En el delta entrerriano se cuentan por miles los vacunos muertos en el agua y en los caminos.
En el delta entrerriano se cuentan por miles los vacunos muertos en el agua y en los caminos.
LAS CUEVAS, Entre Ríos.- La mortandad de terneros y vacas en las islas del Paraná crece en cada jornada, y los ribereños más optimistas estiman en este paraje, 80 kilómetros al sur de la ciudad de Paraná, que se perderán miles de animales y millones de pesos. La situación se tornó angustiante, y la falta de planes de evacuación masiva cuando la creciente se anunciaba y era conocida la superpoblación de vacunos en las islas por el avance sojero no tuvo explicación aún en las oficinas de Gobierno.
El río empezó a estacionarse esta semana. Sin embargo, la ausencia de barcazas suficientes obligó a los puesteros a salvar rodeos a nado, con suerte dispar: los animales más chicos y débiles no resistieron y fueron arrastrados por el agua. Las islas contaban con más de 500.000 cabezas y la mayor parte salió por arreo, pero quedan decenas de miles todavía sin rescatar y sin posibilidades ya de salir de otro modo que no sea en barco.
En la zona no se hallan superficies dispuestas para albergar la masa de vacunos que pastan en las banquinas, algunos propietarios piden hasta 30 pesos por cabeza por mes por el arrendamiento, y hay caminos vecinales que muestran los efectos de la inundación por medio del olor nauseabundo de los cadáveres, convertidos ya en focos de infección. Las orillas deparan escenas de arrojo en los jinetes, y actitudes asombrosas en niños de 10 y 11 años que ayudan a sus padres con las tropas, cabalgando en el agua.
Con un fondo de resoplidos, porque un puestero ha lanzado al río una tropilla, los vecinos ofrecen testimonios que erizan la piel. Algunos isleros debieron abandonar animales chicos que no seguían el ritmo de los grandes, y lamentan que después de largas travesías, ya en tierra firme, muchos "pasados de hambre" comieron pastos que no son comunes en las islas y se envenenaron.
"Acá lo que los mata es el duraznillo, les entra una fiebre y se quedan", dijo el arriero Juan Aranda, y mostró con su compañero Manuel Segale unos 20 animales tirados en la banquina, víctimas del cansancio y las hierbas propias de campos altos.
Epopeya de los arrieros
"Esto es un desastre, tiene que ver lo que ocurre en las islas. A mí se me ahogaron, fácil, 20 de los 80 animales que tenía", dijo el arrendatario Miguel Gómez, mientras cuidaba algunas vacas de cría que logró rescatar por arreo, a la vera de la ruta provincial 11. "Mis vacas ya estaban acosadas por el agua, los animales empiezan a hacer un remolino y se fondean entre ellos", describió y se lamentó de que no hubiera barcos preparados para el rescate. "Ahora no consigo campo. Esto está repleto de soja", señaló a su alrededor.
Como Gómez, muchos vecinos optaron por "azotar" -cruzar el río- la hacienda en los riachos interiores del delta. Los puesteros Andrés José González y su hijo Javier José participaron con otros 13 peones de un arreo de tres días, a fuerza de caballo y canoa, desde las costas del riacho Paranacito hasta Las Cuevas, a lo largo de más de 10 kilómetros, para salvar 600 cabezas.
"Hicimos diez azotes y quedaron muchas en el camino, esto va a ser un cementerio", dijo Andrés, con sus piernas hinchadas de moretones sobre las alpargatas, por las picaduras de pelotones de hormigas que también buscan salvarse a su modo de la creciente. "Es un crimen, usted va a salvar un novillo y le empieza a patalear el otro allá", graficó Javier González.
Diferencias y quejas
Los ganaderos reconocen que cuando acudieron a los barcos de la zona "estaban rotos", y afirman que una barcaza dispuesta por el Ejército para las evacuaciones "llegó tarde", y si bien carga 400 cabezas por viaje, realiza uno solo por jornada.
Carlos Andrés Chávez es un pequeño empresario del paraje Costa Grande y junto a otros 17 arrendatarios tiene 1600 cabezas en la isla La Miseria. "Se nos están ahogando y no hay barcos. Ya se nos murieron más de 150", dijo con resignación. "La Prefectura pone 20.000 problemas para traer un barco, y no anda una sola lancha para ver si los isleños necesitan una mano. A esa barcaza del Ejército la manejan los [ganaderos] grandes, nosotros ´el pirinchaje , tenemos que morirnos con vacas y todo", se enojó.
Jóvenes y ancianos, mujeres y niños, nadie habla de otra cosa y todos saben de la mortandad. "Allá en Rincón del Doll ayer vi 250 animales muertos, fui con unos compradores, los compraron así, sin CUIT, nada", aportó el vecino Antonio Crespín Maldonado y vecinos de Puerto Ruiz, más al Sur, afirman que un propietario perdió 100 ejemplares en la desembocadura de un arroyo.
Por Daniel Tirso Fiorotto
Para LA NACION
15/03/07
LA NACION

