La Comisión Ballenera Internacional (CBI) fue en su momento organizada en el marco de la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas, de 1946.
La Comisión Ballenera Internacional (CBI) fue en su momento organizada en el marco de la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas, de 1946.
Su propósito esencial es promover la conservación de estos cetáceos y ordenar la industria ballenera, de manera que actúe con prudencia y razonabilidad.
Para ello la CBI ha ido tomando medidas que limitan la caza, actividad suspendida en 1986 para evitar la extinción de algunas de las ballenas, pero que ahora no está paralizada totalmente. Paso a paso la CBI fue incorporando a su labor distintos temas, como la promoción de la actividad del avistaje de ballenas con fines turísticos y la designación de santuarios, el establecimiento de límites para la caza y la prohibición de la captura de crías y de hembras cuando están acompañadas por sus crías. A esto se suma la realización de importantes tareas de investigación en torno a la especie y a su hábitat. No es exagerado concluir, entonces, que gracias a ella todavía tenemos un número de ballenas que sugiere que no se extinguirán; esto es, no hemos depredado totalmente la especie como ciertamente ha sucedido con otras.
Los 88 Estados miembros de la CBI se reunieron una vez más hace pocas semanas en Portoroz, Eslovenia. Allí debatieron las derogaciones a la moratoria de la caza que habían sido pedidas por Japón y Groenlandia. Y, una vez más, la posibilidad de crear un nuevo santuario en el Atlántico Sur, iniciativa ésta que cuenta con el apoyo de nuestro país, Brasil, Uruguay y Sudáfrica.
Para que pueda ser aprobada, la propuesta del nuevo santuario requiere obtener el 75% de los votos, que aún no están disponibles. Ocurre que tan sólo se lograron los dos tercios, cantidad importante pero no suficiente, lamentablemente. Por ello, no se aprobó la creación del santuario solicitado pese a que cuarenta países votaron a favor de la iniciativa, sólo 18 en contra y dos se abstuvieron. Habrá que seguir trabajando. Pese a que hay ya dos santuarios -uno en el océano Índico y otro en el Austral- el adicional es necesario. Los grandes opositores son Japón, Rusia, Islandia y Noruega.
El año pasado se cazaron (mataron) nada menos que 1.645 ballenas; cuatro y media por día, incluyendo feriados, sábados y domingos. Los responsables centrales son los cuatro países antes mencionados, sumados (aunque en una menor escala) a Groenlandia, San Vicente y las Islas Granadinas. Los tres últimos países, cabe aclarar, cazan sólo para alimentar a algunas de sus comunidades, que tradicionalmente incorporan a su dieta la carne de estos cetáceos.
Noruega sola cazó el año pasado 594 ballenas, transformándose así en el primer depredador de ballenas del mundo entero.
Japón en los últimos tiempos disfrazó constantemente la caza de ballenas de actividad presuntamente científica. La propia Corte Internacional de Justicia lo acaba de desenmascarar y desmentir, calificando el actuar de los japoneses de lo que efectivamente es: una actividad comercial.
Por todo ello, no sorprende que la CBI acabe de aumentar los requerimientos para que la caza de ballenas pueda ser entendida como formando parte de investigaciones realmente científicas.
Japón, no obstante, sigue tenazmente intentando aumentar su cacería. Este año trató, sin éxito, que se le permitiera cazar a lo largo de sus costas, lo que fue rechazado en la CBI.
Las especies más amenazadas -la ballena franca del noroeste del Atlántico, la gris del Pacífico noroeste y la azul, la más grande de todas- siguen estando protegidas, aunque no todo lo que se podría.
El rechazo a la iniciativa del santuario en el Atlántico Sur duele. Y es equivocado. Por esto, es cierto, decepciona. Pero no debe hacernos bajar los brazos. Como en tantas cosas, también en esto la lucha continúa. EMILIO J. CÁRDENAS (*) (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas. (Río Negro.com.ar)
13/10/14

