La flota costera marplatense: Tudo bem, tudo legal

La flota costera marplatense: Tudo bem, tudo legal

La modalidad de liquidar en blanco solamente una parte de lo que ganan los tripulantes y oficiales que se embarcan en esta flota, no sólo se mantiene, sino que genera serios perjuicios a las obras sociales sindicales.

La modalidad de liquidar en blanco solamente una parte de lo que ganan los tripulantes y oficiales que se embarcan en esta flota, no sólo se mantiene, sino que genera serios perjuicios a las obras sociales sindicales.

Aunque es una marca registrada, no deja de ser una mancha más a la ya embarrada imagen que tiene la industria pesquera marplatense. Que lamentablemente sigue vigente sin que nadie pueda lavarla.

Los recibos de sueldo con la liquidación de haberes de tripulantes y oficiales que se embarcan en gran parte de la flota pesquera que opera desde este puerto contienen verdades a medias y ocultan mentiras para evitar pagar impuestos.

La flota costera ha mostrado un crecimiento sostenido en su porción de desembarques en los últimos años, con acceso a casi todos los recursos pesqueros, que le permiten una versatilidad para esquivar las ondulaciones del sector.

Pero a pesar de la bonanza, es dentro de este grupo de barcos donde más se estiran las diferencias de lo que se reconoce en blanco a los trabajadores y lo que se abona por debajo de la mesa.

Salvo las honrosas excepciones de un par de armadores que pagan absolutamente todo en blanco, el resto dibuja liquidaciones. Son repetidos los recibos donde se liquidan 1.700 pesos por marea, cuando al bolsillo del Primer Pescador entraron 6.000.

En el Sindicato Obrero Marítimo Unido (SOMU) llevan una estadística algo imprecisa, pero no dudan en asegurar que se miente mucho. Están los que abonan el 45 por ciento de lo que gana el trabajador en blanco, pero también los que apenas reconocen el 25 por ciento. Todo lo demás, por afuera del recibo.

Las empresas más organizadas, o las que se sienten más inmunes para evadir impuestos y cargas sociales, colocan en el mismo recibo un ítem que señala “préstamo a descontar de aguinaldo”. Otros marcan “anticipos”, a los cuales, obviamente, no les hacen ninguna retención para aportes.

El lector mal pensado puede creer que para que esta situación se mantenga tantos años debe existir una complicidad del propio trabajador y hasta del mismo sindicato.

A decir verdad, es una situación compleja, puesto que muchas veces son las propias empresas las que presionan con el despido en caso de no compartir la forma en que liquidan los salarios.

Las obras sociales de todos los sindicatos marítimos son las que más sienten la anemia de fondos que aportan los trabajadores. Para financiarla, cada trabajador aporta entre el 7,5 y el 8,1 por ciento de su ingreso. El 3 por ciento lo pone el trabajador y el resto lo aporta la empresa.

Obviamente, en la medida en que las empresas armadoras no permiten que los ingresos de sus trabajadores sean debidamente liquidados, las obras sociales se nutren de lo poco que se blanquea.

Las obras sociales sindicales están encuadradas en las leyes 23.660 y 23.661 y lo que en su momento fue motivo de orgullo, hoy es una pesada carga que las pone en jaque: un sistema de aportes solidarios, que las obliga a brindar atención, aunque los aportes sean irrisorios para las necesidades actuales de funcionamiento.

En los recibos de marineros que se embarcan en los costeros de Mar del Plata, los hay de sobra.

Ahí surge otra piedra en el camino. Por ejemplo, el último convenio firmado entre el SOMU y la Asociación que los agrupa es el 335 del 2001, que fijaba en algo más de 200 pesos el salario básico para estar a la orden. Aunque ahora el salario mínimo vital y móvil llega a los 1.240 pesos, muchos armadores liquidan de acuerdo al CCT.

Esto genera aportes para la obra social de menos de 10 pesos mensuales, para todo un grupo familiar, que demanda atención y cobertura. 10 pesos, lo que vale un kilo de carne picada. Incluso cuando el salario no alcanza a cubrir el aporte mínimo para garantizar la cobertura, la empresa armadora destina un “aporte extraordinario”, de un par de pesos más, para quedar cubierta.

Una mirada más macro sobre la situación general de las obras sociales marítimas en Mar del Plata es aún más preocupante. Es que si a la evasión sistemática que se hace con el personal activo, se le suma lo poco que aportan los que apenas cobran el básico por estar a la orden, a partir de la merma en la actividad de la flota, se ingresa a un callejón sin salida que pone en riesgo a miles de trabajadores y su grupo familiar.

Por Roberto Garrone – Fotos de Guillermo Nahum

27/07/09
REVISTA PUERTO

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