Enrique Barreira, coautor del Código Aduanero, cree que las limitaciones al comercio "no son lo que más le conviene al país"
Enrique Barreira, coautor del Código Aduanero, cree que las limitaciones al comercio "no son lo que más le conviene al país"
A Enrique Barreira le duelen los descalabros normativos del comercio exterior pergeñados durante los últimos años. No tanto por la desaprensión con que se trata al Código Aduanero -compendio del que fue uno de los autores-, sino como un argentino más, convencido que las limitaciones actuales "no son lo que más le conviene al país".
Socio del Estudio Barreira, Rodríguez Larreta, Sciutto Klot, Vidal Albarracín, especializado en los flancos jurídicos y operativos del comercio internacional, Barreira dirige, además, la Revista de Estudios Aduaneros desde 1992 y representa, en el Consejo Consultivo Aduanero al Centro de Exportadores de Cereales. Aquí, algunas de sus reflexiones en diálogo con LA NACION.
-¿Puede esperarse que desde el exterior se tome alguna acción contra la Argentina por sus trabas al comercio?
-Hay invitaciones para negociaciones por las licencias no automáticas. La desgracia es que sean los extranjeros los que digan que tenemos que cumplir con nuestras leyes.
-¿Tiene que dirimirlo entonces la Justicia local?
-No veo por qué haya que cargar a los hombres de la Justicia con responsabilidades que les corresponden a los hombres del Ejecutivo, que tienen que cumplir la ley y últimamente se caracterizaron por violarla. El Poder Judicial no está hecho para corregir al Poder Ejecutivo en las más pequeñas medidas sino para evitar los desbordes.
No podemos pretender que la Justicia corrija ésto porque hay una zona gris entre la medida ilegítima y la medida que, siendo legítima, es totalmente contraria a una situación de beneficio para el país. No puede cuestionarse desde la Justicia la política económica, arancelaria o industrial. Para eso está el Congreso, hoy adormecido, que no cumple su función porque no está representando a la población sino a la jerarquía de los partidos políticos que, hace tiempo, se divorció de su compromiso con el pueblo.
-¿Hay una situación de desborde jurídico en la normativa del comercio exterior?
-Si.
-Y pese que lo considera una "desgracia", ¿cree que una advertencia externa puede funcionar?
-Si. Juan Bautista Alberdi, en las Bases [ Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina ] ya decía que era necesario que la Argentina se obligue con tratados internacionales porque es la única manera para que los gobernantes argentinos cumplan con la ley (Risas).
-¿Se están vulnerando tratados internacionales?
-Si, claramente, con las licencias no automáticas [al excederse con los plazos estipulados para su otorgamiento].
-¿Hay protestas internacionales por este incumplimiento?
-Es muy curioso que no haya habido reacciones en el Mercosur, y se debe a la gran tolerancia de Uruguay, y de Brasil, que adoptó una actitud muy madura.
-¿En qué sentido?
-Brasil no se preocupa por que la Argentina se deshaga a sí misma. Siempre encontró en la Argentina una competidora, y la anuló. Por torpeza de los propios argentinos. El que sabe lo que quiere no se fija en lo que hacen los demás. Nosotros nos fijamos en lo que hacen los demás porque no sabemos lo que queremos hacer. Y el que no hace lo que quiere termina haciendo lo que quieren los demás. La política argentina debería ser "tener" una política argentina, propia. Anteayer éramos ciento por ciento apertura económica, privatizaciones y Estado cero; hoy somos Estado ciento por ciento y cierre de la economía.
-¿Le cabe responsabilidad al empresariado?
-Si, y al sector político y al sindical. Falta el sentido común. El empresario, muchas veces, se juega la de él. Durante un tiempo la política adoptada por la Unión Industrial Argentina (UIA) fue tratar de sacar ventajas. Pero cuando llegó Cavallo [Domingo, ex ministro de Economía] le dijo a un sector acostumbrado a la protección arancelaria y a un tipo de cambio conveniente que se acababa todo, y que se las arregle. Todo debe ser gradual. Pero la Argentina parece que no puede esperar. Todo tiene que ser para mañana, porque necesito la foto. Y esto es un problema moral.
Rondó el espectro del IAPI
El espectro del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), la máxima expresión del intervencionismo estatal, creado en mayo de 1946 bajo la órbita del Banco Central, todavía atemoriza a los exportadores, sobre todo de commodities, con el avance de topadora que las resoluciones de la Oncca fueron imprimiendo a la operatoria comercial.
Si bien, las especulaciones sobre su reinstauración perdieron algo de fuerza, es un hecho que en muchas dependencias oficiales, y hasta en la mesa de entradas de las bibliotecas de la Secretaría de Comercio, los pedidos de antecedentes se multiplicaron.
"En su momento, el grave problema del IAPI fue que si a uno le pasaban el dato de qué licitaría el gobierno para exportar, podía posicionarse a tiempo con un gran precio. Se hacía rico de la noche a la mañana ", comentó Barreira.
-¿Qué es lo que más le preocupa del intervencionismo estatal?
-Lo que sucede es que se estatizan paredes, no tecnología o conocimiento. Si decidieran reinstaurar el IAPI, eso no les garantizará conseguir las cadenas de distribución, manejada por la misma gente hace 200 años. La política inteligente es aliarse con los que lo pueden hacerte prosperar. Pero si se expropia, se nacionaliza, y se pretende hacer el trabajo de los que son más aptos que el Estado, se pierde.
-¿Las aceiteras y cerealeras lo ven como una posibilidad?
-Creo que la máxima preocupación viene por el lado de las resoluciones de la Oncca, en particular la 543/2008, que fue objeto de reclamo impropio [que estableció los requisitos para inscribirse en el Registro de declaraciones juradas de exportaciones, el ROE Verde].
El IAPI nacionalizó el comercio exterior, y se pensaba, equivocadamente, que el beneficio que obtenían los exportadores de cereales o carne se lo podía quedar el Estado.
Por Emiliano Galli
07/07/09
LA NACION
