Suizos, finlandeses, españoles, alemanes, franceses y otros paseantes rumbean hacia el sur. Al paso, anclan sus veleros en el Club Náutico y permanecen acá algunos días. Hasta la fecha, han pasado cerca de 30 embarcaciones de estas características.
Suizos, finlandeses, españoles, alemanes, franceses y otros paseantes rumbean hacia el sur. Al paso, anclan sus veleros en el Club Náutico y permanecen acá algunos días. Hasta la fecha, han pasado cerca de 30 embarcaciones de estas características.
La vida de los navegantes "vocacionales" incluye una obligatoria revisión del parte meteorológico, para determinar en qué momento estarán dadas las condiciones para partir a alta mar, perderse entre el horizonte y encontrar un nuevo destino. En Mar del Plata es habitual verlos durante el verano, reparando manualmente sus lujosos veleros en el Club Náutico, después de haber concurrido al mecánico para proveerse de nuevos materiales.
El hecho es que más de 30 embarcaciones a vela de navegantes extranjeros han pasado desde que se inició el verano por la ciudad.
Estos propietarios de barcos, que proceden de distintas regiones del mundo, se dirigen por lo general hacia el sur o el norte y casi nunca evitan instalarse aquí por dos o tres días. Es que, según se informó, es un lugar propicio para la carga de víveres y reparación de mecánica. Sin embargo, aunque el fin inicial sea llevar adelante estas tareas para seguir viaje, la permanencia por unos días más en estas costas, termina convirtiéndose en la prioridad. Aunque la mayoría es gente de alto poder adquisitivo, que conoce en profundidad las costas más atractivas del mundo, Mar del Plata no deja de sorprenderlos.
El contramaestre del área náutica del Club Náutico, Carlos Labeque, reconoció que "a principios de noviembre pasan por acá, se quedan unos días y luego se dirigen al sur. Se quedan allá los primeros meses de verano y a fines de febrero o principios de marzo vuelven para estas costas y más tarde se van al norte, a Brasil y a otros lugares".
El consultado, que desde hace 18 años opera en el área náutica, aseguró que con los años se han ido incrementando las navegaciones extranjeras. Los alemanes, franceses, finlandeses, españoles, suecos, rusos, suizos y de otras nacionalidades son los más "habitués" de estos recorridos. "Esta gente vive navegando y tiene un estilo de vida diferente. Incluso yo, cuando me inicié a trabajar acá, aprendí a navegar y entendí que esta actividad es muy terapéutica".
Aunque saben que es una escala intermedia, los extranjeros no desaprovechan los paseos tradicionales de la ciudad. Tampoco se ajustan estrictamente a un itinerario de viaje ya que "son gente que andan por el mundo, conocen el mar como nadie, llegan con sus familias, pasean sin apuro, se van y se enriquecen con otras culturas", confesó.
"Nos gusta más que el Caribe"
En el Club Náutico conviven en la actualidad decenas de embarcaciones europeas. En uno de los accesos a los barcos se encontraba Charles Pantet, un suizo aventurero que, desde hace ocho años, dejó su localidad natal (ubicada a 60 km de Ginebra) para adoptar como residencia permanente, nada menos que: el mar. Sus empresas se centralizan en aquel país, pero él opta por delegar el mando, mientras pasa la mayoría de sus días viajando.
Llegó a estas costas con su esposa, una rubia llamada Brigitte. En perfecto castellano, ambos comentaron que desde que pisaron suelo local, no paran de sorprenderse: "Estamos muy sorprendidos por la amabilidad que tienen los marplatenses, el asesoramiento que te brindan los comerciantes en los supermercados y las bellezas naturales. También los negocios de mecánica son muy completos. Creo que sin duda, ésta es una ciudad para vivir e incluso, me gusta mucho más que el Caribe".
Sin embargo, el desorden vehicular y la falta de limpieza en calles y en el Mar Argentino se vuelven una preocupación para los primermundistas, acostumbrados a tradiciones tan arraigadas como cumplir obligada y casi instintivamente las leyes que contemplan la preservación urbana. "Hemos visto gente que arroja botellas al mar o desde sus coches e incluso, que nadie respeta la señal de cruce en calles. Eso está mal porque en otros países siempre tiene prioridad el peatón, sin dudarlo", concluyó.
20/02/07
LA CAPITAL
