La elite de los siete mares

La elite de los siete mares

El “Mari Cha IV”

El “Mari Cha IV”

En octubre de 2003 la embarcación Mari Cha IV marcó un capítulo en la historia de la navegación al completar el recorrido de Nueva York a Inglaterra en 6 días, pulverizando el record trasatlántico anterior de un monocasco al mejorarlo en nada menos que 2 días. En esa misma travesía también batió el record de distancia recorrida en 24 horas con 525,7 millas.

En estos momentos, el Mari Cha IV se encuentra en una campaña de navegación internacional que durará tres años y que contempla, además de las competiciones más destacadas, los intentos de batir nuevos records. Entre ellos se destaca -por su audacia- el de batir el “Jules Verne” de velocidad en una vuelta al mundo que actualmente está establecido en 93 días. El Mari Cha IV pretende batir esa cifra reduciéndola a menos de 80 días…

La embarcación, un monocasco de 42,6 metros de eslora es la más rápida (llegando a superar los 40 nudos de velocidad) y una de las más grandes del mundo. Desplaza unas 50 toneladas, posee dos mástiles de 45m de altura y una superficie vélica en ceñida de 730 metros cuadrados y hasta 1.400 metros cuando navega con vientos portantes. Las velas que componen el aparejo y se desarrollaron en la velería North Sails de Nueva Zelanda, son dos mayores, un asimétrico ligero, un asimétrico pesado, un Código Cero, un Génova ligero, un Génova pesado, dos velas de Estay, dos Trinquetas y un Spinnaker simétrico.

Detalles técnicos
• 140 pies de eslora
• Mástiles gemelos de 147 pies y medio de altura
• Construido en fibra de carbono
• Peso total: tan sólo 55 toneladas en su formato de regatista
• Calado 16’5” keel canted – 19′

El “Maltese Falcon”

Tom Perkins lo ha hecho todo. Hizo una fortuna, conquistó Silicon Valley, incluso fue el quinto esposo de Danielle Steel por un tiempo. Su empresa Kleiner Perkins Caufield & Byers fue uno de los primeros promotores de firmas como Genentech, Netscape y Google (con esta última se entiende bien la emvergadura que tienen estos nombres). Pero cuando cumplió los 70 hace unos pocos años atrás, Perkins decidió hacer algo incluso más grande y alocado: construir el mega yacht monocasco más, temerario, rápido y tecnológicamente avanzado del mundo. Pues, mis queridos amigos, algunos de nosotros admitimos que el “Maltese Falcon” de 289 pies botado en el 2006 es el sueño de la ingeniería hecho realidad.

No existe una definición estricta del mega yacht, pero todo el mundo está de acuerdo en que debe superar los 250 pies de eslora y en su aspecto general tender a los excesos, como son las piscinas climatizadas, los enormes camarotes, las cubiertas domeñadas por un solarium forrado en cuero y lugar extra para instalar el speedboat y dos o tres jet skis como lo más básico. Por estas razones, el concepto de mega yacht estuvo siempre circunscripto a los barcos a motor, siendo la consigna para los veleros el ser estos más esbeltos y minimalistas. Pero a Perkins no le importaban estas convenciones. El insistía en el poder del viento a la par que rechazó a rajatabla comprometer la velocidad en lo que fuera que sus diseñadores estuvieran construyendo. Su visión -una mezcla de rebeldía, capricho y nobleza, típica de los millonarios excéntricos- era bastante complicada, pero finalmente se encontró una solución que contemplaba el largo de la eslora, ya que “cuanto más eslora en un velero, más velocidad en un velero”. El resultado ha sido una combinación perfecta entre egolatría y practicidad; una maravilla de 130 millones de dólares que representa lo más avanzado en tecnología náutica de los últimos 150 años.

Para tener una idea de sus dimensiones, si este monstruo de tres mástiles y 1367 toneladas pasara por al lado de la estatua de la libertad, los topes de los palos estarían a la altura del librote que ésta sostiene en uno de sus brazos.

