Esta iniciativa integracionista reimpulsada recientemente por Brasil, Chile y Bolivia – stricto sensu – tiene que ver más con un corredor "interoceánico" que con un corredor "bioceánico" ya que, según los expertos, este último concepto significa más bien unir o hacer confluir las aguas de dos océanos (como en el caso del Canal de Panamá o del Estrecho de Magallanes).
Esta iniciativa integracionista reimpulsada recientemente por Brasil, Chile y Bolivia – stricto sensu – tiene que ver más con un corredor "interoceánico" que con un corredor "bioceánico" ya que, según los expertos, este último concepto significa más bien unir o hacer confluir las aguas de dos océanos (como en el caso del Canal de Panamá o del Estrecho de Magallanes).
SANTA CRUZ, Bolivia.- Por tanto, hablar de un corredor "interoceánico" resultaría más apropiado para referirse al deseable "puente carretero" que conecte los puertos chilenos y brasileños sobre el Pacífico y el Atlántico, respectivamente, cruzando la geografía de los tres países.
La esperanza de que esto ocurra es muy grande en Bolivia, a fin de superar la triste realidad que hoy nos hace ver más bien como un verdadero país tranca no sólo en la iniciativa integracionista física sudamericana, sino también ahora, a la escala que impone el desafío de la globalización.
País tapón
Hoy por hoy, tendemos a ser vistos como un país problema, en lugar de una solución. Habrá que recordar que varios gobiernos en el pasado acuñaron generosos conceptos para Bolivia -país bisagra, país de contactos, país de encuentro-, pero lo cierto es que seguimos siendo un país tapón, desperdiciando las enormes posibilidades de articular cargas internacionales. ¡Si ni siquiera internamente estamos bien integrados entre el Oriente y el Occidente con rutas y ferrocarril, ya que en este país la política siempre le ganó a la economía!
Es de esperar que la Declaración de La Paz -suscripta por los presidentes de Brasil, Chile y Bolivia a fines de diciembre-, que fijó el año 2009 como plazo para la entrega del Corredor Atlántico-Pacífico, no corra igual suerte que aquel Comunicado de Brasilia que emitieron en septiembre de 2000 unos 12 países sudamericanos para llevar adelante la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (Iirsa).
Y es que ni siquiera el Proyecto Iirsa fue capaz de impulsar de mejor manera los ansiados corredores con que sueñan los exportadores bolivianos a fin de poder reducir los costos de exportación; o los importadores bolivianos, para adquirir productos a menor precio; o los prestadores de servicios, para convertir a Bolivia en un verdadero articulador de cargas internacionales, con los efectos multiplicadores que ello conllevaría.
Uno de los más graves problemas que afectan el comercio exterior boliviano es, sin duda alguna, la infraestructura de transportes, por tanto de su correcta resolución depende la viabilidad del negocio a futuro, y la misma lógica se aplica ahora para terceros países que dependen de la logística boliviana.
Sin embargo, no sólo el bajar costos resulta vital para Bolivia, sino el tener rutas con características de corredores internacionales que, siendo expeditas todo el año, puedan ser vistas más bien como verdaderos ejes de desarrollo o de integración, y no sólo como corredores de una sola vía.
Círculo virtuoso
Contar con una ruta portentosa como la que se ha propuesto significaría la posibilidad de generar mayores fuentes de empleo, beneficiándose del incremento del flujo de transporte, de puertos secos para la consolidación y el manipuleo de la carga, la venta de combustible y de servicios de hotelería, gastronomía y turismo, entre otros.
A no dudarlo, se trata de una apuesta que podrá tener el éxito esperado, más por el interés de Chile y Brasil, que por la atávica aspiración boliviana o la postergada integración sudamericana. Lo cierto es que la necesidad de acortar distancias y costos derivada de la globalización brinda la oportunidad de que colosales volúmenes de carga vayan y vengan desde los países y bloques allende el Pacífico y el Atlántico, y para ello es imprescindible tal obra.
Un valor agregado de tal iniciativa sería que las rutas contaran con un buen mantenimiento en Bolivia y dejaran de ser víctimas de los insufribles bloqueos a los que se ha visto sometido el país durante los últimos años.
Por Gary Antonio Rodríguez Alvarez
Economista, magíster en comercio internacional y gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE).
Para LA NACION
02/01/08
LA NACIÓN
