Si no fuera por los diques, dunas y defensas de alta tecnología, Holanda estaría cubierta por el agua. Pero las construcciones actuales no parecen ser suficientes para el futuro lejano.
Si no fuera por los diques, dunas y defensas de alta tecnología, Holanda estaría cubierta por el agua. Pero las construcciones actuales no parecen ser suficientes para el futuro lejano.
El lunes, un comisario especial para el plan Delta comienza con una importante tarea: convertir a Holanda en un país “resistente al agua” durante varios siglos.
Los holandeses han mantenido una relación de amor-odio con el agua a través del tiempo. Incomparables navegantes de los mares en el siglo XVII, los holandeses se enriquecieron con el comercio. Por eso, precisamente, ese período de la historia se conoce como “el siglo de oro”.
También la manera de ganarle tierras al mar, con sangre, sudor, lágrimas y también ingenio, causó una profunda impresión en el mundo. Los ingenieros hidráulicos holandeses siguen siendo requeridos más allá de las fronteras, para operar en zonas amenazadas o afectadas por las inundaciones, como Bangladesh y Nueva Orleáns.
Intensas tormentas
El agua evoca otros sentimientos cuando recordamos el 1 de febrero de 1953:
La desastrosa inundación en el suroeste de Holanda, que dejó casi 2000 muertos, cientos de miles de personas sin hogar y grandes extensiones de tierra bajo el agua.
En años posteriores, las aguas volvieron a destruir los diques pero nunca en las dramáticas proporciones de 1953.
La defensa costera se reforzó drásticamente después de esa fecha, por ejemplo, con el futurista y costoso sistema de defensa Oosterschelde, un dique de nueve kilómetros de longitud con compuertas corredizas que se cierran en caso de tormentas intensas. Pero durante la construcción de este dique y otros sistemas de defensa, nadie había oído hablar de términos como “efecto invernadero” y “cambio climático”.
Pies mojados
En el balneario marítimo de Scheveningen, un frío día de invierno. El óptico Hans Knoester, contempla el mar desde el dique que separa la playa de la calle comercial más antigua de Holanda, y señala:
“Si miramos hacia la derecha y hacia la izquierda, vemos que el mar se encuentra a un nivel más alto que el de mi comercio. Antes de construirse este dique, el agua podía llegar hasta la calle durante las tormentas. Eran los días de pies mojados y sótanos inundados. Eso quedó atrás, con la construcción de este dique hace algunas décadas.”
La nueva Comisión Delta hizo un examen crítico de la seguridad de todos los diques en Holanda, y concluyó que se debían elevar a gran escala. Hans Knoester se alegra de tener los pies secos, pero desde el punto de vista comercial, el dique de Scheveningen tuvo efectos desastrosos para él y los demás comerciantes.
“Los turistas se pasean por la playa, de este lado del dique, sin tener la menor noción de que detrás está la atractiva calle comercial, de valor histórico. Hemos perdido muchos clientes. Con la óptica podría vender muchas gafas de sol a los turistas. Me gustaría pedirle al nuevo comisario que agreguen atractivo a este dique que invite a la gente a atravesarlo, en lugar de caminar por debajo.”
Renovación
Hace dos años, la Comisión Delta advirtió que el riesgo de graves inundaciones aumentará en el futuro. Esto se debe principalmente a la subida del nivel del mar, como consecuencia del calentamiento de la tierra. A la vez, el suelo se está hundiendo y Holanda se encuentra a un nivel cada vez más bajo. El nuevo comisario Delta tendrá miles de millones a disposición para invertir en la elevación de los diques en un período de cuarenta años, efectuar una profunda renovación del dique Oosterschelde y también mejorar la situación en el interior. Así, los grandes ríos deberán disponer de mayor espacio para poder extenderse por fuera de sus cauces.
Harry Sanders es un jubilado que vive cerca del río Waal y sabe mejor que nadie que el río de vez en cuando se toma el espacio. Al igual que el óptico Knoesters, observa el panorama desde un dique de un metro de altura.
Ahí abajo podemos ver nuestra iglesia, de 700 años de antigüedad, y el cementerio con las tumbas de mis padres y mis abuelos, que se encuentra fuera del dique, no lejos del río. De vez en cuando las aguas llegan hasta allí pero no nos preocupamos mucho, siempre pensamos: bueno, nuestros muertos reciben su baño anual. Aprendí a convivir con esa amenaza. Hay que saber lo que se debe hacer cuando llega el agua. Primero salvar a las personas y los animales, luego el mueble antiguo de la sala. Tengo miedo, eso sí, de que se recorte el presupuesto de la comisión Delta por la crisis económica. Me gustaría pedirle al comisario que se mantenga firme, y defienda los planes con uñas y dientes. Si no tenemos seguridad, no quedará nada de Holanda…”
Holanda deberá armarse nuevamente contra las inundaciones. Si creciera diez metros el nivel del mar, prácticamente quedaría inundado todo el país. ¿Qué hacer, entonces? Habrá que recurrir nuevamente al ingenio.
31/01/10
RADIO NEDERLAND
