «Norman Bridge» entre los puertos de Nantes-Saint Nazaire y Gijón.
Agarrado a la barandilla que delimita la explanada de embarque para el «Norman Bridge», Bertitou Maurice observaba el pasado miércoles el buque de la naviera GLD que estaba a punto de realizar la primera travesía de la autopista del mar entre Saint Nazaire y Gijón. Este antiguo trabajador portuario, natural de Nantes, había sacado su billete por Internet hace dos meses para acortar su viaje con esposa y suegra a Santiago de Compostela. A su lado, el camionero portugués José Lomba fumaba tabaco rubio con mirada escéptica. Unas horas antes había recibido la orden de subirse al barco con su tráiler cargado de acero rumbo al norte de su país. Ambos ponían nombre y rostro a las dos realidades de los usuarios de la ruta: turistas y transportistas. Por el momento, con claro predominio de los primeros.
Aunque la autopista del mar fue diseñada especialmente para retirar camiones de las autovías españolas y francesas, el «Norman Bridge» se asemejó más a un ferry que a un buque ro-pax durante los dos primeros viajes de la nueva conexión. «La verdad es que nos esperábamos más camiones, el ambiente es parecido a un barquito que cogimos para ir de Mallorca a Ibiza hace unos veranos», señalaba Maurice nada más entrar en su camarote. Y no le faltaba razón. Los pasillos estaban ocupados por curiosos con cámara en mano y chanclas en los pies. Mientras, los únicos siete transportistas a bordo contemplaban desde la cubierta la salida de puerto.
«Al final todo se reduce al dinero. Los camiones llenarán el barco si esto sale rentable. Es una decisión empresarial». Lomba razonaba así durante la cena, recién duchado y con cara más relajada. «Está claro que, para nosotros, es más cómodo dormir en una cama sin ocuparnos del vehículo», decía rodeado de varios compañeros que, nada más terminar el postre y pagar los trece euros y medio del menú, se fueron a la sala de televisión para ver «una de Angelina Jolie».
Casi al mismo tiempo, Maurice pelaba una manzana en la amplia sala con sillones y vistas al bar del puente número 7. Su cuñada hacía a su lado lo mismo con una naranja. «Creo que la línea puede funcionar porque el norte de España atrae mucho en Francia, sobre todo por la gastronomía», explicaba.
Ya de mañana, después de una noche de algún mareo y ruidos en las cabinas, camionero y turista coincidían, poco antes de coger sus vehículos, en una de las puertas de acceso a las bodegas. «Van a tener que promocionar más el transporte de mercancía rodada, porque esto con los turistas sólo no puede tirar», coincidían los dos. Un consejo del que ya se han hecho eco en la naviera que, para las próximas semanas, tiene pensado organizar reuniones con empresarios del sector con la intención de cambiar la tendencia inicial de la autopista del mar.
Eloy MÉNDEZ
12/09/10
LNE.ES
