Durante 43 días una expedición documentó por aire, mar y tierra la vida en el continente blanco.
Durante 43 días una expedición documentó por aire, mar y tierra la vida en el continente blanco.
El explorador Alfredo Barragán, de 58 años, asegura haber vuelto de otro planeta llamado Antártida.
"El nombre de la expedición, Finis Terra, fue un error. El fin del mundo es Ushuaia. La Antártida no es comparable a nada del mundo conocido", dice Barragán, que recorrió, junto con otros seis exploradores del Centro de Actividades Deportivas, Exploración e Investigación (Cadei), el continente de hielo más austral del planeta durante 43 días.
"Allí no hay violencia, ni dinero ni contaminación. Y es el único lugar de la Argentina donde los distintos gobiernos han mantenido, durante 103 años, una verdadera política de Estado. Por todo ello es que considero que la Antártida, evidentemente, no está en este mundo", opinó Barragán.
El proyecto del Cadei fue aprobado e incluido dentro del Programa Antártico Argentino para la temporada 2006-2007 por la Dirección Nacional del Antártico (DNA), que es la dependencia que rige el quehacer argentino en ese continente, y contó, para su ejecución, con el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas.
"El propósito de Finis Terra era realizar un trabajo documental en la Antártida para luego difundir el material y así concientizar y sensibilizar a la población mundial sobre esa situación y su importancia para el ecosistema global", explicó Barragán, que en 1984 realizó la trascendente expedición Atlantis, que le permitió cruzar el océano Atlántico en una balsa de troncos, y agregó: "Nuestra gran meta era alcanzar la base Belgrano II, situada en el paralelo 78°, a sólo 12° del polo, y a donde únicamente se puede llegar a bordo del rompehielos ARA Almirante Irizar una vez al año".
Lo cierto es que los siete exploradores de Cadei, que a lo largo del viaje fueron apodados "la brigada de viejitos piolas" por la tripulación del barco, ya que tienen entre 48 y 60 años de edad, lograron eso y mucho más.
El 18 de enero partieron de la Base Aérea de El Palomar en un Hércules C-130 de la Fuerza Aérea rumbo a Ushuaia, donde practicaron kayakismo en el canal Beagle, puerta argentina de la Antártida.
Y el 22 zarparon a bordo del rompehielos de la Armada, en el viaje que todos los años realiza para el reaprovisionamiento de las bases argentinas, hacia el continente más alto del planeta, la Antártida, que tiene un espesor de hielo que lo cubre de casi 2000 metros y donde las temperaturas alcanzan los 78 grados bajo cero.
Durante los 43 días siguientes navegaron 6200 millas (11.000 kilómetros), visitaron doce bases antárticas argentinas y extranjeras, estuvieron dos semanas dentro del círculo polar antártico, bucearon entre icebergs, exploraron grietas y escalaron témpanos flotantes. Todo ello quedó documentado y registrado en 15.000 fotografías digitales y 25 horas de filmación de alta resolución.
"La idea es hacer un audiovisual con las fotografías, que sea de utilidad a la DNA y a las FF.AA., que son los protagonistas del quehacer antártico, y realizar programas televisivos con la filmación para que contribuyan a la difusión de la realidad antártica", explicó Barragán.
Ahora bien, las experiencias vividas fueron únicas y numerosas. Barragán destacó, entre otras, haber buceado durante una hora y cuarto en aguas con temperaturas de 1,3° bajo cero y haber desplegado una bandera argentina en un témpano flotante que se había desprendido del territorio argentino, en el Mar de Weddel.
Esta última fue, según el explorador, la experiencia más significativa de la expedición: "Primero caminamos un kilómetro sobre el mar congelado hasta llegar al inmenso témpano, de unos 40 metros de alto, que escalamos con técnica de montaña. Y una vez arriba de éste, desplegamos la bandera argentina sobre una de sus paredes. Fue sumamente emotivo", sostuvo.
Por Adriana M. Riva
De la Redacción de LA NACION
Foto: Expedición Finis Terra
Cambio climático
Los exploradores de Finis Terra pudieron advertir, con preocupación, evidencias irrefutables de los efectos del calentamiento global en la Antártida: "En las islas Shetland, por ejemplo, navegamos en zonas que en las cartas náuticas aún figuran como frente de glaciar. Y en la Base Naval Jubany, en la isla 25 de Mayo, donde antes sólo nevaba, fuimos testigos de una lluvia que era algo impensable décadas atrás", indicó Barragán.
19/03/07
LA NACION
