La pesca y las dudas de la economía en Malvinas

PUERTO ARGENTINO.- Sí, podría ser", responde con una sonrisa Lewis Clifton cuando se le sugiere la idea de reemplazar la oveja que aparece en el escudo isleño por un calamar. Clifton era un granjero sin muchas perspectivas de progreso, y hoy es un exitoso empresario gracias al negocio de la pesca.

PUERTO ARGENTINO.- Sí, podría ser", responde con una sonrisa Lewis Clifton cuando se le sugiere la idea de reemplazar la oveja que aparece en el escudo isleño por un calamar. Clifton era un granjero sin muchas perspectivas de progreso, y hoy es un exitoso empresario gracias al negocio de la pesca.

La gran transformación económica de las islas se produjo como consecuencia de un cambio en la matriz productiva. Mientras que antes de la guerra la principal actividad giraba en torno a la lana de oveja, el despegue posterior se originó a partir de la industria pesquera. En la actualidad la agricultura aporta el 7 por ciento del producto bruto interno; la pesca, en cambio, representa el 44 por ciento.

Cuando en 1986 se estableció una zona de exclusión y se introdujo una legislación para la concesión de licencias, la pesca aportaba 11,6 millones de dólares a las arcas. El negocio recibió un nuevo impulso cuando en 1990 los isleños extendieron de 150 a 200 millas la zona de exclusividad pesquera. Como consecuencia de ambas medidas, a mediados de la década pasada la pesca le reportaba a los kelpers 56,3 millones, especialmente gracias a los calamares Illex y Loligo (ambas especies respresentan el 72 por ciento de las capturas) y a la merluza negra, todos muy codiciados en los mercados europeo y asiático.

A partir de 2004 los isleños resolvieron cambiar el sistema de licencias. En vez de otorgar permisos anuales introdujeron un régimen de cupos individuales transferibles por 25 años, conocido por su sigla inglesa como ITQ (Individual Transferable Quotas). Esta medida motivó el retiro de la Argentina de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur, que compartía con Gran Bretaña para la cooperación científica y el control de barcos ilegales en la zona.

"Por su largo plazo este sistema otorga mayor previsibilidad y estabilidad en las decisiones de inversión, pero al mismo tiempo es flexible porque permite traspasar porcentajes de los cupos de pesca", detalla John Barton, director del Departamento de Pesca. Las oficinas de esta dependencia funcionan en una plataforma gigante fondeada frente a Puerto Argentino. De las paredes cuelgan imágenes de todas las especies de peces que se pueden capturar en el Atlántico Sur y mapas que dan cuenta de la preocupación del gobierno por el control de la pesca ilegal. Barton asegura que ya son quince las empresas que adquirieron las ITQ, por lo que considera que el cambio de sistema implementado progresivamente desde 2005 "ha sido exitoso".

El dilema de la sustentabilidad

Pero así como la pesca emerge como una síntesis del crecimiento vivido en las Malvinas tras la guerra, también refleja una de las preocupaciones más importantes de los isleños: la sustentabilidad económica en el mediano y largo plazo. La abrupta caída en el stock del calamar en 2004 y 2005 encendió luces de alerta para el gobierno isleño. Barton explica que el fenómeno se debió a "razones oceanográficas y a la sobrepesca", pero lo cierto es que se transformó en un recordatorio de la fragilidad económica de las islas.

"La sustentabilidad económica no es un logro que esté garantizado. La economía de las islas se autoabastece, salvo en materia de defensa, pero todavía adolece de vulnerabilidades. De hecho, en otros años hubo un superávit en el presupuesto que hoy permite tener rentas por colocaciones financieras (el gobierno tiene reservas por 330 millones de dólares), pero que en los últimos ejercicios no se pudo mantener", admite el jefe del Ejecutivo, Chris Simpkins.
J. L.

01/04/07
LA NACION

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