La Comisión Ballenera Internacional (CBI), el organismo integrado por 85 países para regular la caza de ballenas, corre el riesgo de convertirse en una institución inoperante. Esa es la atmósfera que se respira en el primer día de su 61 conferencia anual, que se celebra hasta el viernes en Funchal, en la isla de Madeira, Portugal.
La Comisión Ballenera Internacional (CBI), el organismo integrado por 85 países para regular la caza de ballenas, corre el riesgo de convertirse en una institución inoperante. Esa es la atmósfera que se respira en el primer día de su 61 conferencia anual, que se celebra hasta el viernes en Funchal, en la isla de Madeira, Portugal.
El enfrentamiento entre los países protectores de las ballenas y de la moratoria que entró en vigor en 1986, y aquellos que practican la caza de manera irregular, liderados por Japón, Noruega e Islandia, mantienen en punto muerto las decisiones de esta agencia internacional desde hace un año.
La CBI no es sólo un organismo de protección y regulación de la caza de los cetáceos, sino un punto de encuentro de los mejores expertos y científicos de los grandes mamíferos marinos, que también podría verse perjudicado.
En el seno de la CBI se han creado dos grupos antagónicos de países que mantienen sus espadas en alto. En la pasada reunión hace un año en Santiago de Chile se creó una comisión especial con el fin de limar asperezas. Pero un año después, en Funchal, el desencuentro es aún más agrio.
«Vamos a intentar prolongar el proceso un año más», ha declarado William Hogarth, el estadounidense que preside la conferencia, ante las negras perspectivas. Hogarth ha mostrado su contrariedad ante la falta de acuerdos e incluso ha planteado que si en 2010 no hay acuerdo la CBI pueda romperse y los países actuar por su cuenta.
La polémica caza ‘científica’
No obstante, ha transcendido que Japón ha presentado una propuesta para conseguir un permiso «limitado» para cazar ballenas cerca de sus costas y limitar la caza en aguas antárticas, donde cada año matan 1.000 rorcuales.
Japón justifica que sus capturas las realiza con fines científicos, algo que critican los países contrarios, los ecologistas y los propios expertos que no consideran necesario matar miles de cetáceos para analizar sus vísceras.
«Es indignante. Esto significaría el fin de la moratoria», ha declarado Sandra Altherr, de la organización Pro Wildlife. «Sería una farsa», ha añadido Nicolas Entrup, representante de WDCS, otra ONG protectora de los cetáceos.
En Funchal también se decidirá sobre una propuesta presentada por Dinamarca en nombre de su territorio autónomo de Groenlandia, para cazar 50 ballenas jubartas al año, además de las más de 4.000 ballenas de menor tamaño que captura su población autóctona como cuota de subsistencia. Groenlandia no supera los 60.000 habitantes.
La propuesta ha caído como un jarro de agua fría entre los ecologistas y los principales países defensores de la moratoria. Ante la parálisis de la CBI, los ambientalistas considerarían un éxito que, al menos, no se aprobara la propuesta danesa.
La caza de ballenas no es la única amenaza a los cetáceos, que además tienen un índice reproductivo muy bajo. La contaminación, la sobrepesca y el cambio climático están detrás de muchos acontecimientos de mortalidad.
Precisamente estos días se presenta en Funchal el estudio realizado por Conservación Información y Estudio de Cetáceos (CIRCE), tras los varamientos de calderones comunes en el Estrecho de Gibraltar en el otoño invierno de 2006-2007.
22/06/09
EL MUNDO

