En Chile, el futuro gobierno de Piñera ha comprometido la creación de 200 mil nuevos empleos cada año durante su mandato. La industria del salmón tiene el potencial para aportar de manera muy significativa al cumplimiento de dicho propósito
En Chile, el futuro gobierno de Piñera ha comprometido la creación de 200 mil nuevos empleos cada año durante su mandato. La industria del salmón tiene el potencial para aportar de manera muy significativa al cumplimiento de dicho propósito
Ésta es quizá una de las metas que más beneficios pueden traer a la población, pero ella es ambiciosa y para lograrla no bastarán las medidas macroeconómicas: se requerirán ajustes y medidas específicas para favorecer el empleo, sector por sector.
Particularmente en el sur del país, la industria del salmón tiene el potencial para aportar de manera muy significativa al cumplimiento de dicho propósito. Aunque hoy ella está deprimida por la crisis provocada por el virus ISA y la injustificada lentitud con que se ha actuado para ponerle freno —en especial en el tema legislativo—, Chile mantiene innegables ventajas competitivas para desarrollar este rubro en el primer nivel: el clima y la geografía son propicios, y cuenta con dos décadas de experiencia acumulada, trabajadores especializados y probado know how.
Hace sólo un par de años, esta industria generaba cerca de 50 mil empleos directos e indirectos y era el motor del desarrollo de varias comunas en el sur. Por la crisis en curso, en 2009 fueron despedidos casi 10 mil trabajadores, y la asociación gremial SalmonChile calcula que durante este año lo serán cinco mil más. Los alcaldes de la zona respectiva han manifestado su inquietud respecto de los difíciles meses que se avecinan por el desempleo y sus consecuencias.
¿Qué puede hacer el gobierno entrante para revertir esta tendencia y conseguir que la industria salmonera vuelva a crear puestos de trabajo?
En lo inmediato, impulsar el urgente despacho de la ley en trámite, despejando así una fuente de incertidumbre que ha actuado contra una recuperación más expedita —en días recientes, un empresario del sector nuevamente reconoció que las inversiones necesarias para recuperar la biomasa perdida están a la espera del marco normativo definitivo—. La administración saliente no ha podido alinear a sus parlamentarios en este tema y conseguir los consensos necesarios; si eso no sucede en los días que quedan hasta el 11 de marzo, será tarea de los equipos entrantes. Es muy positivo que el designado ministro de Economía haya señalado que impulsará la aprobación del proyecto.
Asimismo, el próximo gobierno deberá atender a que los cambios que introduce la nueva legislación se hagan realidad; por ejemplo, que las mayores exigencias sanitarias y ambientales se cumplan, y que efectivamente las concesiones de acuicultura puedan ser reordenadas en áreas de manejo coordinado, aisladas entre sí.
Habrá que realizar cuanto antes los estudios faltantes para determinar la ubicación precisa de los barrios de producción y de los pasillos de separación entre barrios, y diseñar mecanismos idóneos para transitar desde la situación actual a la deseada.
Superada la actual coyuntura, habrá que abocarse a corregir las conocidas deficiencias de la institucionalidad y la gestión de los organismos públicos involucrados, para que puedan cumplir cabalmente con sus roles de diseño de política, de fomento y de control de la actividad productiva.
Entre otros, podría considerarse el contar con partidas presupuestarias separadas para pesca y acuicultura, y elevar el rango jerárquico de las unidades de acuicultura en las distintas entidades públicas. Como en tantas otras áreas, también en ésta falta mucho por avanzar. La excelencia y el sentido de urgencia que el nuevo gobierno postula para su gestión podrían encontrar acá vasto campo de aplicación.
23/02/10
EL MERCURIO – CHILE