Con su velamen cuadrado desplegado, el Maltese Falcon se asemeja mucho a los grandes clippers que atravesaban los océanos allá por el siglo XIX. Pero su onda “nouvo retro” no se limita sólo al aspecto exterior; el corazón de la tecnología empleada en el mismo es un sistema novel de aparejo llamado DynaRig, el cual fue diseñado por un ingeniero naval -Gerald Dijkstra- basado en un concepto alemán de más de 50 años de antigüedad. La genialidad -y el riesgo- del DynaRig es el uso de mástiles autoportantes  “libres” que giran sobre su eje para orientar las velas con los vientos de turno. No hay prácticamente ningún cabo o cable dando vueltas por ahí, nada de molinetes ni aparejos; todo funciona apretando un par de botones que permiten desplegar los 26.000 pies cuadrados de vela escondidos en los mástiles huecos sobre unos rieles fijos asentados en las 6 perchas horizontales que posee cada uno. Es algo increible, demasiado revolucionario incluso para nuestra época. Cuando los primeros bocetos de Dijkstra aparecieron, el CEO de Perini Navi -la firma italiana que construyó el barco- dijo murmurando: “Sea lo que sea esta cosa, estoy seguro que no va a navegar…”. Incluso Rupert Murdoch -otro dueño de mega yachts y amigo de Perkins- cuando vio el diseño le preguntó a su colega si la gente no se asustaría demasiado del Halcón como para ni siquiera animarse a subirse a bordo y navegar en él. En fín, y eso que Murdoch no se intimida fácilmente, pero lo cierto es que la visión de aquellos tres mástiles de 192 pies desprovistos de los usuales stays -¡y encima rotando!- hubieran asustado a los mismísimos Colón o Magallanes.

La clave, como era de esperarse, ha sido la bendita y alabada fibra de carbono. Es fuerte, liviana y no se fatiga como el metal. Pero bueno, esto ya es algo bien sabido hoy en día. Aún así, y como medida preventiva para controlar posibles rajaduras y stress en el material, los mástiles están provistos de un entramado de fibra óptica que acumula la data mediante sensores y la envía en tiempo real a una consola ubicada en el puente de mando. Ante cualquier medición peligrosa, se reduce la presión del viento rotando los mástiles o disminuyendo el velamen, y todo tranquilo otra vez.

Docenas de microprocesadores, conectados por 131.000 pies de cables escondidos, automatizan casi todas las operaciones. El Halcón tiene 75 motores para mover las velas; 60 para enrollar y 15 para desenrollar. Todo está sincronizado por computadora, pero aún así el skipper tiene que implementar cada paso del proceso. Perkins fue muy explícito al insistir que no todo estuviera gobernado por la electrónica: “De ninguna manera dejaré que Bill Gates controle mi nave”, bromeaba en una entrevista, “no me gustaría tener que apretar Ctrl-Alt-Delete para reiniciarlo y que avance”.

El “Le Ponant”

Para aquellos que quisieran -y pudieran- darse el lujo de navegar unos días por el Caribe o las islas del Egeo pero encuentran estos destinos un tanto repetidos y hasta saturados, no duden en ampliar sus horizontes hacia las costas de las Seychelles y la mismísima Madagascar, para embarcarse en una nave de colosales dimensiones -pero siempre con mástiles y velas incluidas- llamada Le Ponant, la ninfa solitaria del Océano Índico. Sus espacios públicos están diseñados para recibir a todos los pasajeros juntos. Posee un amplio deck-solarium, un restaurant de cocina francesa. El Le Ponant está provisto de 32 cabinas, todas externas y perfectamente equipadas, listas para albergar un máximo de 62 pasajeros.

Detalles técnicos:

Bandera: Francesa – Año de construcción: 1991 – Año de remodelación: 2005 – Peso bruto: 1489 toneldas – Eslora: 88 m. – Manga: 12 m. – Velocidad de crucero: 14 kt – Tripulantes: 30 – Cubiertas: 4

A toda marcha y deslizándose sobre las olas como una seda celestial, esta lujosa maravilla de la ingeniería náutica mantendrá a todo el mundo completamente hechizado. Ahora, eso sí, mucho cuidado con los piratas…

Fuentes principales:
David A. Kaplan para el Newsweek – Mine’s Bigger: Tom Perkins and the Making of the Greatest Sailing Machine Ever Built (July 2007)

www.ponant.com
www.maricha.com

26/10/08
BARCOS MAGAZINE

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