La Argentina, tierra de especies que se encuentran en situación de riesgo

La Argentina, tierra de especies que se encuentran en situación de riesgo

Según la Fundación Vida Silvestre, son 400 los grupos amenazados. Entre ellos se encuentran el yaguareté, el delfín del Plata y el aguará guazú. El zoológico de nuestra ciudad apuesta a su reproducción en cautiverio. Y tuvo éxito con varias de ellas. El triste recuerdo del zorro lobo de Malvinas.

Según la Fundación Vida Silvestre, son 400 los grupos amenazados. Entre ellos se encuentran el yaguareté, el delfín del Plata y el aguará guazú. El zoológico de nuestra ciudad apuesta a su reproducción en cautiverio. Y tuvo éxito con varias de ellas. El triste recuerdo del zorro lobo de Malvinas.

El calentamiento global, la caza indiscriminada y el progresivo desmonte que convierte a sus ambientes naturales en tierra apta para el cultivo son sólo algunos de los factores que amenazan a las distintas especies a lo largo y ancho de la aldea global. Tan crítica es la situación que la Lista Roja que recientemente dio a conocer la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) incluye a 41.415 grupos (animales y vegetales) amenazados, entre los que hay 16.306 en peligro de extinción. La comparación viene al caso: son, prácticamente, doscientas más que en 2006.

Preocupante para unos, escandalosa para otros, esa nómina obliga a preguntarse ¿y por casa cómo andamos? Pues bien, según se informó desde la Fundación Vida Silvestre (FVS) hay unas 400 especies argentinas a las que se considera en situación de riesgo.

Claudio Bertonatti, miembro de esa entidad, explicó en tal sentido que “el yaguareté, el águila arpía, el delfín del Plata, el aguará guazú y el oso hormiguero no figuran como especies amenazadas a nivel mundial. Pero en nuestro país su estado es crítico y, de hecho, ya se extinguieron en muchas provincias”.

Es precisamente aquí donde cobra particular relevancia el trabajo silencioso pero constante que se viene realizando en el Jardín Zoológico de La Plata para lograr la reproducción de ejemplares en cautiverio.

En diálogo con Hoy el director coordinador de ese paseo, Marcos Juárez, comentó que las especies sobre las que vienen trabajando son el aguará guazú (que ya tuvieron crías), la tamandúa u oso melero, los flamencos y las pavas de monte.

Pero eso no es todo: también trabajan y con éxito en la reproducción de guacamayos (de los géneros ara y amazona) y el cóndor, cuyos huevos son enviados a la incubadora con la que cuenta el Zoológico de Buenos Aires.

Los nuevos proyectos incluyen al oso hormiguero, al ocelote (un felino de hábitos nocturnos que se alimenta de pequeños mamíferos y que habita desde Estados Unidos hasta esta parte del continente).

A todas ellas acaba de sumarse el tapir, a partir de la llegada de una hembra que espera por su pareja, tal como lo informó Hoy en su edición del viernes último.

Los que ya no están

Hasta aquí las especies que merecen un cuidado especial y sobre las que trabajan tanto los zoológicos como las entidades consagradas a la protección de la naturaleza. Muy distinta es la suerte que corrieron aquellas que alcanzaron la triste categoría de extintas, como el zorro lobo de las islas Malvinas y un insecto prácticamente ignoto que se llamaba coleóptero acuático de D’Orbigny.

Por tratarse de un mamífero -y para que la historia no se repita- aquel zorro merece que se le dediquen algunas líneas: era más bien robusto y bastante parecido al zorro colorado, que aquellos que tienen suerte pueden ver desde sus vehículos cuando transitan por los caminos de nuestra Patagonia.

Tenía unos 90 centímetros de largo, más otros 30 de cola. Su pelaje era tupido para hacerle frente al clima de las islas usurpadas por los británicos, y tenía una tonalidad tirando a amarillenta con la punta de los pelos negros.

La última vez que se los vio fue hace ya más de un siglo, cuando -astuto como todos los de su linaje- trataba de pasar inadvertido entre los pastizales para acercarse, quizá, a los nidos en los que procuraba su dieta.

Se comenta que comenzó a extinguirse hacia 1839 cuando los loberos norteamericanos lo cazaron en gran número, y que el golpe final se lo aplicaron en 1873 los ganaderos escoceses que lo veían como un peligro para sus ovejas.

Dicen que el propio Charles Darwin se refirió a esos magníficos ejemplares en 1833: “El único cuadrúpedo indígena de la isla es un zorro grande que se parece al lobo; es común tanto en la parte oriental como en la occidental…”, se asegura que escribió en su diario de viaje.

Piden a gritos

Como extintas, pero en “estado silvestre” figuran tres especies de caracoles de los rápidos de Apipé, mientras que la rana de la meseta de Somuncurá, el pino Paraná, el pato serrucho y el chorlo polar están en “peligro crítico”.

“En peligro” se encuentran también el alerce, el palo rosa, el huemul, el gato andino, la ballena azul y el cardenal amarillo, mientras que como “vulnerables” están el tatú carreta, el tiburón espinoso, la loyca pampeana, el tapir, el pájaro campana, el pudú, el flamenco andino y el ciervo de los pantanos.

Otras especies argentinas amenazadas, con las que la entidad conservacionista trabaja, son el venado de las pampas y las tortugas terrestres.

Entre las especies amenazadas se encuentra, como se dijo, el yaguareté, un bello y enorme felino -tanto que es el mayor del continente-, que fue declarado monumento natural para protegerlo de la destrucción de su ambiente y de la caza furtiva.

Hoy en día se lo puede encontrar en las provincias de Misiones, Jujuy, Chaco y Salta, cuya selva de Yungas se encuentra en jaque por los desmontes (y constituye una obsesión para los miembros de la agrupación ambientalista Greenpeace).

Estos formidables ejemplares pueden pesar hasta 130 kilos y medir unos 80 centímetros desde el lomo hasta el piso.

Son decididamente fuertes y letales: se alimentan de ciervos, tapires y de ganado vacuno. Pero se tornan frágiles y hasta vulnerables frente a la voracidad del más peligroso de los animales: el hombre, ¿o acaso hay otro?

17/09/07
HOY

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