Injustificada alarma en Gualeguaychú

A mediados de febrero pasado, más de un centenar de bañistas denunciaron, de pronto, haber sido aparentemente afectados por la aparición sorpresiva de sarpullidos y erupciones cutáneas luego de bañarse en aguas del balneario privado Ñandubaysal, en las cercanías de Gualeguaychú.

A mediados de febrero pasado, más de un centenar de bañistas denunciaron, de pronto, haber sido aparentemente afectados por la aparición sorpresiva de sarpullidos y erupciones cutáneas luego de bañarse en aguas del balneario privado Ñandubaysal, en las cercanías de Gualeguaychú.

La consiguiente alarma se reflejó, de inmediato, en distintos medios. Las autoridades locales ordenaron el cierre preventivo del balneario por 48 horas, y la inmediata realización de los estudios técnicos del caso, tomando muestras de agua en el acto. Realizados los estudios, no se halló vinculación alguna de lo sucedido con la planta celulósica emplazada en la orilla uruguaya del río. Tanto los trabajos encargados por el gobierno nacional como los dispuestos por las autoridades municipales locales "no arrojaron variaciones respecto de lo que venía ocurriendo con el río en los últimos días", según anunció el intendente Juan José Bahillo en un encuentro con la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú.

Se detectó, en cambio, que el color del agua estaba un poco más turbio de lo habitual y con un nivel más elevado de materia fecal. El propio titular del balneario había reconocido elípticamente, luego del incidente, que el río Uruguay está "cargado de cosas ajenas" que todas las ciudades de ambas márgenes, aguas arriba, tiran al río, lo que aparentemente es así.

Por lo demás, en las últimas semanas se ha destacado que las aguas que bajan en el río Uruguay -atento la existencia de islas paralelas a la costa que conforman un aparente corredor propio de agua- no impactan directamente sobre el balneario, que sí recibe, en cambio, el aporte de las aguas del río Gualeguaychú, que está contaminado desde hace tiempo. Si esto fuera efectivamente así, la solución del tema estaría, una vez más, en nuestras propias manos.

13/03/10
LA NACION

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