La catástrofe ambiental de BP deja lecciones

Mientras el pozo de petróleo dañado sigue soltando millones de litros de crudo desde las profundidades del Golfo de México, el problema inmediato es cómo mitigar una catástrofe medioambiental que aumenta.

Mientras el pozo de petróleo dañado sigue soltando millones de litros de crudo desde las profundidades del Golfo de México, el problema inmediato es cómo mitigar una catástrofe medioambiental que aumenta.

CAMBRIDGE, EE.UU.- Sólo podemos abrigar la esperanza de que se contenga el vertido pronto y no se materialicen las hipótesis peores.

El desastre plantea una amenaza profunda a la forma como las sociedades modernas regulan las tecnologías complejas. La acelerada velocidad de la innovación parece estar superando la capacidad de los reguladores estatales para afrontar los riesgos y prevenirlos.

Los paralelismos entre el vertido de petróleo y la reciente crisis financiera son demasiado dolorosos: la promesa de innovación, la complejidad insondable y la falta de transparencia. Grupos de presión adinerados ejercen presiones sobre las estructuras de gobierno. Constituye un apuro para el presidente de EE.UU., Barack Obama, que propusiera aumentar las perforaciones en el mar justo antes de la catástrofe de BP.

La historia de la tecnología del petróleo, como la de los instrumentos financieros exóticos, era convincente. Los ejecutivos de las petroleras se jactaron de que podían perforar hasta una profundidad de dos kilómetros y después un kilómetro en sentido horizontal y acertar en su blanco con un margen de error de unos metros. En lugar de un mundo en el que se hubiera llegado a la tasa máxima de extracción de petróleo, la tecnología ofrecía la promesa de aumentar el abastecimiento.

Los funcionarios occidentales se dejaron influir por la preocupación por la estabilidad del abastecimiento en Medio Oriente. Algunos países en desarrollo -en particular, Brasil- han descubierto yacimientos frente a sus costas.

Ahora todo está en el aire. En EE.UU. las perforaciones marinas parece que seguirán el mismo camino que la energía nuclear, pues se dejarán los nuevos proyectos en un cajón y una crisis en un país puede llegar a ser mundial. ¿Pondrá en peligro Brasil su espectacular costa? ¿Y Nigeria, donde otros riesgos resultan intensificados por las luchas intestinas?

Los expertos sostienen que las perforaciones marinas nunca tuvieron posibilidades de representar más que una pequeña proporción del abastecimiento mundial, pero ahora habrá más preocupación por las perforaciones profundas en cualquier medio ambiente y el problema no se limita al petróleo. La noticia de estos días en materia de energía es la revolución en la tecnología para explotar el gas de esquisto. Como hay reservas cerca de zonas pobladas, los gobiernos tendrán que atemperar su entusiasmo.

El problema de la combinación de complejidad, tecnología y regulación se da en muchos otros sectores de la vida moderna. La nanotecnología y la innovación en materia de creación de organismos artificiales ofrecen una posible bendición para la humanidad, al prometer la creación de nuevos materiales, medicinas y técnicas de tratamiento. Aun así, resulta difícil un equilibrio entre el riesgo pequeño de un desastre grande y el apoyo a la innovación.

Las crisis financieras son casi consoladoras en comparación. Han sido una característica periódica del paisaje económico durante siglos, pero las sociedades les sobreviven.

Cierto es que quienes pensaban: "Esta vez es diferente", antes de la reciente Gran Recesión, resultaron estar equivocados, pero, aun cuando no estemos mejorando en nada a la hora de afrontar las crisis financieras, tampoco ha empeorado la situación.

Tal vez los dirigentes del G-20 no hayan hecho un trabajo brillante al tapar el agujero en el sistema financiero. Los pavorosos problemas de la deuda soberana en Europa continental y los que están fraguándose en EE.UU., Japón y otros países lo demuestran, pero, comparados con los esfuerzos de BP para tapar su agujero de petróleo, los dirigentes del G-20 parecen omnipotentes.

China, con su estrategia de "aprovechemos el auge ahora y ya abordaremos más adelante la cuestión del medio ambiente", debe observar el Golfo de México. La economía nos enseña que, cuando hay una enorme incertidumbre en materia de riesgos catastróficos, es peligroso confiar en el mecanismo de los precios para acertar con los incentivos. Los economistas saben mucho menos sobre cómo adaptar la regulación a lo largo del tiempo a los sistemas complejos con riesgos en constante transformación y mucho menos aún cómo concebir instituciones reguladoras sólidas. Hasta que se entiendan mejor esos problemas, podemos estar condenados a convivir con un mundo de la regulación con objetivos desproporcionados, ya sea por exceso o por defecto.

El sector financiero está avisando que la nueva regulación puede ser desproporcionada, es decir, dificultar el crecimiento. Pronto podríamos afrontar las mismas preocupaciones en materia energética. Dadas las dimensiones de lo que está en juego financieramente, lograr un consenso mundial será difícil, como lo demostró el fracaso de la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático.

990
millones de dólares

• Es a lo que ascienden los costos del derrame de petróleo de la británica BP (socia de Pan American Energy) en el Golfo de México.

Kenneth Rogoff
Para LA NACION

Project Syndicate 1995-2010El autor fue economista jefe del FMI y es profesor de Economía en la Universidad de Harvard

06/06/10
LA NACION

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