Hacen migraciones sin salir del país

Son docentes y médicos que, ante la falta de lanchas, están autorizados a cruzar por la represa de Yacyretá. Insólita rutina en Corrientes. Las dificultades para viajar desde y hacia la isla de Apipe.

Son docentes y médicos que, ante la falta de lanchas, están autorizados a cruzar por la represa de Yacyretá. Insólita rutina en Corrientes. Las dificultades para viajar desde y hacia la isla de Apipe.

Todavía es noche cerrada en la isla correntina Apipé Grande cuando la lancha pasajera proveniente de Ituzaingó, después de una hora y media de navegar el Paraná río arriba, amarra a las seis y media en el puerto de San Antonio. En el horizonte sólo se ven las luces naranjas que iluminan la represa hidroeléctrica Yacyretá.

Mientras los pasajeros a bordo dejan la embarcación, una larga fila espera desde muy temprano para hacer el viaje inverso, rumbo a tierra firme. Pero sólo los 38 primeros podrán subirse: el resto deberá esperar quién sabe hasta qué hora para que otra lancha salga de la isla y los pueda llevar.

Tres horas después, llega al mismo puerto un barco de la Prefectura Naval Argentina con un grupo de cinco maestros y un dentista. En apenas unos minutos, cruzaron el Paraná desde Bravo 1, puerto de la represa Yacyretá situado justo enfrente del puerto de la isla correntina. Ellos, personal médico y docente, son unos de los pocos autorizados para tomar este otro camino, un atajo que, de todas maneras, cuenta con sus propias dificultades: quien circule por la represa deberá hacer el trámite de migraciones ante Gendarmería Nacional para poder dejar suelo argentino y entrar a territorio binacional, luego cruzar aguas paraguayas, y así poder llegar, nuevamente, a suelo argentino.

Viajen desde Yacyretá o Ituzaingó, sean funcionarios, docentes, médicos o simplemente isleños, a nadie le resulta sencillo entrar o salir de Apipé, una isla correntina situada en el río Paraná, de 40 kilómetros de largo y 20 de ancho donde, según el último censo, viven 1779 personas y que a partir de 1982 quedó rodeada por aguas paraguayas (ver aparte). (El suelo es argentino; las aguas, paraguayas).

Aunque ésa no es la única particularidad que la caracteriza: la isla está a apenas unos 1500 metros de Yacyretá -represa que abastece el 15% de la demanda de electricidad en la Argentina-, pero hasta febrero del año pasado, no contaba con luz eléctrica. Hoy sólo la zona este de la isla, conocida como Colonia San Antonio, cuenta con ese privilegio. Para el resto de la isla, sólo existe una reciente promesa del gobernador de Corrientes Ricardo Colombi.

Edit Martínez, maestra de primaria en San Antonio, cuenta que, en busca de tranquilidad, dejó las escuelas grandes de Corrientes capital hace seis años para instalarse junto con su marido jubilado en la isla donde, según dice, encontró un "paraíso".

Sentada en la puerta de su casa, enfrente de la plaza del pueblo, Edit habla de las dificultades de contar casi exclusivamente con la denominada "lancha pasajera" que sólo funciona dos veces al día los lunes, miércoles y viernes. "A fin de mes, cuando hay que ir a cobrar a Ituzaingó se hace imposible. Uno tiene que preparar el viaje con 48 horas de anticipación e ir a hacer la cola a las tres de la mañana. Hay veces que hasta 70 personas se quedan sin poder viajar", dice.

Para Rubén Rodríguez, maestro de 35 años, que vive en la isla con su familia desde hace cuatro, otro problema que se suma a las lanchas de pasajeros es que no siempre tienen regularidad: si hay mucho viento o niebla, se torna imposible recorrer los cerca de 20 kilómetros que separan el puerto San Antonio de Ituzaingó, y la única vía posible que queda es el puerto de Yacyretá. "Si surge algún imprevisto de cualquier tipo y no coinciden los horarios con la lancha pasajera, yo soy el único de mi familia autorizado para ir por Bravo 1, porque mi señora y mi hijo no son docentes", dice.

Desde principios de este año, a diferencia de los anteriores en que sólo debían tramitar un permiso ante el Ente Binacional Yacyretá (EBY) denominado "pasavante", los autorizados a cruzar por la represa deben tramitar ahora un permiso ante la oficina de Migraciones de Ituzaingó y acreditar su nacionalidad cada vez que entran y salen de la isla. Así lo explica a La Nacion Ernesto Fridrich, un dentista de 30 años, luego de bajarse de la lancha de la Prefectura Naval Argentina que lo acaba de cruzar a la isla.

"Mucho no lo entiendo, yo no llego a cruzar a Paraguay, de última entro en territorio mixto. Ahora la Gendarmería anota el nombre y apellido, el documento, y de tenerlo, la patente del auto. Pero lo loco es esto: si vengo de Yacyretá y se me ocurre volver por Ituzaingó, se toma como que salí del país y nunca volví a entrar", dice, mientras se adentra por los apacibles caminos de tierra donde apenas circulan algunos isleños a caballo, y unas pocas motos y autos.

En diálogo telefónico con La Nacion, Marta Aguirre, responsable de la oficina de Migraciones de Ituzaingó, explica que la represa Yacyretá no es un paso liberado y que, al ser una frontera, deben hacerse migraciones.

"Sábados, domingos y feriados el paso es libre y es la EBY quien autoriza el paso. Pero de lunes a viernes se debe acreditar la nacionalidad, un trámite que dura segundos. Ellos salen del territorio argentino, porque nuestra soberanía llega hasta antes de las turbinas, y luego es jurisdicción paraguaya. Además el paso para la educación y la salud está garantizado", asegura.

Víctor Cáceres, maestro que viajó junto al dentista en la lancha de Prefectura, opina que el trámite diario es más un curioso formalismo que algo engorroso. A unos metros, en el playón de la escuela primaria de San Antonio, los alumnos hacen fila y toman distancia antes de ingresar en el establecimiento educativo. Ya izadas, flamean en lo alto dos banderas argentinas.
Fernando Massa
LA NACION

03/07/11
LA NACION

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio