El producto que se envía a Italia alcanzó los 0,28 euros y el descuento para industria llegó al 20%. La fragmentación del sector hace añicos las tablas de valores y abre una encarnizada guerra de precios.
El producto que se envía a Italia alcanzó los 0,28 euros y el descuento para industria llegó al 20%. La fragmentación del sector hace añicos las tablas de valores y abre una encarnizada guerra de precios.
El veredicto es unánime: el mercado del mejillón se hunde. Tras varios meses de enfrentamientos y polémicas, productores y comercializadores de este bivalvo coincidían ayer al emplear palabras como «caos» o «descalabro» para definir la situación en la que ahora se encuentra el sector. Y es que el mismo día en que la disciplina de la Plataforma para a Distribución do Mexillón de Galicia quedaba oficialmente rota, la guerra de precios ya había estallado en los muelles y las cotizaciones del bivalvo habían alcanzado mínimos difíciles de imaginar al comienzo de la campaña. El descalabro de los precios ha sido especialmente duro en las dos calidades de producto en las que la organización había centrado su atención: el mejillón con destino a industria y aquel que tiene como fin el mercado italiano. Los compradores de ambas calidades observan preocupados lo que se les avecina y entre ellos hay quien sospecha que el descalabro de los precios responde a un afán revanchista de los integrantes de Pladimega.
La Plataforma intentó hace meses eliminar el 8% de descuento que sistemáticamente se realizaba a las empresas transformadoras, pero la operación falló al mantener conserveras y cocederos el pulso. El 8% siguió aplicándose, y ayer a muchas fábricas habían llegado ofertas en las que se planteaba ampliar esa rebaja hasta un 20%. A priori podría parecer esta una buena noticia para los compradores de mejillón. Pero desde Agacome, Serafín Santórum afirma todo lo contrario: estas oscilaciones en los precios no hacen más que minar un mercado que necesita estabilidad. Máxime en un contexto de crisis en el que muchas empresas están pensándose dos veces cualquier tipo de operación.
También había intentado Pladimega actualizar los precios del mejillón que se destina al mercado italiano. De los 0,40 euros con los que se trabajó en años anteriores intentaron subir hasta los 0,60. Pero el mercado, afirmaron los depuradores, no admitía la nueva cotización. Ayer, con la Plataforma fuera de circulación, el precio de esa calidad oscilaba entre los 0,35 y los 0,28 euros -esta última cifra, ya por debajo del umbral de rentabilidad, establecido en los 0,30 euros-.
«Hai moito mexillón no mar que se tiña que ter sacado e que non se sacou, e agora a xente vai intentar vendelo como sexa», argumentaban ayer desde el colectivo de la depuración. A estos comercializadores de mejillón tampoco parece interesarles que el precio del bivalvo siga en caída libre. «O mercado italiano consume moito mexillón, entre 20 e 30.000 toneladas ao ano, e non se pode andar a xogar con el porque podemos perdelo», dicen quienes lo conocen.
Baile a la baja
En los muelles ya nadie duda de que una nueva guerra de precios se ha iniciado. En la Federación Arousa Norte están convencidos de que la desaparición de una organización que aglutinaba al 70% de las bateas provocará una caída en picado de las cotizaciones. Desde ese colectivo se augura, por ejemplo, que el precio del mejillón para Italia puede llegar a caer hasta los 0,18 euros, una cifra que llevará a muchos productores a operar en pérdidas. En cualquier caso, desde Arousa Norte aseguran no estar dispuestos a entrar en la dinámica del sálvese quien pueda ya que significa «el pan para hoy y el hambre para mañana». Desde la organización boirense garantizan que seguirán sirviendo el mejillón que envían a Italia a los 0,35 euros con los que ahora trabajan: un precio más que ajustado teniendo en cuenta la calidad del producto que entregan en los muelles.
También quienes hasta ahora llevaron las riendas de Pladimega observan con preocupación el campo después de la batalla. Durante meses, dicen, han actuado como paraguas en el que el resto del sector se amparaba para vender su producción.
Ahora ese paraguas se ha cerrado y los productores de Pladimega venderán como el resto: al precio necesario para poder aligerar la carga de sus bateas.
Esta guerra de precios no solo lastrará al mejillón que se envía a las fábricas o al que se destina a Italia: también el que tiene por fin el mercado nacional acabará resintiéndose. Los síntomas ya están ahí: el bivalvo calificado como «normal», que hasta ahora se vendía a 0,75 céntimos, ha entrado ya en la escalera descendente.
02/12/08
LA VOZ DE GALICIA
