La experiencia en operaciones como «Atalanta» ha llevado a España a impulsar esta política de protección.
La experiencia en operaciones como «Atalanta» ha llevado a España a impulsar esta política de protección.
Piratas, traficantes de drogas, inmigración ilegal, comerciantes de armas y terroristas han encontrado en el mar el campo en el que moverse sin las trabas de la tierra firme.
Parece que el ancho mar es inabarcable para la ley, difusa en aguas de nadie, complicada de ejecutar en las de cada uno. Todos esos criminales no sólo cometen delitos varios, sino que han mostrado la vía para que el terrorismo internacional alargue sus brazos a las aguas y ataque por donde menos los esperamos.
¿Se imaginan que un barco lleno de explosivos se metiera en el puerto de Cartagena o de Barcelona? Las consecuencias serían humanamente dramáticas, económicamente catastróficas y moralmente desoladoras. ¿La culpa sería sólo del país que le dejó entrar? O la pregunta debería ser: ¿quién se ocupa de que no pase? La respuesta: todos. Igual que se ha hecho en tierra desde el 11-S, compartiendo información, inteligencia y trabajo sobre el terreno para minimizar las posibilidades de los terroristas. Y mientras unos luchan en Afganistán para que no salgan de su madriguera, otros velan porque si uno escapa no llegue a morder. Un escenario de lucha total contra el terrorismo y el crimen.
Ahora le toca al mar, la próxima batalla global, el último terreno a conquistar. Hasta ahora esa idea era impensable. Cada uno vigilaba lo suyo y manejaba su información, pero no sólo en materia terrorista, sino en catástrofes que se podían haber evitado con más control y colaboración, como la del «Arctic Sea» o la del «Prestige». Ahora, la experiencia en tierra y la conjunción de fuerzas y esfuerzos militares en operaciones como «Atalanta» han llevado a España a impulsar una política de protección y vigilancia de los mares en la UE que ahora preside, conjugando la Política Marítima Integrada y la Política Común de Seguridad y Defensa, dos conceptos vitales para la seguridad de Europa.
Este plan pasa necesariamente por el consenso de todos los países y de los actores que figuran en el mar. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y las Fuerzas Armadas, pero también las instituciones civiles, tanto privadas como públicas. Todos ellos, españoles y europeos, pasaron por Madrid el jueves y el viernes, al seminario «Políticas marítimas para una Europa próspera y segura». Lo primero, la identificación del problema y de la urgencia de la necesidad de hacer algo, ya está logrado. Nunca tantos implicados en el mar se habían reunido bajo un mismo techo.
Ahora, una vez identificada la necesidad, hay que buscar los mecanismos que la solventen. El primero, la inteligencia y la información. Crear un espacio seguro en los mares requiere de colaboración sin romper las competencias de cada uno. Es decir, que un barco que vaya de Rótterdam a Sicilia esté bajo control de los países por cuyas aguas pasa, y que éstos tengan los datos de sus características, carga, nacionalidad… Una información sobre el tráfico marítimo compartida permitirá que más ojos identifiquen un potencial riesgo. A esto hay que añadir la cooperación entre las distintas policías y armadas de los países.
Pero además de la información, el «escudo» marítimo europeo necesita de las armadas para controlar, de modo casi «policial», aquellos inmensos vacíos que existen en el mar.
01/02/10
LA RAZÓN.ES

