La extraordinaria leyenda del Cabo de Hornos

‘Será mañana por la tarde. El líder de la Barcelona World Race, el Paprec-Virbac 2, afrontará entonces el hito marítimo más peligroso del planeta: doblar el legendario cabo de Hornos, considerado el Everest de la navegación deportiva. Jean-Pierre Dick y Damian Foxall serán los primeros en alcanzar el punto que marca el paso entre el continente americano y la Antártida, caracterizado por la presencia de icebergs, fuertes vientos y oleaje extremo que hacen que este lugar presente las condiciones de navegación más duras de los mares del Sur.

‘Será mañana por la tarde. El líder de la Barcelona World Race, el Paprec-Virbac 2, afrontará entonces el hito marítimo más peligroso del planeta: doblar el legendario cabo de Hornos, considerado el Everest de la navegación deportiva. Jean-Pierre Dick y Damian Foxall serán los primeros en alcanzar el punto que marca el paso entre el continente americano y la Antártida, caracterizado por la presencia de icebergs, fuertes vientos y oleaje extremo que hacen que este lugar presente las condiciones de navegación más duras de los mares del Sur.

Cabo de Hornos es el más austral de los tres grandes cabos que la flota de la Barcelona World Race debe superar para completar esta vuelta al mundo a dos y sin escalas. Los otros dos son el de Buena Esperanza (Suráfrica) y el cabo Leeuwin (Australia). Hornos se encuentra en la latitud 56ºS, lo que obliga a los navegantes a adentrarse en los "cincuenta aulladores" y los "sesenta bramadores", los peligrosos vientos que soplan por debajo de la latitud 40ºS, cuya fuerza se ve incrementada en este punto por el "efecto embudo" que se genera entre los Andes y la Península Antártica. Además, el fondo marino asciende bruscamente en esta zona y se crean corrientes contrapuestas, por lo se pueden encontrar olas de hasta 30 metros que varían su dirección de forma impredecible.

En 1616, el armador holandés Willem Schouten descubrió un paso navegable al sur del estrecho de Magallanes al que bautizó con el nombre de su ciudad de procedencia: Hoorn. Cuarenta años antes, el corsario inglés Francis Drake había sido el primero en comprobar la dureza de la navegación en estas latitudes cuando un temporal le llevó hasta la peor zona del hemisferio Sur, mientras intentaba llegar a Asia a través del estrecho de Magallanes. El paso por el cabo se consolidó como una importante ruta marítima mundial y hasta la construcción del canal de Panamá, en 1914, fue la única vía marina que conectaba las costas Este y Oeste de los Estados Unidos.

La fama del cabo de Hornos se extendió y se convirtió en el mayor reto para todos los navegantes del mundo, en parte por la alta cantidad víctimas que se han cobrado sus peligrosas aguas a lo largo de la historia. Las desapariciones de barcos eran habituales y sólo entre 1850 y 1900, más de un centenar naufragaron en las inmediaciones del cabo, algunos estrellados contra rocas o hielos flotantes y otros por no poder soportar la fuerza de los vientos. Los marineros y piratas de la época adoptaron la costumbre de ponerse un pendiente en forma de aro en la oreja que simbolizaba haber sobrevivido al paso del peligroso cabo.

El mito de Hornos fue reavivado por la navegación deportiva oceánica a lo largo del siglo XX. Por su situación remota y los peligros que lo rodean, doblar el cabo equivale al ascenso del Everest para un alpinista. Actualmente está considerado un auténtico bautismo marino, por lo que se condecora con un diploma de "cabohornero" a todos los que consiguen cruzarlo a vela..

El primer navegante deportivo que dobló el cabo de Hornos fue el británico Connor O’Brien, en 1923, y veinte años más tarde sería el argentino Vito Dumas el primer solitario en dar la vuelta al mundo por la ruta de los tres cabos. En 1968, el Sunday Times organizó la primera competición naútica de vuelta al mundo para solitarios, la Golden Globe, que únicamente fue completada por uno de los nueve tripulantes que tomaron la salida, el legendario Robin Knox-Johnston.

Uno de sus rivales, el francés Bernard Moitissier, que no comulgaba con los intereses comerciales de la regata, tras cruzar el cabo de Hornos renunció a subir el Atlántico para completar la circunnavegación y se dirigió al Índico por segunda vez para seguir navegando. Moitissier cuenta esta historia en su libro "La larga ruta", en el que se refiere así al temible cabo:

"La pequeña nube sobre la luna se movió hacia la derecha. Miré. Allí está, tan cerca, a no más de 10 millas de distancia y justo bajo la Luna. Y no hay nada más excepto el cielo y la luna jugando con el cabo de Hornos. Miré. Apenas podía creerlo. Tan pequeña y tan grande. Una colina, pálida y gentil; una roca colosal, dura como el diamante".’

09/01/08
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