Las crisis pueden tener varios orígenes. Para los empresarios pesqueros la existencia o no de recursos disponibles para capturar puede ser la mayor preocupación, pero no la única. En estos días, las empresas que se dedican a la pesca del calamar viven tiempos de zozobra. La falta de un precio razonable que les permita afrontar los costos de seguir pescando los obligó a ordenar la vuelta a puerto prematuramente.
Las crisis pueden tener varios orígenes. Para los empresarios pesqueros la existencia o no de recursos disponibles para capturar puede ser la mayor preocupación, pero no la única. En estos días, las empresas que se dedican a la pesca del calamar viven tiempos de zozobra. La falta de un precio razonable que les permita afrontar los costos de seguir pescando los obligó a ordenar la vuelta a puerto prematuramente.
Se perderá así la posibilidad de que la pesquería del illex, especie de ciclo anual, genere su máximo rendimiento económico sostenible por haberse saturado la demanda en los principales destinos de exportación, con la consecuente caída de los precios.
Los economistas podrán explicar esta situación por la aplicación de la teoría de la oferta y la demanda, pero empresarios, trabajadores, proveedores y consumidores sentirán el sabor amargo de una zafra que podía dar mejores rendimientos pero que se asemeja más a una frustración.
Es cierto que la falta de precio puede explicarse y también es cierto que según el interlocutor con el que se hable podrá esbozar uno o muchos argumentos. Pero igualmente cierto es que pudo evitarse o al menos atenuarse. Los empresarios coinciden que la búsqueda de nuevos mercados para diversificar la colocación de la producción, la regulación de la pesca en la milla 201 donde se calcula que operaron entre 200 y 400 buques sobre el calamar generando una competencia desleal porque no tienen que afrontar los altos costos de operar desde tierra y hasta haber previsto con tiempo una ampliación de la capacidad de transporte y frigorífica para almacenar el calamar y no forzar a mal vender, son medidas que se deberían haber adoptado para prevenir el actual colapso del mercado del illex.
Todas y cada una hubiera contribuido a que hoy se tuviera un mejor horizonte. Por lo tanto, al actual escenario concurren responsabilidades y negarlo implica simplificar el problema.
En esa tentación parecen haber caído las empresas comercializadoras españolas, principal mercado del calamar argentino, donde se escuchan voces de queja y hasta acusaciones de deslealtad comercial respecto de la operatoria que estarían realizando empresas argentinas, muchas de ellas de capital español. Según la denuncia, se estaría enviando calamar procesado en plantas en tierra por debajo del precio de costo. En esta situación solo podrían encontrarse las empresas cuyo criterio de rentabilidad no depende directamente del calamar sino que se vincula con la pesca del langostino, pesquería a la cual solo pueden acceder cumpliendo con la obligación de tener plantas en tierra que generen trabajo para los argentinos.
La denuncia de competencia ilícita, además de incomprensible, es en demasía sesgada, ya que omite decir que también hay empresas que podrían decidir vender por debajo del precio correcto o del que deberían recibir para cubrir los gastos porque reciben subsidios de sus casas matrices que les resuelven los eventuales rojos de sus balances. Situación que sí las coloca en una competencia desleal frente a las empresas que, por no ser subsidiarias de otras, no acceden a esas facilidades. Y por otra parte los compradores españoles de calamar están pudiendo comprar tubo sucio de Argentina a precios que no cubren los costos de operaciones de los poteros.
Para hacer más complejo el problema se debe decir que en el año 2006, según datos de FAO GLOBEFISH 2007, España importó 83.600 toneladas de calamar proveniente de Argentina continental y 42.400 toneladas desde las Islas Malvinas, cifras que representan el 62,5 por ciento y el 31,7 por ciento, sobre un total de 133.600 toneladas importadas.
Sin duda, cuando las empresas españolas que pescan en del mar adyacente a Malvinas y también lo hacen dentro de las 200 millas de nuestra Zona Económica Exclusiva se adapten a la nueva legislación pesquera que sancionará dicha conducta, los problemas de sobreabundancia del illex y de mercado se aliviarán.
Nuevamente decimos que para asegurar la sustentabilidad de la pesca el primer requisito es asegurar la disponibilidad presente y futura de los recursos, pero el concepto no se agota en ello sino que requiere políticas públicas activas que aseguren también la sustentabilidad social y productiva de la pesca. Por su parte, gremios y empresarios deben aprender la lección que una inflación de costos también puede hacer inviable un a pesquería. Las distorsiones que hoy presenta el calamar son un ejemplo de lo que falta.
04/06/07
PESCA & PUERTOS
