Puerto Deseado, (C).- La pesca del erizo es una de las principales actividades extractivas que se realiza en el Estrecho de Magallanes; se trata de un ejemplar de aproximadamente 7 centímetros de diámetro que habita a una profundidad de 15 metros y cuya zafra realizada de manera manual a través de buzos se extiende desde marzo hasta septiembre con la participación de al menos 100 lanchas artesanales que proveen de materia prima a las 30 pesqueras radicadas en Punta Arenas.
Puerto Deseado, (C).- La pesca del erizo es una de las principales actividades extractivas que se realiza en el Estrecho de Magallanes; se trata de un ejemplar de aproximadamente 7 centímetros de diámetro que habita a una profundidad de 15 metros y cuya zafra realizada de manera manual a través de buzos se extiende desde marzo hasta septiembre con la participación de al menos 100 lanchas artesanales que proveen de materia prima a las 30 pesqueras radicadas en Punta Arenas.
El procesamiento del erizo es muy complejo y requiere de varios pasos que van de una primera limpieza donde se extraen las espinas y vísceras, pasando por otra fase donde se efectúa una limpieza más rigurosa, hasta llegar a la parte de secado donde se somete al producto a un deshidratado hasta quedar convertido en una pasta de color amarillo que luego compone el producto final que, una vez concluidos los pasos que se detallan, será exportado a dos principales mercados, Japón y Corea.
Crónica viajó a la Región magallánica, allí de manera exclusiva Berbabé Salinas, Jefe de Producción de la planta Valmar dedicada a la pesquería del erizo, brindó detalles sobre el proceso de esta especie de la que viven miles de chilenos. Comentó que el mismo requiere de extremos cuidados ya que no debe estar expuesto a cambios brusco de temperatura para no dañar su calidad.
"Existe un estricto control a través de Senapesca que es el ente que regula la cantidad de erizos que son procesados como así también las condiciones higiénico sanitarias en que se elabora el producto ya que éste debe ser exportado", reveló Salinas acotando que cada planta tiene un cupo 25.000 docenas de erizos por mes. "Son cupos otorgados por la Secretaría de Pesca, y cuando en los cinco meses que dura la zafra no se alcanza a completar esa cantidad, es muy posible que la zafra se extienda un mes más pero no más allá de eso" señaló.
El funcionario dijo que en la planta trabajan alrededor de 120 personas dependiendo de las docenas de erizos que ingresen por cada viaje que realiza la lancha. "La pesca no respeta fines de semana, y los horarios los marca la llegada de erizos a la planta; si de pronto descarga una lancha, los zafreros que trabajan a destajo y que son contratados por los tres meses que dura la temporada deben calzarse su ropa de fajina y comenzar la tarea, porque si no se los procesa a la brevedad, el producto pierde calidad", indicó Salinas.
Los pescadores
Son muchos los pescadores que se dedican a la pesquería del erizo. Carlos Medina es uno de ellos; marinero de la lancha Santa Julia, de 17 metros de eslora, que recién llegaba a puerto trayendo a la rastra un botecito relató que la vida en el estrecho está llena de sacrificios. "A pesar de que hay control y todo, siempre se está cerca de la muerte porque la vida en la pesca es muy sacrificada; yo hace cosa de unos cuantos meses he visto morir a mi compadre que se le incendió la lancha donde traía centolla", contó el pescador mientras intentaba defenderse del viento que azotaba con furia.
La extracción del erizo, según el relato del pescador, además de la lancha acarreadora está sostenida por cinco a siete botecitos con un motorista y un buzo que son los que trabajan para completar la carga de la lancha. " La gente de los botes arma su campamento en las islas y pasan la noche; al otro día salen de día tempranito; los erizos que van juntando los depositan en una jaula bajo el agua, cuando tienen una carga suficiente lo llevan a la bodega de la lancha, que una vez completa regresa al puerto y vuelve de nuevo aunque esa gente que anda recolectando en los botes se queda meses en el lugar hasta que termina la zafra", comentó el pescador que aseguró ser un afortunado porque no tiene remar en los botes ni vivir en carpas en las islas porque forma parte de la tripulación compuesta de tres hombres de la lancha Santa Julia. "Conozco muy bien en trabajo, hace algunos años supe andar navegando en los botes, ahora por suerte estoy en la Santa Julia", dijo por último no sin cierto orgullo.
10/07/07
CRÓNICA
