Entre el limbo y el infierno

Si no fuera porque años atrás una comisión de teólogos del Vaticano abolió el limbo, hoy bien podría decirse por analogía que la pesca en la Argentina está en una especie de limbo terrenal.

Si no fuera porque años atrás una comisión de teólogos del Vaticano abolió el limbo, hoy bien podría decirse por analogía que la pesca en la Argentina está en una especie de limbo terrenal.

Recordemos que el limbo era para los católicos el lugar adonde iban las almas de los niños que morían sin haber cometido pecados pero antes de recibir el sacramento del bautismo que los libera del pecado original. Un sitio sin tormentos pero alejado de Dios.

La Real Academia Española (RAE) da cuenta de otros significados del término limbo entre ellos: Lugar o seno donde, según la Biblia, estaban detenidas las almas de los santos y patriarcas antiguos esperando la redención del género humano. También según la RAE la expresión “estar en el limbo” para referirse a “estar distraído y como alelado” o a “Ignorar los entresijos de un asunto que le afecta”.

El panorama que en estos días se vive en la pesca tiene muchas similitudes con la idea de limbo.

Por una parte la profundización de los conflictos gremiales del personal embarcado que afronta el INDEP ha paralizado su actividad de investigaciones en el mar. Así, las campañas que ya debían estar iniciadas de calamar y langostino, se encuentran canceladas o al menos suspendidas. La evaluación de merluza quedó por la mitad, con personal trabajando a reglamento y con una reducción significativa de la cantidad de lances previstos. Si los datos no existen o si su certeza es dudosa, los informes de evaluación sobre el estado biológico de los principales recursos bien podrían ir a un limbo estadístico que haga imposible saber qué distancia nos separa del cielo o del infierno.

Las cámaras empresarias, que desde mitad del año pasado advirtieron sobre la necesidad de tomar medidas que devuelvan algo de la competitividad perdida por el desfasaje entre los incesantes aumentos de los costos de producción y la fuerte baja de los precios internacionales, aún aguardan, esperan o también podría decirse que permanecen en el limbo porque la comprensión que recibieron no se ha traducido, hasta el momento, en medidas concretas para revertir la crisis.

En estos días e impulsadas por un verdadero estado de necesidad y antes que la situación financiera de torne insostenible por los compromisos asumidos los poteros decidieron zarpar con “mar de fondo y rumbo de colisión” como claramente definen su destino las principales agrupaciones empresarias.

Con mucho esfuerzo otras empresas buscan denodadamente salidas que les permitan capear la crisis con los menores costos sociales. Mientras esperan detenidas en una suerte de limbo bíblico las medidas prometidas que las alejen de la antesala del infierno, lo que terrenalmente implicaría cerrar sus puertas.

Algunos gremios también parecen estar dentro de ese espacio intangible que es el limbo, por su arrogante actitud de pretender ignorar la gravedad de la situación que los rodea. Mientras otros, responsablemente, se muestran dispuestos a postergar sus reivindicaciones salariales o de mejoras en las condiciones laborales, los primeros, inflexibles y mezquinos, solo atinan a reclamar que cualquier ayuda o sacrificio fiscal que se logre para mejorar la actividad debe ir directamente a sus bolsillos.

Por último, también las autoridades deberían recordar que el limbo ya no existe pero que el infierno puede tener nueve círculos como lo describe “La Divina Comedia” del Dante o ser un lugar donde se purgan los pecados como lo afirma el actual papa Benedicto XVI, en cualquiera de los casos parecería prudente hacer lo necesario para lograr la redención de la actividad pesquera.

03/03/08
PESCA & PUERTOS

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